En cuanto me vi sólo dentro de mi auto, dejé caer la cabeza hacia atrás. ¿Cómo había podido ser tan imbécil? Mira que casi besarla en el ascensor había sido un paso bastante idiota de mi parte. Ni siquiera sabía en lo que estaba pensando. ¿Tan mal me tenía esa mujer, que con una simple mirada a sus labios, ya me tenía a su disposición? Me daba vergüenza. Idiota, idiota, idiota. ¿Y el pequeño? j***r. j***r con el pequeño. Estaba tan alucinado, que creí ver mi color de ojos en los suyos. Já. Debía estar alucinando. Sin embargo, ese pensamiento no me abandonó desde que saqué mi auto del parking, hasta llegar a mi casa. No tenía deseos de trabajar, por lo que simplemente, me daría el día. Era curioso, pero de sólo pensar en ellos dos, me sentía más sólo que nunca. Incluso más solo qu

