—La comida ya está lista —informó Miguel asomando la cabeza por la puerta corrediza que daba al patio. Agradecí con una pequeña sonrisa mientras me paraba para seguirlo a donde estaría el resto de su familia. Al entrar al comedor sólo se encontraba María acomodando todos los platillos favoritos de su hijo. A simple vista todo se miraba exquisito, que se me hacía agua la boca que no pude evitar esperar a los demás y tomé un plato para servirme. Recorrí con la mirada el lugar esperando que Cédric apareciera pronto, porque a pesar de que se fue a duchar con muy mala cara, su simple presencia me daría la tranquilidad para estar en la misma habitación que su madre. Para mi buena suerte (nótese el sarcasmo) de todas las personas que esperaba María se acercó a mí y en voz baja dijo: —Te ofr

