Los Ferreira y yo nos dirigimos al salón dónde se llevaría a cabo la cena de celebración y donde el resto de las familias esperaban a los campeones tomando alguna copa de vino o cerveza. En un ambiente agradable en donde todo era felicidad y alegría, los jugadores aparecieron, frescos y duchados por la puerta principal. Vestían su uniforme deportivo y alguno que otro llevaba gorra, como el caso de Cédric que la llevaba al revés y a quien nunca había visto con una y que el estilo relajado le sentaba bien. El lugar era una danza de personas yendo y viniendo, los jugadores saludaban con más calma a sus conocidos, amigos y familiares, antes de tomar asiento en sus respectivas mesas, las cuales estaban señaladas con su número y apellido. Después de unos minutos, tras saludar a Laura y la

