Con el ajetreo de los últimos días casi había olvidado que Cédric ya estaba de vacaciones, y que tenía seis semanas antes de volver con el equipo e iniciar su pretemporada. Hace un par de días me preguntó a dónde quería ir de vacaciones, a lo que le respondí que no estaba segura, que solo quería huir del lluvioso y triste Manchester. Mi respuesta había sido la misma que cuando preguntaban ¿qué quieres de comer? Y respondías: no sé, lo que sea. En pocas palabras, una respuesta inútil que por suerte el portugués tenía resuelta. Mi falta de creatividad, y la melancolía del jugador por volver a su ciudad natal tenía camino a su casa en Portugal. Cédric tenía su mano sobre la mía mientras conducía por las calles de Lisboa contándome cada recuerdo e historia que guardaban aquellos rincones, el

