Se estacionó frente al hotel y antes de que pudiera decir algo se bajó del auto para abrirme la puerta.
—Deja que te acompañe a tu habitación —Indicó.
Asentí y caminé a la entrada con Cédric caminando un par de pasos por detrás como si fuera mi guardaespaldas. Me hacía sentir importante, todo el mundo nos observaba con curiosidad en nuestra caminata al elevador. No sabía si las miradas curiosas eran porque lo reconocían, porque era guapo o por si yo tenía algo en la cara. Me ajuste el gorro y me pasé la mano por la boca con discreción para eliminar cualquier mancha, en caso de que la hubiera.
Entramos en el elevador, esperando en silencio a que se detuviera en la tercera planta. La caja de acero era pequeña, y podía sentir el calor que Cédric emanaba a un par de centímetros de mí, me urgía que las puertas se abrieran porque su cálido cuerpo y su aroma me estaban apendejando.
Tan pronto se abrieron caminé a paso rápido hasta el final del pasillo donde estaba mi habitación. Con él a mi lado no había prestado atención a que el hotel estaba un poco descuidado, las paredes del pasillo tenían un par de manchas de humedad y les faltaban un nueva pintada. Las puertas ya estaban un poco maltratadas y la decoración era anticuada.
Me paré frente a la puerta colocando la tarjeta en el escáner para que la puerta se abriera, pero esto no sucedió. Lo intenté un par de veces pero la luz roja no cambiaba a verde.
—¿Qué demonios? —Me quejé en voz baja para que mi acompañante no escuchará, aun así a mi espalda sentía como cambiaba el peso de su cuerpo de un lado a otro en desesperación.
—Señorita, ¿es usted Olivia Green? —interrumpió una chica con el uniforme de las mucamas. Asentí con la cabeza ante su pregunta—. Siento decírselo pero sus cosas ya no están en esa habitación. Mi supervisor me ha pedido que si la veía llegar le dijera que pase a recepción —me indicó y siguió con su camino empujando el carrito de la limpieza.
Me di la vuelta y con la mirada le hice entender a Cédric que no sabía lo que estaba pasando. Todo era muy extraño. Sin preguntar, me dedicó una sonrisa reconfortante y me siguió una vez más hasta el elevador.
Los tres pisos de regreso a recepción iba conteniendo mi enojo, cómo había sido posible que sacaran las cosas de mi habitación si mi estancia a un no terminaba. Que poco ético de este hotel, si pensaba dejar cinco estrellas en la valoración ahora iba a dejar menos una estrella. Al llegar al mostrador de recepción me di a notar.
—Hola, soy Olivia Green y tengo la habitación 248, pero no he podido abrirla. Una señorita de la limpieza me ha dicho que aquí me podrían dar una explicación ¿sabe que es lo que pasa? —pregunté al hombre de mediana edad que estaba detrás del mostrador.
—Señorita Green la estábamos esperando... —dijo en un tono de voz fingido—, lamentamos informarle que tuvimos que retirar sus cosas de la habitación dado que no la desocupó a tiempo y estaban por entrar nuestros nuevos huéspedes. Pero tenemos sus cosas guardadas, se las entregaremos en un momento —cogió el teléfono para hacer una llamada.
—¡Espera, qué!— pregunté sorprendido, esto debía ser una broma—. ¿Cómo que se han llevado mis cosas, pero aún falta un día para que termine mi estancia? —elevé mi voz molesta. Los cartuchos para mantener la calma se estaban agotando.
—Se esperaba que salieras hoy domingo a mediodía —miró el reloj— y son más de las seis.
—¡Mierda! —maldije, olvidé que era domingo y había perdido la noción del tiempo. El plan siempre fue volver a Londres por la tarde, sin embargo los cambios de último momento no estaban contemplados.
El universo se estaba riendo de mi en mi cara. Ahora era yo la que nos estaba haciendo pasar vergüenzas. Eso me pasaba por haberme burlado del portugués.
—¿Está todo bien? —habló una voz masculina detrás de mí, olvidé que Cédric seguía conmigo.
—Sólo un malentendido —Volteé a verlo con una sonrisa fingida y decirle que tenía todo bajo control para evitar que se metiera en el problema, sin embargo, el chico me ignoró y se dirigió al hombre tras el mostrador.
—¿Puede devolverle su habitación o alguna otra? —peguntó serio. La cara del hombre pasó de aburrimiento a sorpresa, su humor cambió drásticamente y los ojos casi se le salían al ver al central del Manchester City. Esa reacción era la que quería evitar, quería resolver el malentendido por mi cuenta y no por la persona que me acompañaba.
—Se-señor Ferreira qu-que placer tenerle aquí... —tartamudeó nervioso. No esperaba la presencia del futbolista, y yo tampoco esperaría encontrarme a alguien como él en un hotel como este.
—¿Puede darle una habitación sí o no? —insistió molesto. Me sorprendí de su reacción, se miraba como una persona tranquila que parecía difícil hacerlo perder los estribos aun cuando su rostro y aquella barba lo hicieran ver más severo de lo que era. Al parecer estaba equivocada, porque Cédric tenía su carácter.
El hombre negó con la cabeza—: Lo siento no será posible, estamos llenos.
—Bien, traiga sus cosas. Nos vamos —El hombre asintió—, y que sea rápido, por favor —Tomó el teléfono con manos temblorosas e hizo una llamada.
—¿Qué estás haciendo? —le dije entre dientes a Cédric— ¿Dónde voy a pasar la noche? —inquirí preocupada. Ya era muy tarde como para tomar un tren de regreso, no me gustaba andar por las calles de Londres de noche.
—En mi casa —informó, tranquilo.