Capítulo 26

1660 Palabras

Era viernes y el único pendiente que tenía era averiguar el final de la serie que había dejado incompleta la noche anterior. Con ojeras y el rostro hinchado por las pocas horas de sueño y tal vez unas cuantas lágrimas me levanté refunfuñando de mi cama. ¿La razón? Tenía hambre. El estómago me rugía tan fuerte que parecía que había un leon dentro de mi. Abrí el gabinete blanco donde guardábamos los pocos platos que teníamos y después tomé la caja de cereal que Giselle había dejado en la barra de la cocina. En nuestra pequeña cocina todo estaba al alcancé de la mano. En el lateral se encontraba el lavabo, un paso a la derecha y tenías la estufa, dos a la izquierda y llegabas al refrigerador. Tener una cocina un poco reducida hacía que comer fuera más rápido, al no batallar buscando cosas.

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