Después de entrar y salir a un par de tiendas más, de ponerme y quitarme ropa para recibir la aprobación de la modelo sentía que me desmayaba del hambre. El dolor de cabeza, y mi estómago rugiendo era algo que no podía ignorar, sentía que en cualquier momento me desmayaba. —¿Qué te parece si terminamos por hoy y vamos a comer? —pregunté, pero Natalia no me siguió el juego— Muero de hambre —insistí. —Está bien —soltó un bufido. Para Natalia entrar a más de la mitad del centro comercial y llevar las manos llenas de bolsas no había sido suficiente. ¿Era que esta mujer no se cansaba? Ya pasaban de las cinco, aún no habíamos comido ni una galleta y apenas y podía con mi alma. Mis piernas me pesaban y me ardía el estómago junto con la boca seca de la sed. Seguimos caminando un par de minut

