Quedé bastante confundida con la no confesión de Aspen después de que él se fue. ¿A qué se refería con que yo debía querer mucho a Mateo como para aceptar lo que él estaba haciendo? ¿Qué se suponía que estaba haciendo mi novio? Había miles de pensamientos en mi cabeza, sin embargo, ninguno de ellos llegaba a alguna parte. Las palabras de Aspen habían sido tan ambiguas que yo las podía interpretar de cualquier manera.
Solté un suspiro y me detuve en el centro del hall mirando alrededor. No sabía qué camino tomar para llegar al laboratorio y como no me diera prisa, terminaría perdiendo mi oportunidad de ver a Mateo.
Caminé tan rápido como mis piernas me lo permitieron por el corredor mientras miraba en diferentes direcciones buscando algún letrero que indicara dónde estaba el laboratorio o algo, hasta que mi rostro quedó aplastado contra el pecho de alguien. El choque imprevisto me hizo retroceder algunos pasos.
Miré hacia el frente, encontrándome con un chico rubio, sus ojos azules como dos medialunas detrás de sus anteojos mientras sonreía. Intenté hablar, pero él se me adelantó.
—¿Estás perdido? —me preguntó.
Mi cabeza giró hacia atrás, viendo si él le estaba hablando a alguien más. Había más chicos a nuestro alrededor, pero ellos estaban envueltos en sus propios asuntos. Era obvio que él me estaba hablando a mí.
—Uh, sí —murmuré. Pellizqué el lóbulo de mi oreja, algo que siempre hacía cuando estaba nerviosa—. ¿Este es el camino que me llevará al laboratorio?
—Estás más perdido de lo que pensaba. Este camino te llevará al área de fumadores.
—¿Área de fumadores? —repetí— Pensé que no se podía fumar aquí.
Él ríe suavemente —Es un viejo patio donde todos los chicos se reúnen a fumar después de un examen. El director lo sabe, pero prefiere fingir que no tiene idea. ¿Quieres que te acompañe al laboratorio?
Quise negarme, pero sus ojos lucían tan amables y él olía tan bien.
—Me encantaría… —murmuré y al darme cuenta de que mi voz sonó como la voz de una chica tosí con fuerza—, quiero decir… te lo agradecería
Él hizo un suave movimiento con su cabeza para indicarme que comenzara a caminar con él y así lo hice. Metí las manos en los bolsillos del blazer y miré al chico que iba a mi lado.
—¿Cómo te llamas? —me atreví a preguntar.
—Sebastien. ¿Tú cómo te llamas?
—Rude Laken —respondí más rápido de lo que debería y volví a tirar del lóbulo de mi oreja. Estaba tan nerviosa que las palabras eran escupidas dentro de mi boca como un mal monólogo aprendido.
—¿Aspen accedió a compartir su habitación después de dos años? —cuestionó y yo lo miré sorprendida— En este colegio no se mueve una hoja sin que todos los chicos se enteren, ya te acostumbrarás.
Quise indagar más con respecto a su pregunta, pero me estaba acostumbrado a esta nueva realidad y no quería terminar cagándola. Era difícil para mí actuar como un chico con naturalidad porque, bueno…, yo no era un estúpido chico.
—¿Llevas mucho tiempo estudiando aquí? —pregunté, cambiando de tema.
—Tres largos años —él respondió. Sebastien empujó una de las grandes puertas que conectaban los pasillos y pasó. Copié su acción y él soltó la puerta—. Toda mi familia ha estudiado en este internado y no tuve otra alternativa.
Asentí, escuchando lo que él me decía, pero sin saber qué decirle exactamente. Fue entonces que ambos fuimos envueltos por un silencio incómodo o quizás fui yo quien lo sintió de esa manera.
—¿Conoces a Mateo Novačić? —pregunté de sopetón. La verdad es que quería terminar esto pronto y mientras más rápido, mejor.
—¿Quién no conoce a Mateo en este colegio? —él rio como si fuera alguna clase de broma interna entre los chicos de esta escuela.
—¿Y cómo es él? ¿Es agradable?
Sebastien me miró de soslayo y para mi sorpresa, él se tardó bastante en responder. Era como si estuviera evaluando las distintas posibilidades de que yo fuera corriendo a decirle a Mateo lo que él había dicho.
—Prometo que no se lo diré a nadie —intenté convencerlo. Por acto reflejo, llevé mi mano a su brazo para hacer énfasis en mis palabras, pero cuando me di cuenta de lo que había hecho, aparté mi mano y me crucé de brazos—. Seré una tumba.
—Bueno… —comenzó, un poco dudoso—, yo no diría que ‘agradable’ es una cualidad que define cien por ciento a Mateo. Más bien diría que es… tolerable.
Las alarmas se activaron dentro de mi cerebro y empezaron a sonar las sirenas de precaución. Sebastien hablaba de mi novio como si no fuera santo de su devoción y aun así cuidaba mucho sus palabras.
—¿No te cae bien? —pregunté, pareciendo desinteresado y cuando vi la duda en su rostro, agregué— Mateo es el novio de una amiga de mi hermana y a mí no me agrada mucho. Él es demasiado bueno para ser verdad.
Sus ojos azules se ampliaron, la sorpresa ante la mención que Mateo tenía novia no se lo esperaba. Sebastien se detuvo fuera de una puerta y de soslayo pude ver que en el letrero se leía la palabra ‘Laboratorio’.
El muchacho estaba a punto de responder, cuando la puerta fue abierta de manera abrupta revelando el rostro de un chico al que yo no conocía y segundos después, detrás de él, apareció Mateo. El cabello rizado de mi novio estaba un poco alborotado, sus mejillas levemente rosadas y tenía los labios hinchados.
¿Qué demonios estaba sucediendo ahí adentro?
Me quedé de piedra y cuando los ojos de Mateo se posaron en mí, sentí como si todo el mundo se detuviera. Él estrechó los ojos en mi dirección, percatándose de ciertos rasgos ya conocidos en mi rostro, pero no dijo nada al respecto porque el otro chico saludó a Sebastien, capturando así la atención de Mateo.
—¿Buscabas algo?
—Para nada, Louis —respondió Sebastien, de forma amable—. Solo le estaba enseñando el lugar a nuestro nuevo compañero.
Los ojos de Louis se posaron en mí y él me sonrió, no obstante, sentí que su sonrisa no era natural. Había algo en ese chico que no me gustaba.