Carlos

1275 Palabras
—Adriana y yo nos conocimos cuando teníamos 6 años, sus verdaderos padres se mudaron cerca de mi casa y los invitamos para mi cumpleaños como bienvenida de sus vecinos. Ese día, estaba rodeado de muchos amigos de la escuela, pero a ninguno les prestaba atención como a ella, me había enamorado a primera vista, aun siendo un niño. Conversábamos cosas de pequeños, jugábamos a las escondidas, y otras cosas hasta lo que terminó mi cumpleaños. Mis padres y los suyos notaron lo feliz que éramos, por lo que no tuvieron problema en que pasáramos juntos todos los días, sea en mi casa o la de ella. —¿Estudiaron juntos en la primaria? —No, pero su escuela quedaba cerca de la mía, así que compartíamos el camino de regreso junto a nuestros padres. Todos los años era la misma rutina; compartíamos el camino de regreso, yo la invitaba a mi casa y ella a la suya hasta que pasaron 5 años. —¿Qué ocurrió? —Teníamos once años cuando su madre falleció, mis padres nunca me dijeron el porqué, aún era pequeño para esas cosas, pero desde ese día todo cambió. —Ella me mencionó que su padre era un adicto y que le debía dinero a Jaime. —Así es, mis padres nunca notaron que el señor Alfred tenía problemas de adicción. Desde ese momento me prohibieron toda relación con ellos incluyendo a Adriana, quien prácticamente pasaba más donde su tía desde mucho antes del accidente; incluso la habían cambiado de escuela, la extrañaba todos los días. Adriana se había convertido en mi única amiga. Pasaron los meses y nunca más supe de ella y por más que les preguntaba a mis padres, no supieron darme alguna razón. Luego entendí, cómo ellos podrían explicarle a su pequeño hijo que su mejor amiga había sido secuestrada por un narcotraficante y violador. —¿Cuándo te enteraste? —Cuando cumplimos los 17 años. —Espera…. eso fue… —miró atónito a Carlos por lo que había descubierto. —…luego del robo —hizo una pausa—. Había pasado seis años buscándola; preguntándole a mis padres, pero nunca obtuve respuesta hasta que lo oí en las noticias. y ahí fue cuando pude verla de nuevo. —¿Fue así también como empezaste a trabajar con Luis? —Sí, Luis y mi padre fueron policías honorables y muy cercanos. No fue tan difícil de convencerlo de que mis padres se quedaran con la custodia de Adriana. Ella no tenía a nadie y su tía no contaba con el dinero suficiente. —¿A nadie más? Pero, y ¿su padre? Y ¿qué hay de la amante de él? Ella me había mencionado que trabajando para Jaime, protegería a su familia. —Alfred —dijo su nombre con ira—. Ese bastardo murió en las mismas condiciones que Elena, la madre de Adriana. ¿Ella no te mencionó de una deuda que faltaba por soldar? —Sí, lo hizo. —En ese entonces nunca se supo, pero luego del robo descubrimos que fue Jaime quién mandó a matar a Alfred, y a su amante, Anastasia. No podía quedar testigos, porque lo pondría en peligro. —¿Así que Adriana tuvo que pasar por todo esto en vano? —Así es, Jaime de todas formas los mató. Por eso viste las fotos de ella y de él junto a otros hombres. Jaime la obligaba prostituirse porque la tenía engañada de que con eso podría saldar los diez mil dólares que debía su padre, y luego regresaría con él. —¡Porqué ella! ¡Porqué! —Alex golpeó la mesa de vidrio con fuerzas, pero sin romperla. —Entiendo tu frustración, fue la misma que yo tuve, fue la misma que ella tuvo cuando se enteró de toda la verdad —prosiguió—. Cuando fue procesada, se llegó a un acuerdo con ella, nos daría los nombres de todas las personas que participaron en el asalto a cambio de su libertad condicional. Ella solo fue una víctima que por ser menor de edad solo obedecía las órdenes de un adulto, sin embargo, no podíamos dejar a un lado el hecho de que había participado y matado a un policía. —Ella nunca me contó de él. —Ella no recuerda muchas cosas de ese día. —¿Por qué? Ella no pasó por lo que yo pasé. —Tú tuviste pérdida de memoria parcial por culpa de las contusiones en tu cabeza, pero ella la tuvo de forma psicológica. —No te entiendo Carlos, podrías ser más específico. —El cerebro tiende a olvidar cualquier acontecimiento relacionado al dolor cuando éste es grave. Ella tuvo esta pérdida, porque negó la libertad condicional. —¿Por qué lo haría? Si ella sabía que era inocente. —Ella era consciente de eso, pero siempre se sintió culpable por el dolor que había provocado a la familia del policía, por lo que te había hecho pasar a ti, así que prefirió que cubriéramos tus gastos médicos, porque sabía que tus padres no podían, a cambio de que nos diera los nombres de los implicados. —No puede ser… —Alex agachó la mirada—. Lo que ella me dijo era verdad, siempre estuvo pendiente de mí luego del incidente. —Así es, pero hay más. —¿Qué?, ¿de qué hablas? —Hay una razón por la que ella desprecia a Luis, y que fue una de las razones por las que perdió su licencia, fue retirado del caso y estuvo en prisión por dos años. —¿Qué es? —Lo acusó de haberla torturado varias veces para que pudiera hablar, y las cámaras captaron cada detalle que ella dijo. Desgraciadamente, Luis en ese tiempo recibió una noticia que le afectó demasiado y que le hizo perder los estribos, y, para mala suerte de todos, nadie notó su conducta errática. Él solía amarrarla a una silla obligándola a hablar, pero no sirvió de nada. —Ese infeliz de Luis fue quien le dejó las marcas en el cuello. —No, él no le ocasionó las marcas, ella ya tenía esas heridas cuando la atraparon. Nos confesó que fue Jaime, quien se las hizo cuando perdió el control con ella, no sabemos cómo sobrevivió, pero tuvo suerte de no morir. Una herida más incisa en el latero cervical que secciona la laringe, y la hubiese matado en menos de un minuto. —No quiero seguir oyendo, ni siquiera puedo soportar la idea de que la pude haber perdido y que no pude hacer nada para salvarla. —No te culpes Alex, yo tampoco fui capaz de salvarla. —Por eso ¿ella te llamó traidor? —No, no fue por eso. Por la frustración que tuve contra Luis, contra mis padres, y conmigo mismo, también la perdí a ella. Me cegué por completo y comencé a actuar como un idiota. Ambos vivíamos juntos en la casa de mis padres, y era mi deber cuidarla, sobre todo porque estaba bajo la protección de testigos, pero un día, ella me escuchó hablar por teléfono mientras hablaba con Luis sobre mi trabajo como policía encubierto, cuando lo noté, ella había cerrado la puerta de un solo golpe. La seguí y le imploré que me dejara explicarle, tuve que mentirle que no era Luis, que solo estaba conversando con un amigo. Ella se lo creyó porque confiaba ciegamente en mí, pero nunca maduré y dejé que todo me afectara, continuaba con mi papel encubierto, ella nunca lo supo hasta hace unos días. —Pero ¿seguían juntos? —Sí.
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