Incomodidad

1092 Palabras
—Si seguían juntos por qué… —Llegó el día en el que planeamos junto a Emmanuel su reencuentro, y no pude evitar sentir celos, mi comportamiento cambió, y eso afectó nuestra relación, creí que habíamos regresado porque ella sentía algo por mí, pero al final no quería sentirse sola. —Ella si te quería… —No lo suficiente como para no romper conmigo cuando te vio de nuevo. —No lo sabía… —Y aunque la quise siempre para mí, sabía que ella aún no te había superado. Creímos que, como se volvieron a encontrar, ella recordaría más sobre Jaime, pero no funcionó. —Y yo que creía que intentaban advertirme y todo este tiempo me estuvieron usando, ¡malditos imbéciles! —La biblioteca permaneció en silencio por unos segundos. —Dormiré, deberías hacer lo mismo —dijo Carlos tapándose con la sábana, ignorando el comportamiento de Alex. —¡Maldito! —maldijo Alex a Carlos—. Espero te sigas sintiendo culpable por todo lo que está pasando —Se acomodó bajo la colcha. —Solo espero que un día ella me perdone —susurró Carlos. —Lo hará, ella tiene un buen corazón —dijo Alex. —¿Qué se siente saber que tarde o temprano la perderías? —Carlos se volvió a sentar y miró fijamente a Alex. —Es un sentimiento profundo y agobiador que no te deja dormir tranquilo todos los días. Cada minuto que pasa tengo más recuerdos de nosotros, pero si sigo forzando mi memoria, temo que esta llegue a colapsar y luego no pueda recordar nada. —No hablaré con Luis de esta conversación, será extraoficial, pero necesito que intentes lo que más puedas —insistió Carlos. —Lo he intentado varias veces. —Te preguntaré y tendrás que ser honesto. —¿Ahora quieres ser mi amigo? —dijo sarcásticamente. —No es necesario que nos volvamos mejores amigos, pero ambos peleamos por una misma causa, salvarla. —¿Todo lo que hablaremos será extraoficial? —Sí, y ningún detalle debe considerarse irrelevante, tienes que decir todo lo que puedes recordar. —¿Qué vas a preguntar? —¿Tú fuiste su primera vez? —No sé a qué viene tu pregunta, y no tengo porque contestarla. —Respóndela. —Sí, ella también me lo dijo y lo disfruté cada segundo —dijo sin vergüenza. —Solo quería estar seguro de eso. —No sé cuáles son tus intenciones de llegar a este punto de la conversación, ¿intentas incomodarme? —Necesito más detalles de ese día. —No pienso continuar con esta conversación… —Eso fue antes o después de sus marcas en el cuello —lo interrumpió frenéticamente. —Fue antes. —¿Después de eso no volvieron a…? —No te daré más detalles al respecto. —Los necesito, pueden ser una pista que estamos omitiendo. —¿Qué más quieres saber? —La calentura del momento puede asemejarse a la calentura del alcohol, quizás te dijo algo referente a su casa, algún mínimo detalle. —Solo me contó sobre la historia del león, la escribió en un pedazo de papel y me pidió que se la repitiera, la ayudaba a calmarse, y debo admitir que los dos estábamos muy nerviosos. —Sé que es una pregunta estúpida, pero la ¿llegaste a guardar? —La había guardado, pero nunca más la encontré, de seguro se perdió o mis padres la botaron. —¿Recuerdas su contenido? —No con claridad, pero si recuerdo que era muy tétrica y nunca entendí como un padre podía contarle una historia así a su hija. —Debemos recordar que Jaime no es su verdadero padre. —Lo sé, pero en ese entonces lo era y vivía con él. —De eso estamos conscientes; necesito que recuerdes esa historia, puede que nos ayude en algo. —Lo tengo entendido. —Mañana será un día muy agotador. —Solo espero que siga con vida. —Jaime no sería capaz de matarla. —Esperemos siga siendo así. Ambos se acostaron y apagaron las luces, Carlos no pudo reconciliar el sueño, la voz de Adriana pidiendo ayuda lo atormentaba, mientras que Alex dormía plácidamente. Las horas pasaron y era las seis de la mañana cuando Carlos se giró y miró como dormía Alex, se levantó y se dirigió al comedor principal donde estaban Luis y Emmanuel desayunando. —Me temo que nuestro invitado estrella también se luce por dormir hasta tarde —dijo Luis refiriéndose a Alex. —Si lo presionas como lo hiciste con Adriana, no conseguiremos nada —aclaró Carlos. —¿Tú has podido conseguir algo? —dijo Emmanuel. —Sí, quizás la historia que Jaime le contaba siempre a Adriana esconda algún detalle sobre la casa en la que solían vivir. —Puede que tengas razón. Veo que has conseguido ganar su confianza muy rápidamente. —Es de corazón tierno e inocente, como Adriana. —Explicaría su gran química —dijo Emmanuel. —No es necesario decirlo en voz alta —dijo Carlos molesto. —Suficiente, por favor, Carlos siéntate con nosotros, pediré que traigan el desayuno. —No quiero sonar grosero señor Luis, recuerdo su cercanía con mi padre, pero su actitud es errática y muy fuera de lugar. —Admito que me he sobrepasado en estos últimos días, no te culpo, pero fue exactamente tu padre que me hizo recapacitar; siempre me pidieron que cuide de ti, eras muy pequeño para ellos cuando pasó todo lo de Adriana. —La encontraremos —dijo Emmanuel para calmar a Carlos. —Sería hipócrita de mi parte si le diera las gracias, pero también sería descortés si no dijera algo al respecto, así que solo diré que lo aprecio, y que espero que podamos trabajar juntos para recuperarla, tipos como Jaime deben pagar en la cárcel… —O ser quemado y morir —añadió Luis. Alex aún no despertaba del sueño pesado, por un momento creyeron que se había escapado. Luis pidió a Edison que revisara. Después de unos minutos regresó al comedor, notificando que todo estaba en perfecto orden, Alex seguía durmiendo. Carlos se levantó de su puesto y se dirigió a la biblioteca, se sentó donde había dormido la noche anterior y esperó hasta que Alex despertara. Mientras esperaba no podía evitar sentirse mal consigo mismo, creía que si yo fui secuestrada, fue porque nunca pudo protegerme como me lo merecía. Tantos esfuerzos tirados a la basura. Extrañaba a sus padres, pero el sentimiento que tenía por mí era aún mayor.
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