¿Hogar?

1222 Palabras
—Parece que tengo fans conmigo —dijo Alex bromeando. —No exactamente, pero necesitamos trabajar, no podemos perder más tiempo, cada segundo, cada minuto, cuenta. —¿Nadie es normal aquí? Nadie se preocupa por su salud. —No hay tiempo para eso. Ellos nos están esperando en el comedor, tomarás tu desayuno y luego nos alcanzas en la sala de estudio; está a mano derecha del comedor, Edison te resguardará —dijo Carlos ignorando la actitud de Alex. —Así que va en serio lo de los guardias. —Sí, nos vemos después. Carlos se retiró y se dirigió a la sala de estudio donde lo esperaban Luis y Emmanuel mientras que Alex se sacudía la ropa para dirigirse al comedor. Tal como le había dicho Carlos, lo esperaba un omelette bien preparado y jugo de mora servido en copa de vino en su puesto; no pudo evitar comerlo con rapidez, su hambre no cesaba, no después por lo que tuvo que pasar. Terminó su plato y se dirigió a Edison. —¿Dónde queda la sala de estudio? —Sígame señor es por aquí. —¿Tú serás mi guardaespaldas? —No, soy el guardaespaldas del señor Luis, él les presentará a sus nuevos compañeros en unos minutos. —¿Lleva mucho tiempo trabajando para él? —Sí, lo están esperando. —Gracias Edison. —Por fin nos va a acompañar, señor Alex —dijo sarcásticamente Luis —Empezaron la fiesta sin mí —respondió. —Nunca podré comprender este tipo de actitudes —dijo Carlos. —Ya que estamos todos reunidos, cada uno tendrá su propio guardaespalda, que estará con ustedes las veinticuatro horas del día, y todos los días de la semana, tanto Jaime como su equipo conoce de la participación de todos, y no dudará en atacar si bajamos la guardia. —¿Qué hay de Adriana? —preguntó Alex. —La recuperaremos, pero todo a su tiempo, debemos reunir todas las pruebas que tengamos a la mano; recuerdos, fotos, todo lo que pueda ayudarnos —enfatizó Luis—. ¿Alguien tiene algo que pueda ayudar? —No, jefe, y creo que será necesario que recojamos las pruebas viejas que quedaron en la comisaría —dijo Emmanuel. —La policía mandó a quemar la Unidad… —dijo Luis dejando a todos atónitos. —¿Por qué lo hicieron? —preguntó Alex molesto. —Para que no continuemos con el caso —respondió Luis. —Todo estaba en la antigua Unidad, y ahora el fuego lo consumió, no estoy seguro que podamos levantar algun indicio —dijo Carlos. —Podemos hacer el intento y dirigirnos en este momento —dijo Luis y todos aceptaron—. A la salida conocerán a sus nuevos guardaespaldas, y se dirigirán con ellos hasta la antigua Unidad. Salieron de la inmensa casa y cada uno se dirigió a un carro distinto. Alex subió con cautela al auto que le señalaron; un hombre vestido de n***o y de edad similar a la de él lo estaba esperando en el asiento del piloto. —Usted debe ser el joven Alex, soy Fabián, su nuevo guardaespaldas. —Que bien —dijo Alex. —Nos dirigiremos a la antigua Unidad, siéntase cómodo —dijo Fabián antes de arrancar. —Me está lastimando el brazo —me quejé ante la fuerza de Nathan sobre mí. —No puedo arriesgarme a que usted intente huir. —No tengo a donde ir. —Eso decían las demás mujeres y siempre encontraban la forma de cómo escapar, pero sin éxito. —¿Demás mujeres? No había caído en cuenta; Jaime seguía en el negocio, ¿a cuántas mujeres más habrá secuestrado? tuve miedo por unos segundos, volví a ver mi brazo y lo miré directamente a los ojos. Su mirada era oscura y fría, ¿acaso este hombre no tenía sentimientos? Me sonrió y sabía que era lo peor de las escorias, con razón trabajaba para Jaime. —Ya conoce la rutina, por favor, agáchese, no quiero colocarle una funda encima, sería una muy mala experiencia para el rencuentro de padre e hija. —¿Dónde planea que coloque mi cabeza? ¿sobre su regazo? —5…4… —¿Qué está haciendo? —pregunté confundida. —3…2… Que autoritario y pedante es, de mala gana accedí y coloqué mi cabeza sobre su regazo, no lo conocía y ya me encontraba en escenarios muy comprometedores. —Señorita Adriana —dijo Nathan susurrando. —Señor, se ha quedado dormida. —Eso creí, me encargaré de ella. Me levanté en medio de un cuarto oscuro atada de manos al suelo, intenté moverme, pero las cuerdas de fierro me lo impedían. Grité varías veces, pero nunca hubo respuesta, pensé que Jaime seguiría dormido, aunque por la pequeña luz que entraba a la habitación de seguro ya se había despertado. Un pequeño plato con un poco de comida se deslizó hasta donde estaba. Lo olí y comí de él, sabía bien con el mismo sabor que cuando Jaime me cocinaba. —Me pregunto que será de Alex —dije en un suspiro luego de comer. Me recosté sobre el piso y junté mis piernas más a mi pecho. —Lo siento hija, te dejé esperando mucho tiempo —dijo Jaime desde el otro lado de la habitación. —No soy tu hija, por favor, déjame salir. —Has sido una niña muy desobediente, me costó recuperarte, veo que aún sientes algo por Alex, ¿ese es su nombre?, ¿no? Lo había olvidado por completo. —Déjalo en paz, ya me tienes a mí ¿por qué necesitarías de él? —Tienes razón, te dejaré salir para que conozcas tu nueva habitación con la única condición que debes comportarte, ¿entendiste? —Sí —dije con voz débil. Me abrió la puerta y después de tanto tiempo vi su rostro, el cual no había cambiado, excepto porque ahora tenía más entradas y ojeras que remarcaban su rostro. Subimos las escaleras y nos dirigimos al cuarto del fondo, su decoración me chocó, era igual que cuando era adolescente, no había nada nuevo, incluso las mismas sábanas. Lo miré y esperé a que dijera algo. —Te he extrañado tanto, hija mía, ahora nadie nos podrá separar, puedes ver cualquier programa en la televisión y si necesitas algo puedes llamar a Lupe, es mi nueva empleada y tiene obligación de asistirte cuando la llames. —¿Lupe? —Sí, tendré que salir. —¿Y mi teléfono? —Tendrás que ganártelo, has traicionado mucho mi confianza, pequeña. Jaime salió de la cocina y se dirigió a su carro, mientras que Adriana entablaba una conversación con Lupe. —¿Qué edad tienes? —18. —Lo siento mucho, ¿cuándo te raptó? —Hace seis o siete años, no recuerdo. —Es bastante tiempo, ¿se ha sobrepasado contigo? —No, por ahora no. —No confíes en él por favor, no quiero que otra chica pase por lo que yo pasé en su momento. —Jaime siempre me ha hablado de usted y lo mucho que la ama. —No le creas ninguna palabra, Lupe, ninguna, solo son apariencias, él es un hombre muy malo. —El señor Jaime no se ha sobrepasado conmigo, creo que solo lo está difamando. —Él es bien mentiroso.
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