—Cuídate mucho, te amo Alex.
Fueron las palabras que escuchó Alex cuando recuperó la conciencia. Cuando notó que ya no estaba con él, sus lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, estaba más que seguro de que las palabras que escuchó fueron consecuencias del envión que recibió en el rostro e intentó remover la sangre de la comisura de sus labios. Carlos, Emmanuel y Luis permanecían inconscientes a unos metros, y eran los únicos que quedaban en el lugar.
—¡Levántense, vamos!
—¡Otra vez caímos en la trampa! —añadió Emmanuel—. Fue un error ir a esa cabaña, gracias a eso Jaime y sus hombres sabían dónde nos escondíamos.
—No fue del todo un error. Fue un poco tonto de su parte si te pones a pensar —dijo Luis.
—¿A qué se refiere, señor? —preguntó Carlos.
—Adriana nos mencionó sobre la historia que su padre le contaba, debe tener alguna relación relevante —dijo Alex.
—¡Exacto! Él creyó que Adriana no recordaría nada después de tantos años, pero lo hizo —dijo Luis.
—¿Qué haremos ahora? ¿Qué haremos con Alex?, al fin a cabo no nos fue de gran ayuda —preguntó Carlos.
—¡No seas un completo idiota, Carlos!
—Tampoco te puedes quedar con nosotros, sería muy peligroso ahora que Jaime sabe que tú también estás detrás de él.
—Es verdad lo que dice Carlos, Jaime sabe que harías cualquier cosa con tal de recuperarla —dijo Emmanuel.
—No la lastimará a Adriana, de eso estoy seguro —afirmó Alex.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque el amor que Jaime tiene hacia Adriana es tan enfermizo que él no sería capaz de lastimarla —-dijo Alex.
—Alex se queda con nosotros —añadió Luis.
—¿De verdad considera que es prudente? —preguntó Emmanuel mientras seguía a Luis.
—Sí, puede que Adriana no recuerde muchas cosas, pero él sí, algo que quizás le haya mencionado —se dirigió a Carlos—. Carlos, trae a Alex, nos iremos a una Unidad de Policía para los papeleos correspondientes.
—¿Cree que nos querrá oír?
—Aún tengo amigos. No causaremos revuelo.
Todos asentaron, menos Alex, quien se rehusaba a ser jalado por Carlos. Todos dieron su versión, excepto por Alex, quien se quedó esperando esposado al espaldar del puesto del conductor. Las horas pasaron y él cabeceaba del sueño.
—¡Levántate! —dijo Carlos.
—¿A dónde vamos?
—Iremos a la casa de Luis.
—¿No es peligroso?
—No, nadie conoce esta casa, excepto por Edison —añadió Emmanuel.
—Estaremos en mi casa durante el tiempo que sea necesario para encontrar a Adriana —dijo Luis.
—¿Estamos corriendo peligro? —preguntó Alex.
—No debemos arriesgarnos, existe la posibilidad, pero a la vez no, Jaime ya capturó a Adriana y eso era lo que más quería —dijo Luis. Se colocó en el asiento del copiloto.
—Señor, ¿a dónde nos dirigimos? —preguntó Edison quién se encontraba en el asiento del piloto.
—A casa Ed, conoces el camino.
—He perdido la noción del tiempo, ¿qué hora es? —preguntó Alex.
—Son las cinco de la tarde, llegaremos antes de que anochezca —respondió Luis.—-. Ponte cómodo.
—Cómo si lo estuviera —dijo Alex mientras miraba a través de la ventana.
Ya era de noche cuando finalmente llegaron. Carlos desató las esposas de Alex y los cinco ingresaron a la mansión de Luis. Un guardia de seguridad los esperaba en la entrada. Luis lo saludó e ingresaron a la sala. Tanto Carlos como Emmanuel y Alex quedaron perplejos por las grandes dimensiones de la casa. Luis señaló su reloj a una de las sirvientas indicando la hora de la cena.
Luego de unos minutos, todos estaban en el comedor cenando, Alex, quien no había comido en los últimos días, devoraba hasta la última migaja. Cuando todos habían terminado de comer, Luis les indicó dirigirse a la biblioteca.
—Alex, tú dormirás aquí con Carlos, mientras que Emmanuel dormirá en el cuarto de huéspedes —indicó Luis. El cuarto de huéspedes al que se refería se encontraba junto a la puerta de la biblioteca.
—¿Qué es lo que sigue de aquí? —preguntó Alex.
—Por el momento, éste será el nuevo hogar de todos. Estamos seguros aquí, por lo que no deben preocuparse. El día de mañana Alex conocerás a tu nuevo guardaespaldas, y cada uno de ustedes lo hará también.
—Pero señor, somos policías —reclamó Emmanuel.
—Como lo notaron ayer, Jaime puede ser muy peligroso, y tiene un gran equipo de hombres trabajando para él, es por su seguridad y no habrá excepciones, ¿entendido?
—Sí, señor —respondieron Emmanuel y Carlos.
—También lo decía por ti, Alex.
—Si claro, lo tengo bien entendido —alzó sus hombros en reacción de quemeimportismo.
—Hasta mañana, señores —dijo Luis ignorando la actitud de Alex.
Luis se retiró. Emmanuel sin decir nada se dirigió a su nuevo cuarto, mientras que Carlos acomodaba la sábana en el mueble grande frente a la mesa y Alex, la colcha en el mueble junto a la chimenea. Quedó por unos minutos mirando el fuego esparcirse, no pudo contener la rabia e impotencia por todo lo que estaba ocurriendo, maldijo, y gritó desde muy adentro tomándolo por sorpresa a Carlos, quien solo se limitó a observar el escenario.
—Alex, encontraremos a Adriana.
—Nadie podrá vencer a Jaime, nadie.
—Él no es invencible, no podrá escapar toda su vida.
—No estoy seguro de que pueda confiar en ti, ya que me querías quitar del caso.
—Probablemente no sirvan mis palabras, pero sabes que es lo mejor.
—Lo mejor es recuperar a Adriana y yo formar una vida con ella.
—Solo quería darte la oportunidad de que reconstruyeras una nueva vida.
—Carlos, sé que ambos queremos recuperarla y hasta cierto punto ambos aún tenemos sentimientos por ella… —dijo Alex.
—¿Qué quieres saber? —interrumpió Carlos bruscamente.
—Vaya qué carácter.
—Lo siento hombre, han sido dos días demasiado duros para todos.
—Si, me cuesta creerlo —dijo Alex sarcásticamente—. En fin, Adriana me mencionó que se conocían desde hace mucho y que luego del robo fuiste su gran apoyo emocional y económico.
Carlos lo miró ceñudo y desconfiado de que si lo que él decía era verdad.
— Y sí, antes de que me preguntes, así se expresó ella de ti conmigo. Quisiera saber más —terminó Alex.