Andrei
He notado el deseo en sus ojos azules y eso solo logra confundirme más. Me detengo a contemplar su contoneo natural y reacciono de manera visceral. A mí nadie me desaira y menos en mi propio territorio. Esa mujer me atrae y observarla mientras cantaba, solo ha logrado que incremente mi apetito y mi curiosidad por saber si esos sonidos que hace al cantar se asemejan a sus gemidos mientras está siendo penetrada.
Le hago un gesto a Oleg y este impide que atraviese la puerta.
Ella voltea sin comprender, pero no puede ocultar su expresión de terror hacia mí.
Mi intención no era que me temiese, al menos no así, pero no me ha dejado alternativa. No me gusta que jueguen conmigo y si una mujer acepta mis obsequios y los lleva encima, significa su consentimiento a mis intenciones. La transacción es simple y no tiene sentido que lo complique. Sé que tiene fama de estrecha, pero no puede importarme menos. La quiero para mí y eso es precisamente lo que obtendré.
—Señor Kozlov… —su tono amedrentado no me conmueve—, le agradecería que me llevaran a mi casa, tal como me dijo.
—No se preocupe, solo deseo compartir una copa a su lado. Verá…
No me detengo y ella se ve obligada a llegar a mi lado y seguirme el paso. Es alta, y sus ojos se clavan en los míos, se sonroja y luego su atención baja a mis labios sin percatarse que estoy estudiando cada una de sus reacciones. Le gusto y eso me satisface. Su respiración irregular me invita a acercarme y posar mi mano sobre su espalda baja.
Entramos al salón donde se desarrolla la otra fiesta, a la que no pensaba asistir creyendo que ella sería una presa fácil de saborear. Podría estar mordisqueando sus pezones o algo más, en lugar de perder tiempo con galanterías, pero sentir la dureza de su culo al deslizar la mano de manera casual me dice que la puesta en escena puede llegar a ser gratificante.
—No soy una mujerzuela —replica molesta, apartando mi mano de su cuerpo con un golpe.
—Nunca dije que lo fueras —digo con una sonrisa.
Me pierdo su reacción cuando el cuerpo de Tamara salta entre los dos. Está ebria, es obvio, porque sabe que odio las muestras de afecto. Su padre me mira a lo lejos y mascullo una maldición cuando eleva su copa. El que me la tire, no significa que quiera hacerlo de forma permanente, pero el viejo zorro disfruta imaginando que por el simple hecho de metérmela entre ceja y ceja, puede llegar a controlar el sur de la ciudad.
—Feliz cumpleaños, amor. —Arrastra las palabras y sostengo su mandíbula para examinarla mejor.
También ha consumido algo más. Me asquea verla presa de esa mierda, pero es una adicta ya, a pesar de ser tan joven y es poco o nada lo que se puede hacer por ella a estas alturas.
—Vete, tengo compañía.
Ella hace un puchero, pero al mismo tiempo jadea y cubre su boca al mirar mejor la mujer a mi lado.
—¡Te conozco! —chilla lo que llama la atención de los más cercanos.
—Hola… —responde la pelirroja con una sonrisa forzada.
—Eres la cantante, la «Sirena de Fuego» —dice, se echa a reír y golpea el pecho con su puño. Sobria jamás se atrevería hacer tal cosa y la alarma de quienes nos rodean se centra en nosotros, pero cuando los miro, me evaden con pavor por las represalias. Tamara es hija de un jefe de poca monta, pero tiene cierto poder y trabajó por mucho tiempo junto a mi padre, por lo que está a otro nivel en comparación al resto de perros que viven ávidos de un poco de atención o un trozo de mis calles para sentirse amos del mundo—. Andrei se masturba con tus videos.
Su carcajada provoca que Dione sonría y veo un brillo distinto en sus ojos. Malicia. Y el descubrimiento me encanta.
—No me avergüenza admitirlo. Eres una mujer hermosa, con una voz admirable —reconozco, disfrutando de su nuevo escrutinio, como si sopesara si valdría la pena dar el siguiente paso.
—Por eso pidió que cantara a capela, ¿supuso que no era mi voz?
—Pero ya veo que lo es y estaba en lo cierto al especular que es mejor que escucharla con los arreglos de la disquera.
Ella asiente agradecida y acepta la copa que acaba de ofrecerle el camarero.
—¡Andrei! —Los viejos amigos de mi padre se van acumulando, alejándonos uno del otro.
La veo cruzar varias frases con Tamara, pero la rubia la deja de inmediato para saludar a sus amigas adictas.
Yuri se acerca y me entrega el brazalete de zafiros que envié y niega. Otra vez estoy molesto. ¿A qué juega? ¿Sabrá quién soy? Volteo y detecto la mirada envenenada de Raisa sobre ella y con ello, me doy cuenta de inmediato que he cometido un error cuando una de sus mujeres se acerca a sus labios y ella la evade para susurrar algo a su oído.
La chica se desliza sigilosa entre la multitud, pero Oleg se interpone de prisa y la sujeta del brazo antes de señalar en mi dirección. Voltea y en un segundo, la sorpresa y el miedo cubren sus facciones. Un simple gesto de mi parte hace que dos de mis elementos se la lleven fuera del salón.
Raisa se ríe cuando nuestras miradas se cruzan de nuevo. Sabe lo que le sucederá y no le importa, ya me lo ha demostrado en diversas ocasiones. Viene en mi dirección y sonríe más abiertamente cuando la tengo frente a mí.
—Tu padre quiere verte.
—Estoy ocupado.
—No para esto. Tu puta puede esperar, los Smirnov no.
No me molesto en aclarar ese punto, para ella cualquier mujer que se me acerca lo es. Si siente que su posición de prometida tambalea, la deja fuera de juego, aunque es consciente de que lo nuestro solo se trata de negocios entre su familia y la mía, pero eso tampoco le importa demasiado, mientras sus cuentas y su vida glamurosa se mantengan, y por supuesto, el lugar exclusivo que cree tener bajo mis sábanas.
—Reunieron el dinero.
—Algo así… —dice seria y yo me rio—. No le encuentro la gracia a que vendan a sus propias mujeres para saldar sus deudas. Es repugnante.
—Son negocios, mujer. ¿Es bonita?
—Como si eso te importara. Te tiras cualquier cosa que tenga tetas y coño.
—Contigo no lo hago desde hace tiempo —digo divertido.
Ella entrecierra los ojos, lo que lo hace más cómico aún. Enojada se vuelve una fiera difícil de domar y sabe que eso me excita.
—Podría ser tu obsequio para esta noche… —Ofrece acariciando mi pecho.
Me siento observado y es la pelirroja que tiene clavado sus ojos azules sobre nosotros. Al sentirse descubierta se gira y choca contra Adam, vaciando el contenido de su copa sobre su camisa.
Él la tranquiliza haciéndola sonreír y eso me encabrona.
Trato de apartar a Raisa, pero ella me detiene con furia.
—Andrei, no lo hagas. Tu padre lo llamó, es tu hermano.
—Es un traidor —mascullo con rencor.
—Solo eligió un camino distinto. Si tu padre lo ha aceptado, es hora de que hagas lo mismo. Ve con Vladímir, sabes que te necesita. Esta noche, es tu noche —enfatiza con astucia y con ese brillo peligroso que siempre me fascinó y que me hizo caer entre sus piernas.
Los hombres más importantes en la organización están reunidos con mi padre para darme la bienvenida a mi nueva posición. Me lo he ganado, pero no estoy tan emocionado y para nada satisfecho con la noche que estoy pasando. Debía ir a esa reunión relajado, sin la carga que ahora llevo en las bolas y con la placidez de haber tomado el agujero que deseaba.
Tener a Adam en mi fiesta me provoca dar una simple orden y acabar con todo esto, pero uno de los principios sagrados de mi nombramiento es precisamente no demostrar ante nadie mis emociones y me percato de que es este momento, es eso precisamente lo que quieren medir en mí con su llegada. Así que, me dirijo a la puerta, pero antes de abrir, Yuri me intercepta y hace un gesto para que me acerque.
—Tenemos un problema.
—Te escucho.
No me urge escuchar la voz robótica de mi padre, pierde la paciencia con rapidez cuando nota que uno de los otros ancianos se inclina para escuchar mejor lo que dice. Detesta que miren su aparato desde que le realizaron una laringectomía, cinco años atrás, debido a las lesiones que una bala ocasionó.
—Tenemos a la hija de Kobayashi en una de las habitaciones.
—¿No me digas? Si me tiro a la japonesita, tendré mi polla llena de algunos shuriken[ Es un tipo de arma blanca arrojadiza, similar a un proyectil, originaria del Japón medieval con forma de estrella, a veces llamado estrella ninja, suelen poseer de tres a seis puntas afiladas, que ocasionalmente se cubrían con veneno, pero normalmente se utilizaba como distracción.] antes de la medianoche —contesto indolente, lo que parece causarle gracia al imbécil, pero para borrarle la sonrisa, agrego—: ¿Por qué Mi sirena te guiñó un ojo mientras cantaba? —digo «mi» con toda la intención y estoy a punto de carcajearme cuando su nuez de Adán se mueve con fuerza, aunque sí me cabreó que sus labios amagaran con una sonrisa en respuesta.
—Señor… —Se aclara la garganta y desvía la mirada. Sabe que le aplastaré el cráneo mañana por la mañana cuando entrenemos—. Volviendo al tema, ella fue…
—¡Habla de una vez!
—¡Violada! —grita—. Violada —repite en un susurro al notar que ha llamado la atención de unos cuantos—. Iván…
—Pequeño hijo de puta —refunfuño apartándolo de un empujón—. Acaba de arruinar uno de mis mejores negocios y te juro que voy a sacarle los dientes uno a uno. ¿Dónde está esa escoria?
Yuri se adelanta y me guía hasta el penthouse. Al menos él no es estúpido. Sabe que nadie puede enterarse de esto.
Solo espero que la chica no se vea lastimada o de lo contrario, lo mataré. Mis manos hormiguean imaginando qué tan fuerte tendré que presionar y formo un puño de inmediato. Sí, estaré encantado de modificar el rostro angelical de mi sobrino, pero sé que disfrutaré más el mostrarle a mi perfecto hermano la aberración que tiene como hijo.