Narra Anny. Meses después... El sol se filtra a través de las enormes ventanas, tiñendo todo de un dorado cálido. Estoy sentada en el sofá con una taza de café, mirando cómo la ciudad cobra vida debajo de nosotros. Desde aquí todo parece tan pequeño, tan manejable. Pero lo que más llama mi atención no es la vista, sino el hombre que se mueve por la cocina, con su camisa blanca ligeramente desabotonada y el cabello despeinado. Alejandro está tarareando una canción mientras corta unas frutas, como si no tuviera una junta importante en un par de horas. Lo observo con una sonrisa en los labios, sintiéndome completamente feliz. Es extraño pensar en todo lo que hemos pasado para llegar a este momento, pero aquí estamos. Juntos. Más fuertes que nunca. —¿Te vas a quedar ahí mirándome o vas a v

