Cody. No me había dado cuenta cuando de pronto Norman había aparcado el coche de ese hombre frente a nuestra casa. Después apagó el auto, y se giró hacia mí antes de que saliera, tomándome del brazo. —¿Qué? —enarqué una ceja, sintiéndome inquieto al darme cuenta de que el coche de nuestros padres estaba estacionado a un lado. —Recuerda. —Norman recorrió mi rostro con sus orbes cafés, mirándome casi con dulzura—. Esto debe ser un secreto entre los dos, hermanito. —Lo sé, Norman. —asentí, y él me sonrió. —No te preocupes, yo hablo con nuestros padres. —mencionó, soltándome del brazo—. Tu sólo sígueme la corriente. Tragué en seco, y entonces me bajé del coche al mismo tiempo que él lo hacía. Luego caminamos uno al lado del otro hacia la entrada, en medio del anochecer. Por alguna razón

