Capítulo 21 El aire helado del convento parecía haber anticipado la llegada de aquella mujer. Apenas las campanas dejaron de sonar, los pasos firmes resonaron en el empedrado como si la tierra misma los obedeciera. De un coche n***o descendió una figura impecable, era ella, la madre de Anastasia. Anastasia se petrificó al verla, era evidente. Su vientre abultado, apenas oculto bajo el hábito malgastado, tembló con el impulso de sus manos que lo rodearon en un gesto instintivo de protección. No podía creerlo, no podía ser que, en ese momento, en ese lugar, apareciera la mujer que más la había marcado y que, al mismo tiempo, la misma que había intentado borrarla de su vida. Los ojos de su madre eran fríos, los mismos que recordaba; eran de un verde que no conocía compasión alguna. Su mir

