Capítulo 14 El silencio cayó sobre el convento como una losa de mármol. Este había sido precedido por el estruendo de balas, gritos ahogados y el eco de un disparo final que pareció partir la noche en dos. Luego, nada, ni de un suspiro del viento, ni el canto de los grillos vino en vacío. Solo un vacío que apretaba el pecho y la sensación de terror no pasaba. Anastasia abrió los ojos de golpe, con el corazón desbocado. No sabía si había estado soñando o si de verdad había escuchado aquella tormenta de muerte y las palabras de Dimitri antes de irse. Ella solo se levantó de su camastro con las manos temblando, y abrió la puerta de su celda aun cuando él le había dicho que no saliera. En el pasillo, otras puertas comenzaron a abrirse una tras otra de manera lenta. Novicias y hermanas salía

