Capítulo 15 El convento había recuperado la rutina luego de la masacre que nadie quería recordar. Las campanas marcaban cada hora con la misma puntualidad sagrada, los cantos se alzaban en el aire como si las paredes quisieran olvidar lo que había sucedido aquella noche sangrienta, pero para Anastasia nada era igual. Habían pasado dos semanas desde que Dimitri desapareció por completo. Dos semanas de silencio absoluto. Ni un rastro, ni una señal, ni un rumor que pudiera devolverle la esperanza de que seguía ahí y aunque las demás hermanas parecían agradecidas de que aquella sombra masculina ya no rondara los pasillos del convento. Para ella, ese vacío se había convertido en un tormento silencioso para su pobre alma. Cada noche, al cerrar los ojos, volvía a verlo en sus sueños. Su cuerp

