El que me coge del brazo es Aarón. Su mirada es fría y parece muy molesto. Me empuja hasta la oficina de la directora Victoria, cerró con pestillo y de inmediato me abraza. —¡Cielos, estaba tan preocupado por ti! —me dice con voz ronca. —Creo que me estás asfixiando —me quejo. —Lo siento, no ha sido mi intención —Me suelta—. Quise visitarte, pero tuve un problema con la directora y... Bueno, ¡ya te imaginas! —Lo entiendo, lamento mi comportamiento el otro día... Aarón se acerca a mí y enseguida me besa, yo no intento resistirme, es como si mi cuerpo reaccionara con sus caricias y encendiera una llama en mi interior. —Fue culpa mía —me susurra entre besos—. He estado muy distante. Lo que viste era mi disfraz para hoy. Abro los ojos de golpe y recuerdo lo que tengo que hacer hoy. Me a

