Capítulo 18

2420 Palabras
Samuel Riley Siento que puedo desmoronarme por completo. Me falta el aire, o quizás no es así y solo es la sensación que me queda por saber que he perdido algo. Lo más importante: a mi Zoly. Diez años no borraron nunca mis sentimientos, si acaso pude esconderlos para poder vivir sin ella, pero tenerla frente a mí ahora y estar aceptando ambos cada una de nuestras verdades, se siente como si enfrentara por una vez las consecuencias de todo lo que pasó. Y por más que duela, por más que sienta mi corazón romperse poco a poco, sé que no hay una solución para esto. No la que debíamos merecer. —Todo fue un error de consecuencias catastróficas —susurra Zoe, mirándome con sus ojos llorosos, todavía con la carta en las manos—. Esto lo escribí en la casa del árbol, luego de que tuviéramos la última conversación. Llegué llorando a casa, enojada y destrozada. Decirle a mi abuela que estaba embarazada fue uno de los momentos más difíciles que me tocó vivir, intenté no ponerte a ti en mal lugar, por eso no le dije de quién era, pero creo que no fue suficiente con querer ocultarle esa parte. Mucho menos si encontró esto... Respira profundo y sigue mirando el papel. No puedo ser capaz de imaginar lo que ella debe estar sintiendo, pero sé que será complejo, más ahora que no está y no sabrá realmente sus razones. —Me encerré de tal forma que a la siguiente mañana me encontré con mis maletas hechas y un pasaje de autobús. Me fui a casa de su hermana, mi tía abuela Melina, viví allí por un buen tiempo. —Se queda en silencio unos segundos y yo le doy su espacio. No encuentro qué decir que pueda ser suficiente en este momento—. No logro entender qué pasó por la cabeza de mi abuela para hacer lo que hizo. Todo hubiera sido tan...diferente... Escucharla aceptar esto me destroza más que todo lo hablado hasta este momento. Zoe perdió a sus padres y su abuela era la única familia cercana que le quedaba. No se supone que estas mentiras vengan de esta forma y de quiénes confiamos más que todo. Deshago la distancia que antes puse entre los dos. Vuelvo a sentirla en mis brazos, cerca, y todo dentro de mí se estremece y tiembla. La pego a mi pecho solo porque necesito sentirla, asegurarme de que nada de esto está ocurriendo en mi cabeza. —Yo debí reaccionar, Zoly. No debí conformarme, no debí desconfiar...fue mi culpa, yo lo comencé todo —declaro, sintiendo que cada palabra es una herida punzante en mi pecho—. Perdóname, por favor. Apoyo mi frente en la suya. Inhalo con fuerza, quiero quedarme con su olor. Con los años supongo que dejó de usar ese champú de vainilla y el perfume floral, pero sigue oliendo igual de delicioso. Zoe me mira. En su rostro hay tristeza, resignación. Nada de lo que hagamos ahora borrará todo lo que pasó. Ni siquiera esa historia suya sobre el príncipe que le contó a la niña. —Tenías derecho a hablarle a Sammy de mí y no lo hiciste, ¿por qué? Ella me contó la historia del príncipe... Pestañea varias veces y sus mejillas se ponen rojas. Me dedica una sonrisa triste cuando baja un poco la mirada, en parte avergonzada porque yo conozco esta parte de la historia. Sus manos se hacen puños contra mi pecho. —¿Qué iba a ganar hablándole mal de su padre? En algún momento ustedes se iban a encontrar, entonces yo tendría que tragarme mis malas palabras dirigidas a ti cuando ella decidiera conectar con el hombre que también le dio la vida. —Sube sus manos y las apoya en mis hombros—. Jamás quise hacerte daño, Samuel. Prefería recordar los buenos momentos. No ganaba nada aferrándome a un odio que justo ahora comprobamos que hubiese sido innecesario. Injustificado. Me entrega la carta y no puedo evitar sentir que todo tiembla en mi interior. Ya no significa lo mismo. Esas palabras que me mantuvieron alejado, fueron completamente sacadas de contexto. —¿Puedo preguntarte algo? —susurra de repente y yo la miro, asintiendo—. ¿Por qué tu prometida sabe de mí? Suspiro. Pensar en Sandra ahora mismo me provoca emociones encontradas. No quiero hacerle daño, pero me molesta mucho que asuman lo que no es cuando no he dado razones para esa desconfianza. Pude entender su molestia, pero no el ultimátum que me dio. —Antes de comenzar a salir compartimos en un bar, uno de esos viernes en los que la oficina al completo sale a despejar después de una semana intensa. Yo estaba un poco pasado de tragos y por algún motivo saqué esta carta, ella vio la foto. —Recuerdo esa noche y mi respuesta—. Me preguntó si eras mi hermana, yo le dije que eras el amor de mi vida. Se interesó vagamente y aunque no hablamos más del tema, le quedó claro desde entonces quién eras, a pesar de que yo le dije que todo se había roto entre los dos y que suponía que no estábamos destinados después de todo. Antes, durante la llamada, ella te reconoció. Yo sé que debí decirle todo desde el mismo instante en que lo supe anoche, pero estaba demasiado aturdido. Me tomó desprevenido todo y ni tiempo tuve de analizar mi nueva realidad cuando me tocó enfrentarla. Sandra me exigió que fuera con ella, que si de verdad yo no le estaba ocultando nada no me costaría tomar mi auto e ir con ella, sobre todo porque la tormenta había amainado un poco. —¿Por qué no lo hiciste? Sammy y yo no nos iremos de aquí. Este ahora es nuestro hogar, tú tienes un futuro con el que seguir adelante. ¿Por qué arriesgarte a perder lo que ganaste este tiempo? Sus preguntas me dejan pensando y en realidad, no tengo una respuesta clara. Lo único que puedo argumentar es que no quise moverme sin resolver esto, sin pasar tiempo con mi hija. Que ir con Sandra y regresar, sería exponer a Sammy ante alguien que vendría con resentimientos. Prefiero no dañar la reciente relación con mi hija de esa manera. —Hay prioridades, Zoe. En algún momento tenía que empezar a tenerlas. Ella me mira de una forma extraña. Rehúye de mis ojos, sin embargo, después de unos segundos. Yo levanto la vista y veo el muérdago. Es inevitable recordar todo lo que cambió hace años el que estaba en esa misma posición. —¿Por qué no hay decoración, pero sí tienes el muérdago? Por algún motivo, mi corazón se acelera a la espera de la respuesta. Sus ojos brillan y el sonrojo de antes regresa, aún más fuerte. —Bajo un muérdago, en este mismo lugar, fui consciente del amor tan grande que sentía por ti. Y aunque es algo que estuvo relacionado contigo, con los años comencé a verlo como el recordatorio de que existen oportunidades para sentir, para cambiar, para atreverse...e inconscientemente, mi manera de no olvidar que sí existió el príncipe que espera Sammy. A veces intentaba convencerme de que todo había sido un sueño y que despertarías a nuestro lado, siendo la familia que tanto necesitamos Sammy y yo. Mis ojos se inundan de lágrimas al escucharla. En este punto hasta yo quiero ese sueño. No alcanzo a imaginar lo que sintió ella estando sola y pensando todo lo peor, después de que conocimos el cielo juntos. Me gustaría ofrecerle una solución, un parche gigante que cubra todas las heridas, pero estamos más rotos de lo que creemos y yo lo veo en sus ojos. Su expresión me dice que, aunque duele, no existe una segunda oportunidad para nosotros. Una continuación a lo que fuimos o un nuevo comienzo en el que nada más importe. —Tú me hacías sentir completo, Zoly. La felicidad contigo era un concepto completamente diferente y desde que saliste de mi vida, no lo he sido más. No del todo. Zoe me mira y niega con la cabeza. —No digas esas cosas, Sam. No lo digas porque ahora todo cambió. Sonrío y no es por diversión. Sé cómo se verá desde fuera, pero solo yo sé lo que se siente todo ahora. Mi relación con Sandra no es ni fue la más romántica, el compromiso fue lo correcto y no lo más deseado. Y se sentía bien no sentir todo. Lo básico y mínimamente necesario se sentía, atracción y cariño, amor. Un amor diferente al que ya había sentido una vez, pero que me convencí de que ya existiría para mí. —Hay muchos motivos por los que digo esto ahora y no es porque todo cambió —aseguro, con mi dedo rozando su labio inferior y sintiendo el temblor de su cuerpo ante mi toque—. Sammy y tú no cambian lo que ya sentía...pero me hacen entender qué era lo que me faltaba. Zoe no quita sus ojos de mí. Quiere mantener escéptica, pero ella debería entenderme mejor que nadie más. Sé que es así muy en mi interior. —Antes me diste a entender que no eras feliz, ¿qué quisiste decir realmente? —pregunta, recordando el momento que me escuchó hablar con Sandra y lo que le dije sin siquiera pensar en mis palabras. Desvío la mirada y me enfoco en un punto cualquiera de la pared. —Siempre he sentido que perdí el rumbo desde que supe que te habías ido del pueblo. Llevar tu carta conmigo era mi manera de recordarme que no teníamos futuro, porque muchas veces desperté queriendo buscarte. —Mi confesión hace que abra mucho los ojos—. Pensé en preguntarle a tu abuela varias veces por ti, pero solo su mirada me quitó esa idea. Incluso llegué a contratar un detective privado que intentara dar con tu paradero, pero me dije que algún día, si era justo y necesario, volveríamos a encontrarnos. «Y vaya que eso de cumplió». —Entonces me comprometí con Sandra. Zoe parpadea y me mira con la expresión devastada. —¿Cuánto tiempo llevan? —Dos años. Ella frunce el ceño, sin entender nada. —¿Por qué no les dijiste a Madeleine y a Michael? Me encojo de hombros, pero yo tengo mi respuesta. «Porque no estaba seguro de quererlo», me respondo yo mismo, pero no le digo esto a ella. —Porque eso lo haría más real, supongo. Vuelvo a tomarla entre mis brazos, no quiero ni puedo alejarme. Pero Zoe retrocede de repente. —Esto no cambia nada, Sam. Antes me preguntaste cuál era el siguiente paso. —Estrecho los ojos, pero Zoe no duda, se le ve en la expresión que está todo decidido—. El siguiente paso es uno donde tú ocupes tu lugar si es lo que quieres. Sammy hoy me preguntó por su padre, creo que ya lo sabe. Sabe que eres tú. Asiento ante eso. Recuerdo muy bien nuestra conversación. —Ella lo sabe —aseguro y le explico el razonamiento de la niña. Ese en el que se basa que ella no deja de hablar de su mejor amiga y que nosotros éramos justamente eso, sin embargo, Zoe nunca le habló de mí. Aunque sí mencionó un príncipe. Zoe asiente al entenderlo y vuelve a dejar que las lágrimas caigan de sus ojos. Es un llanto resignado, triste, aunque por motivos muy complejos. —Entonces serás el deseo de nuestra hija. —¿Podría cumplirse? ¿El regreso del príncipe? Sé que no lo merezco, que estoy siendo egoísta al preguntar, pero, ¿cómo hacerle entender a mi corazón que todo lo que me mantuvo alejada de ella este tiempo fue una mentira? Zoe muerde su labio inferior, duda, pero termina negando con la cabeza. —Olvidaste quiénes éramos cuando desconfiaste de mí. Yo olvidé mi lugar en tu vida cuando te pedí que nadie supiera que era tuya. Fuimos unos inmaduros con demasiado amor inestable. Pero quedó lo mejor de los dos en esa hermosa niña. Nuestra hija merece una familia y solo pude dársela cuando llegamos aquí. No voy a oponerme a nada, Sam, pero tú y yo, no tendremos más historia. Abro la boca para decir algo, no sé qué. Solo sé que necesito oponerme a eso. Porque todo dentro de mí duele al escuchar el final de su boca, cuando yo comenzaba a verlo todo como un nuevo comienzo. Pero no alcanzo a decir nada, cuando Zoe me detiene. —Vas a casarte, Sam. Tienes una vida que no puedes dejar de lado, una prometida que espera por ti. —Niega con la cabeza y mira el muérdago—. Hace años me besaste en este mismo lugar y todo cambió entre los dos. La Teoría del Caos se puso en movimiento. No puedo ser el batir de las alas de una mariposa en la vida de alguien más. —Yo hice una promesa bajo este muérdago —susurro, angustiado. Me aferro a mis sentimientos, me rendí una vez y hacerlo ahora sería otra traición—. Prometí que encontrarías el amor que estabas buscando y que sería eso para ti. Zoe me mira con lágrimas en sus ojos por lo que me parece una eternidad. No le estoy ofreciendo algo inalcanzable, tampoco algo urgente. Le estoy ofreciendo la seguridad de que lucharía por ella, por ellas, con uñas y dientes. Que resolvería toda mi vida y pondría en su lugar lo que realmente necesito. —Conocí el amor cuando tuve a mi hija en mis brazos. Fue un regalo que me diste sin saberlo. Cumpliste tu promesa. Eres libre, Sam. Da un paso atrás. Se aleja demasiado. Yo siento pánico. No la quiero lejos. No puedo quedarme lejos. Pero a la vez, no quiero ser ese que llega para robarlo todo nuevamente. «¡j***r! ¿Qué hacer cuando ella es la única solución?». —Lo que decidas hacer respecto a la niña, Sam, estaré esperando. Siento mucho todo esto. Ahora tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien. Mejor tarde que nunca. No puedo decir nada ante eso. La decisión con Sammy ya estaba tomada, esa nunca estuvo puesta en duda. Pero entiendo que Zoe tenga sus reservas. Asiento, porque no gano nada con insistir ahora. La mejor muestra de interés es la constancia. —Así lo haremos.
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