Zoe Miller
Estar a solas con Sam me tiene con un constante cosquilleo en la piel, pero nada de esto es sano a estas alturas. Como le dije, tengo que cumplir y hacerme la idea de que seguimos siendo los desconocidos que no se ven hace diez años.
Solo que ahora es mucho más difícil y no sé de verdad cómo voy a sobrellevar la realidad. A fin de cuentas, él es el padre de mi hija, quiere estar en su vida y también está comprometido. No hay un nosotros, ya no existe esa posibilidad. Por más que él se haya visto por unos minutos como ese hombre que tanto he extrañado, como el que llevo mucho tiempo esperando.
El amor que siento por Sam es solo cariño a un recuerdo. No puedo amar a su versión adulta, porque no lo conozco.
«¿Verdad?».
Como sea, sacudo mi cabeza de los pensamientos que nada aportan ahora y le digo a Sam que tenemos que regresar. Sammy debe estar preguntándose dónde estamos y por qué. No estoy preparada para decirle todo lo que debo si ella decide preguntar.
Salimos de la casa y todo está oscuro, ya casi es de noche y maldigo, porque eso significa que tendremos que quedarnos a cenar, luego de haberle dicho a Made que no lo haríamos, pero solo el juego de Monopolio nos tomó horas para acabarlo. Miro al cielo y todo está tan encapotado que no dudo que comience a nevar otra vez. El clima cada vez se ha deteriorado más.
Estamos ya en el porche de casa de los Riley cuando suena el teléfono de Sam. No necesito mirar la pantalla para saber quién llama. Mi espalda se tensa y siento mil emociones atravesándome.
Llamo a la puerta de los Riley en el mismo instante que Sam toma mi mano.
—Zoe...
Su tacto se siente como si un rayo me atravesara, me sacude, me hace débil. El contacto de sus dedos quema en mi piel y creo que soy consciente de cada centímetro suyo que me toca.
—No, Sam. —Suspiro, porque el teléfono sigue sonando—. Yo no quiero ser el motivo por el que actúas mal. Ella no merece tu rechazo y yo no merezco que me culpen de algo que no he hecho, ni he provocado. Por favor...responde.
Los ojos de Sam son suplicantes, aunque no sé qué se supone que me está pidiendo.
Yo me giro, le doy la espalda. Él ahoga un suspiro y responde la llamada.
—Hola...
La voz de Sam suena agotada, baja y nada entusiasmada. No sé cómo habrá terminado su anterior conversación, pero no es algo que me preocupe. Se escucha el murmullo de su lado de la línea, pero me concentro en no escuchar, en darles la mayor privacidad posible.
La puerta se abre y aparece Michael.
—Oh, ahí están. Zoe, Sammy estaba preguntando por ti, ¿por qué demoraron tanto? ¿Sam?
Escucho un resoplido y por algún motivo creo que volvió a suceder lo de antes.
«¿Sandra habrá escuchado?».
Me giro en el mismo instante que Sam deja caer sus hombros, derrotado.
—No, Sandra, no es nada de lo que estás pensando… —exclama, con angustia. Cuando fija sus ojos en mí veo sufrimiento en él, el mismo que siento yo.
Pero no hay nada que pueda hacerse. Entro a la casa y le murmuro una respuesta a Michael antes de mirar a todos lados buscando a Sammy. Sam se queda afuera, todavía hablando por teléfono.
—Zoe, ven a ayudarme con el pavo —grita Made desde la cocina y hasta allí voy.
El olor de la comida es delicioso y hace gruñir mi estómago. Con todo el día raro, no he comido lo suficiente. En cuanto entro a la cocina busco a Sammy, esperaba verla sentada en la isla viendo esas fotos que antes fueron a buscar, pero no está.
Ayudo a Made a sacar el pavo del horno y con otras cosas, antes de que el pensamiento de Sammy vuelva a insistirme en la cabeza.
—¿Encontraron las fotos que antes buscaban? —pregunto y Made sonríe, me mira con un brillo en sus ojos que me da nostalgia.
Asiente, pero aprieta sus labios. No puede hablar y debe ser que se emocionó por algún motivo. Espero unos segundos por ella.
—Sí, también encontramos unos videos. Estaban viéndolos en el salón, de seguro están por acabarlos todos, no creo que sean muchos. —Ella ríe con ternura, pero a mí algo me hace ruido.
—¿En el salón? —replico—, no la vi al pasar.
Made gira su cabeza y me mira con la sonrisa tambaleante.
—Estábamos los tres viendo los videos hasta que me tocó venir a la cocina…
Dejo el paño que llevo en la mano y vuelvo al salón. El presentimiento de que algo sucede lo siento en el pecho desde que atravesé la casa antes. Me asomo y veo a Michael en el sofá, el Tv tiene un video pausado, pero no hay señales de Samira.
—Michael, ¿dónde está Sammy?
El padre de Sam levanta la cabeza y la sonrisa que tenía en los labios muere allí mismo. Pestañea varias veces y mira de un lado a otro.
—Me dijo que iba al baño —responde y frunce el ceño. Mira su reloj—. Hace más de diez minutos que lo dijo…
Salgo corriendo en busca del baño, siento que el corazón se me quiere salir del pecho. Los ojos se me llenan de lágrimas.
«No, no, no. Sammy, no».
La puerta está abierta de par en par cuando llego a mi destino, las rodillas se me aflojan cuando me doy cuenta que ella no está aquí.
—¡Samira! —grito, esperando que ella me responda desde algún lugar de la casa.
Escucho los pasos de Michael detrás de mí y cuando me giro, se ve asustado, blanco como un papel.
—¿No está? —pregunta lo obvio, pero aun así yo niego con la cabeza. Muerdo el interior de mi mejilla para no llorar de desesperación y miedo—. Estábamos los tres viendo los videos de ustedes de niños, Made tuvo que ir a la cocina y Sammy me dijo que necesitaba venir al baño. Yo me quedé en el salón, no creí que…tiene que estar aquí, en algún lugar de la casa.
La voz se le quiebra. También está como yo, asustado.
Quiero mantener la calma, pero ahora mismo no puedo. Quedamos en que él revisará la parte superior de la casa y yo regreso al salón. Made escuchó nuestras voces agitadas y viene a mi encuentro.
—¿Qué pasa?
—Sammy, no está en ningún lugar… —logro decir a pesar del nudo en mi garganta—. Voy con Sam…
No espero a que Made responda, pero la escucho ahogar un grito y decirme que revisará en todos los lugares que se le ocurra.
—¡Sam! —Salgo al porche, donde él todavía está hablando por teléfono. Cuando escucha mi voz se gira con el rostro desencajado—, ¡Sammy no está!
—¿¡Qué!? ¿Cómo que no está? —Baja el teléfono—. ¿A dónde pudo haber ido?
—No sé, no lo sé —lloro, rompiéndome de una vez. Me tapo el rostro y no pasa un segundo cuando los brazos de Sam me rodean. Yo no dejo de sollozar—. Ellos estaban viendo videos de nosotros de niños, dice tu papá que fue al baño, pero no está ahí y no respondió cuando la llamé.
—Quizás está escondida en algún lugar de la casa, no pensemos lo peor…
—No, Samuel, no entiendes. Sammy no es así, ella no hace travesuras de este tipo, sabe cuánto daño me haría.
Se escucha un murmullo y solo entonces me doy cuenta que el teléfono de Sam sigue encendido, con una llamada y que posiblemente Sandra haya escuchado todo.
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Samuel Riley
—Sandra, tengo que colgar, sucedió algo con Sammy…
—Samuel, no se te ocurra cortarme. Escuché todo, estabas con ella y no…
—No te lo negué, Sandra —exclamo, frustrado, porque llevo todo este tiempo diciéndole que tengo una hija y que tuve una conversación privada con Zoe—. Te dije todo lo que debías saber. Contrólate, por favor.
Porque no quiero hacerle daño es que trato de llevar esto por la paz.
—¿Controlarme? —reclama, histérica—. ¿Cómo quieres que haga eso? Estás con el amor de tu vida y esperas que yo me quede tranquila en una habitación de hotel donde deberías estar tú.
Sé que Zoe escucha eso, porque se pone tensa.
—Mi hija está perdida, Sandra. No puedo tratar ahora con tu histeria. No te estoy mintiendo y no te estoy engañando. Por favor, cálmate y después hablamos…
—Si vuelves a abandonarme, Samuel Riley, se acaba todo. Me he pasado todo el día sola y ahora tengo que soportar que cortes conmigo por ella —grita, descontrolada—. Elige, Sam. Ya me cansé.
Miro a Zoe. Sus ojos inundados de lágrimas se quedan prendados de los míos por un segundo. Ya no podemos perder más tiempo.
—Lo siento, San. Es mi hija, la perdí hace diez años y no se repetirá la historia. Está por nevar, es de noche y no sabemos dónde está. Espero que entiendas que ya hice mi elección.
Corto la llamada con un suspiro decepcionado, porque no quería que esto se desarrollara así, pero no mentí en ninguna palabra. Hice mi elección y no hay manera de que yo vuelva a dejar que agentes externos guíen mis decisiones.
Guardo mi celular y sin perder tiempo, rodeo el rostro de Zoe con mis manos. Miro directo a sus hermosos ojos, siento la piel fría y húmeda de sus mejillas.
—Vamos a encontrar a Sammy. Te lo prometo, Zoly —declaro y sello la promesa con un beso casto en sus labios.
Me separo un instante después a pesar de que un temblor me atraviesa todo el cuerpo con el gesto. Sentirla así de cerca después de tantos años es abrumador y puedo decir que incluso siento que me marea un poco. Ella me mira con los ojos muy abiertos, pero reacciona y asiente muchas veces con la cabeza.
—Cuéntame bien, ¿dónde han buscado? Con este tiempo no debe haber salido de la casa…
Me dice que mi papá está revisando arriba y mi mamá en toda la parte de abajo.
—¿Crees que ella escuchó algo y por eso se fue? Si es así, Sam, me muero. Yo no quería que Sammy supiera todo de esta forma tan abrupta.
—Shhh, todo estará bien, la vamos a encontrar rápido. Hagamos algo, ve a tu casa, revisa en sus escondites y en cuanto lugar se te ocurra. Yo voy a revisar los alrededores, por si salió y está entre los patios.
Zoe asiente con los ojos llenos de lágrimas. Les damos el aviso a mis padres de lo que haremos y en medio de la desesperación, controlamos el nerviosismo. La llevo a la casa y me quedo fuera, escuchando cómo Zoe grita el nombre de Samira, intentando contener sus emociones.
Yo me quedo fuera un segundo de más, pensando hacia dónde pudo ir. Si Sammy escuchó algo, que no lo dudo a estas alturas, y entonces decidió alejarse…debe estar en un lugar que le permita asimilar todo esto. Aunque no sé realmente qué pudo escuchar o qué la llevó a reaccionar así, debe ser algo importante, porque Sammy se ve una niña con mucha conciencia.
Ella estaba viendo nuestros videos de niños, quizás eso le provocó algún tipo de curiosidad.
Regreso corriendo a casa para hacerle una pregunta a mi padre. Cuando él me ve, se anima por un segundo, pero sus hombros decaen rápido.
—¿Nada? —pregunta y yo niego.
—¿Qué videos vieron? Los de nosotros de niños, ¿cuáles alcanzaron a ver?
—Los tuyos construyendo la casa del árbol y otro donde estabas enseñando a Zoe a lanzarse de la cuerda. ¿Por qué? —Se da cuenta un segundo después. Yo no pierdo el tiempo y salgo corriendo una vez más.
El corazón me late fuerte, la respiración es muy pesada y más, porque empieza a preocuparme que hace mucho frío y dudo mucho que Sammy haya tomado un abrigo si se escapó de la casa sin que nadie la viera.
La casa del árbol está en la parte trasera de ambas casas, en el borde del lago. Llevo años sin pasar por aquí y es evidente que mi padre tampoco lo ha hecho con regularidad, en esta zona hay bastante maleza que lo confirma.
—¡Sammy! —grito cuando estoy cerca del árbol que tantas travesuras mías y de Zoe guardó—. ¿Estás aquí?
Me detengo cerca, no está tan oscuro, todavía puedo ver sin necesidad de usar una lámpara, pero si sigue oscureciendo esto será una boca de lobo. El lago de abajo está congelado y en los alrededores hay mucha nieve acumulada.
—Sammy, soy yo, Sam.
Me quedo en el lugar, con los brazos en jarra y tratando de no hacer más ruido para intentar sentir algo que pueda escucharse como ella. Las manos comienzan a temblarme, pero trato de no rendirme al miedo, a todos los riesgos que pueden c******e si nuestra hija no está escondida en casa.
Al no escuchar nada, doy un paso más cerca de la casa del árbol. Y es entonces cuando lo oigo, el sollozo.
«Ahí estás».
Me muevo hasta el árbol y me acerco a la escalera que todavía se mantiene intacta. Lo que falta de la casa lo destruí yo mismo hace años, de lo contrario, creo que estaría en perfecto estado.
—Sammy, sé que estás ahí. Voy a subir, ¿sí?
Le doy la oportunidad de negarse, no puedo llegar aquí e irrumpir como si tuviera ese derecho. Soy su padre, sí, pero no soy autoridad para ella y no lo seré hasta que todo se establezca de la manera que debe ser.
—Está bien —susurra después de unos segundos que me parecen eternos.
Los latidos de mi corazón me aplastan las costillas, o así se siente, mientras subo con destreza. Llego arriba y me inclino lo más que puedo, porque ya no soy el adolescente encorvado que se metía aquí sin problemas.
—Hola… —murmuro con tranquilidad cuando la veo sentada al fondo del todo, en la parte de la casa donde todavía queda una parte del techo.
Está abrazada a sus rodillas y limpia sus lágrimas, intentando ocultarlas de mí.
—Nos asustamos mucho —susurro, no con tono de regaño, porque eso ahora no sirve de nada.
Silencio. Solo eso recibo. Pero no lo rompo, espero a que ella decida que está lista. Por lo menos sí lleva su abrigo y eso me relaja un poco. Me siento con los pies cruzados más cerca de ella.
—Los escuché —dice de repente, sin dejar de mirar al lago que se ve desde su posición.
Todo dentro de mí se tambalea, un miedo sin igual me llena, porque no tengo idea de lo que escuchó y cómo lo habrá tomado; mucho más porque su reacción dice bastante.
—Puedes decirme lo que estés pensando, Sammy, te entenderé.
Ella voltea y me mira con sus ojos llenos de lágrimas.
—¿Es verdad que vas a casarte?
Eso me toma desprevenido y al instante, me hace sentir más mierda de lo que ya me estaba sintiendo.
—Tengo una prometida, sí… —confirmo, porque no es momento de decir cosas a medias.
—¿Ya no quieres ser el príncipe que mi mamá espera? —su voz se le quiebra al final y a mí se me rompe el corazón.
No aguanto más y deshago la distancia que hay entre los dos. Me siento lo más cerca que puedo de ella.
—Sammy…mírame…
—Sé que eres mi papá. Y sé que la historia que mamá me hizo no es real, pero yo…yo pensé que…
Baja su cabeza y la esconde entre sus rodillas. Llora desconsolada y yo lo hago con ella.
—Por Dios, no, no llores, pequeña. —La abrazo con fuerza, no puedo dejar de hacerlo y menos, cuando ella se deja y se aferra a mí—. Déjame explicarte todo lo que no entendiste, ¿sí?
Sammy solloza por otros segundos, luego asiente con la cabeza y sorbe por la nariz, pero no sale de mis brazos.
—Estoy comprometido, sí, pero hay muchas cosas que cambian hoy. Si me hubieras dejado terminar, habrías escuchado la parte en que estoy dispuesto a todo por recuperarlas. A ti y a tu mamá. No soy el príncipe azul de tu historia, Sammy, en realidad de esos hay muy pocos, pero por ustedes soy y seré capaz de convertirme en la mejor persona que jamás hayan conocido. Con defectos incluidos, soy vuestro.
—Pero, ¿y mamá? Ella no es feliz…
Su vocecita tierna me abre un hueco en el alma. Ella sufre por su mami y me hace trizas el corazón a mí.
—Daría lo que no tengo, lo daría todo, por regresar el tiempo atrás. Por hacer las cosas bien en el momento justo, en ese segundo que lo cambió todo. Pero es imposible, hija, y de ahora en adelante, solo queda intentar hacer nuevas historias…
Sammy levanta la cabeza y sus ojos brillan con emoción, pero también hay tristeza.
—Entonces, ¿ya no te vas a casar? —hace un puchero que, dentro de todo, me da un poco de risa.
Niego con la cabeza.
—Una vez elegí no creer a la mujer más importante de mi vida. Hoy te elijo a ti, porque tú eres mi mayor regalo.
Y no lo digo solo porque ella me lo pide. Desde el momento en punto que mi realidad cambió, yo también lo hice.
Mi vida en Boston ya no funciona. Mi vida lejos de Sammy y Zoe no es la que quiero. Mi vida con otra mujer que me hizo elegir cuando mi hija estaba perdida, no, eso ya no será posible.
Sammy se levanta de repente y se lanza a mis brazos. Yo la recibo llorando de pura alegría, alivio y mil emociones más que no entiendo del todo, pero sé que son de las buenas.
—¿Qué te parece si nos vamos? Mamá debe estar muy preocupada.
Sammy me mira y asiente. Extiendo mi mano para que la tome antes de bajar y cuando acepta, que su manita pequeña se ve justo en el medio de mi palma, siento que mi corazón se hincha de amor.
Esta es mi vida, debió serlo siempre. Ahora tendré que luchar mucho para merecerla.