Mamá me esperó en el carro mientras Fernando y yo caminamos a la farmacia por los medicamentos que la doctora me había recetado. Fuimos en silencio, uno al lado del otro, como a veces caminábamos cuando salíamos de clase, solo que esta vez había entre nosotros una relación prácticamente irrompible. Ya adentro, entregó la receta y esperamos. Giró, apoyado en el mostrador me miró. –¿Fue incomodo lo que te hicieron? –Preguntó en voz baja. –Un poco. –Me mordí los labios nerviosa, él seguía mirándome. –¿Y pudiste dormir anoche? Porque yo casi no. –Por increíble que parezca, dormí toda la noche. –Faltó agregar que en la mañana desperté sobresaltada porque además de que vería al niño, lo vería a él. –Qué bueno. –Siguió mirándome y yo no tuve más que verlo a los ojos. –En un mes hay que reg

