Para nada…

598 Palabras
Así que eso haría, hoy era domingo. Estaba bastante ocupada con ese asunto, y mañana volvía a trabajar. Aunque saliera tarde, eso ya no le molestaría en absoluto. Le gustaba estar muy concentrada en el trabajo y había estado así durante esos 5 años, tiempo que se esfumó de su vida como si nada. Agradecía esa inmersión como una manera de no pensar en su esposo, pero también se daba cuenta de que no había vivido, y era hora de hacerlo. Aunque, ¿de qué valía cuando aparecía alguien exactamente igual que su esposo, recordándole que él ya no estaba? Aquello le dolía intensamente, era claro. Preparó una taza de té y se sentó para dar el primer sorbo, cuando una voz la sobresaltó. "Tomaste de cedrón, a mí me gusta también. Veo que tienes una gran planta", dijo la voz. "Puedes marcharte, por favor", comentó sin abrir los ojos, no quería verlo. "Lo lamento, solamente quise ser amable", respondió la voz, y aquello le hizo erizar la piel al recordar a Leonardo. "Lo lamento, no quise ser brusca", murmuró ya abriendo los ojos. El chico se sentó frente a ella y hizo una mueca. "¿Estás triste por él, verdad?", preguntó curioso. "Sí, obviamente lo echo de menos. ¿Por qué?", dijo ella confusa. "No lo se, debe ser triste que ya no esté", explicó. "Sí, es bastante triste", admitió. "¿Y lo echas de menos?", preguntó curioso. "Claro que sí, él era mi esposo, él era mi vida y…", se detuvo al darse cuenta de que estaba hablando de más con alguien que apenas conocía. "Si, si entiendo, debe ser muy difícil”. “Ajá”. “Señora, aunque no parezca. Estoy triste por la pérdida de mi hermano. Él siempre me protegió, sabes. Aunque nuestra existencia siempre fue complicada, él tenía una familia y otra. Habíamos sido criados en un orfanato, después nos adoptaron dos familias, pero no nos quisieron juntos". Se detuvo. "Lo lamento, debe ser triste". "Sí, supongo, pero ya estoy bien". "¿En qué invertiste el dinero que te quedaste pobre?", quiso saber Annie, curiosa. "Estuve ahorrando durante bastante tiempo para unas acciones, pero el mercado cerró y me dejaron sin nada. ¿Soy muy iluso, verdad?", preguntó con una sonrisa triste. "Claro que no. Supongo que a veces uno quiere apostar por distintas cosas. Si quieres, puedo ofrecerte trabajo", comentó Annie, y aunque enseguida se arrepintió de sus palabras, la sonrisa enorme que tenía entre sus labios no desapareció. "¿De verdad harías eso por mí?" "Sí, de verdad." "Estoy muy agradecido, daré lo mejor de mí. En serio, se lo prometo." "Bueno, mañana llega con tu currículum, para analizar en qué puesto te puedo llegar a colocar", dijo Annie mientras asentía, para sorpresa del joven, rodeó la isla y la abrazó. "Gracias, gracias". Él se alejó corriendo y Annie se quedó en shock al sentir el cuerpo caliente de aquel joven sobre ella. Luego se dio cuenta de que tendría que preguntarle el nombre, no podía seguir pensando en joven o muchacho, tenía un nombre. Suspiró, quería golpearse la cabeza contra algo para dejar de pensar, y se masajeó las sienes en busca de alivio para el dolor de cabeza que se estaba generando. Al día siguiente no fue mejor. Para nada… Annie se levantó, se vistió con una falda elegante que le llegaba a la cintura, una musculosa blanca y un blazer del mismo color. Bajó las escaleras, tomó una cartera elegante y detrás venía el chico con traje puesto, con una sonrisa.
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