Capítulo 11: Suposiciones

1267 Palabras
XI La mañana se perfilaba con nubes grises. A pesar de eso, las pretenciosas damas tomaban su brunch en el jardín, era necesario para la anfitriona presumir su nuevo brote de orquídeas. Un hombre vestido muy formal, llegó junto a la dueña de la casa y le entregó una nota. La mujer dejó su taza con bordes de oro y pidió un momento. —¿Es cierto lo que dice esta nota? ¿Douglas se casó? —Sí, señora, al parecer ya está de regreso. La mujer no parece ser alguien muy conocida. —Ah, este muchacho —replicó la mujer de cabello cano, acomodándose la estola al cuello—. De seguro, lo hace para fastidiarnos un poco. La verdad solo voy a sentir compasión por esa mujer. Pobre criatura cuando sepa quién es Douglas en realidad. Se miró un poco al espejo, fastidiada de no poder detener el paso del tiempo en su rostro. Luego regresó al jardín, había cosas más importantes que atender. *** Al abrir los ojos, pudo ver que aún no amanecía. Por segundos se desorientó, el lugar le era desconocido por completo. Al mover su cabeza, se encontró con el rostro de Rena, entonces, la paz regresó a su alma. Se sentía relajado. Durante días no había podido descansar del todo, el viaje a esa isla caribeña había logrado que él actuara como si estuviera en una maratón por su vida. Ahora que lo pensaba, parecía que eso de su matrimonio hubiese sucedido hacía mucho tiempo y no apenas 72 horas atrás. —Te ves tan bonita descansando —susurró, para luego darle un beso. Rena dejó salir un jadeo muy agudo, como el de una niña. Luego se dio la vuelta y le dio la espalda. Aquello fue adorable para sus ojos, así que intentó darle su espacio para que se estirara a su gusto. Cerró los ojos en lo que él pensaría, serían solo unos minutos y los volvió a abrir, para darse cuenta de que su esposa estaba desnuda, poniéndose algo de ropa íntima. Claramente, ella acababa de darse un baño. No quiso interrumpirla y solo disfrutar de la vista. Sus pechos, sus nalgas y esa definida cintura. Sonrió y ahí fue que ella lo descubrió. —¡Doug! ¿Dormiste bien? —preguntó, apuntando su sostén. —Como nunca. Rena sonrió y se puso un vestido largo, que acabó con la fantasía. Le dijo que podía darse un baño, en lo que ella iba a comprar para preparar un desayuno decente, ya que antes de que se fuera de viaje, había desocupado su alacena. Doug no le vio problema, le fastidió un poco tener que usar la misma ropa, ya en su casa la cambiaría. Al salir, escuchó a Rena en la cocina, algo cantaba. No esperaba que la vida de casado fuera tan ruidosa y llena de cosas por todos lados. Se sentó en un sillón para atar sus zapatos, hasta que una revista en la mesita de junto, le llamó mucho la atención. La tomó, la ojeó, claramente era de maternidad. Lo curioso, en realidad, era que bajo esta había otra y otra y otra más, fue entonces que su mente empezó a maquinar. ¿Por qué Rena tendría esas revistas? Una era normal, ¿pero, tantas? Quizás la explicación era que ella estaba embaraza. Quizás todo lo que ella le propuso fue para poder atraparlo y darle un padre a su hijo, ante el abandono de ese otro idiota. Por eso actuó tan sensual, solo para hacerle creer que era suyo. Decidido, salió con el paquete de revistas en la mano, tenía que confrontarla. Tal vez, era una vividora. —Rena, ¿qué es esto? La joven preparaba hotcakes y giró su cuerpo, para ver lo que su marido tenía en la mano. No se le alteró ni un cabello, a cambio de eso, sonrió. —Es una revista de mamás. —¿Por qué tienes tantas? —preguntó con tono severo. —Ah, verás, yo… —la joven se detuvo. Pareció entender que él la acusaba de algo y cambió su expresión por completo—. ¿Es malo que tenga tantas? O lo que me quieres decir es que tal vez yo quise «atraparte» en algo… ¿Es así? ¡Eso es lo que estás pensando! —¡Dime la verdad! —habló alterado. Ya estaba sintiendo que las cosas se salían de control y lo odiaba. —Muy bien, yo… En el preciso instante en el que iba a dar una explicación, o eso quería creer Doug, tocaron a la puerta. Rena abrió y se alegró mucho de ver a la mujer, una antigua vecina que tenía una pancita a poco de explotar. —¡Rena! Qué feliz estoy de verte y a… La chica se quedó con los ojos cuadrados al ver que no era Justin. Con esos mismos ojos vio a Rena. —Ah, él es Douglas Akerman… Ya que Douglas quedaba como un imbécil, no quería alargar la tortura. Se acercó a la mujer y le dio la mano. Lo hizo como se esperaba, presentándose como el esposo de Rena. —¡¿Qué?!... Oh Dios… el taxi me espera afuera, así que mañana te llamaré… —Supongo que esto es tuyo… —susurró Doug extendiendo las revistas. —¡Gracias! Rena las recibe por mí, aún no me llegan a mi dirección… adiós a los dos… ¡Te llamaré! Rena cerró la puerta, solo que no se giró para ver a su «marido». El silencio otra vez era demasiado incómodo, frustrante. Douglas tragó saliva, ese evento quizás era el acabose de su matrimonio, su muy corto matrimonio. Ella iba a disolver entonces ese acuerdo y todo terminaría por su estupidez. Cerró los puños y su respiración se agitó. Rena seguía sin voltear a ver, sin decir nada, eso lo estaba carcomiendo. Los segundos pasaban, él seguía molestándose cada vez más, como si de verdad, tuviera razón. «No, Douglas, no… por Dios, no… Dios, por favor, no…» Quería calmarse, repitiéndose internamente aquello. Rena entonces dio la vuelta y caminó junto a él, ignorándolo. Aquello estuvo por romperlo, hasta que la tomó por la muñeca y la haló hacia él para abrazarla con fuerza. Ella supo que aquella era la forma de ese hombre de decirle que lo sentía. —Perdón… Rena sonrió, solo que la cercanía a su cuerpo le empezó a indicar que algo no estaba bien. —Douglas, ¿por qué tu corazón va tan rápido? ¡Estás temblando! —Se separó un poco para verlo—. ¡También sudas! ¿Qué pasa? Con paciencia lo hizo sentarse en una silla del comedor y le dio agua. Él sonrió y le agradeció, disculpándose de nuevo. Rena no quedó muy convencida con su respuesta de que estaba alterado. Algo no estaba bien. —Desayuna y luego seguiré haciendo mis maletas. Además, debo empacar todo lo de Justin, le dejaré las cosas listas para que las recoja. —Claro… yo te ayudaré. Aquello alivió mucho su estado, Rena estaba dispuesta a seguir con ese acuerdo. Tomó aire, las pulsaciones disminuyeron. Todo estaba entonces bien de nuevo. Rena puso los platos en la mesa y de manera tranquila le contó acerca de su vecina que se había mudado y aún su correspondencia llegaba a ese edificio. Solo hasta ese momento, Doug vio una pequeña marca en la muñeca de Rena. Él la había hecho, quizás ella no la sintió por la tensión del momento. Solo oró por dentro, para que no la notara nunca. *** Fin capítulo 11
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