XIII
Cuando entró en la habitación, encontró a su pequeño de cinco años abrazado a su madre, ambos en el piso. El pequeño abrió los ojos y le dijo que su mamá, por más que la sacudió, no despertó para que durmiera mejor en la cama. El hombre, de aspecto casi intimidante, se inclinó y la tocó en varias partes, mientras el niño observaba, curioso.
La cargó en sus brazos y la puso con suavidad en la cama. Luego la cubrió con una sábana, toda, hasta su rostro. El pequeño no entendía, así no iba a descansar bien. Fue entonces que el padre, lo cargó a él en sus enormes brazos y lo sacó de ahí, para que jamás volviera a ver a la mujer que más había amado en su vida.
El hombre enorme, al que llamaba papá, no lloró. Su rostro no se ensombreció con la partida de su esposa, no hubo una lágrima, un pesar, un quejido, nada. Solo se quedó junto al niño, unos segundos más frente a la tumba de esa que fue la mujer de ambos, y después, partieron a la enorme casa que le había construido.
El tiempo pasó, y un día, llegó a la casa una nueva mujer que ahora dormía con su papá. Ella traía consigo a otro hijo, al que el pequeño Douglas miraba con recelo. Supo tiempo después que él era su medio hermano, ya que sí era hijo de su padre y de esa mujer. ¿Acaso eso era lo que había matado a su mamá? ¿Saber eso le hizo estallar el corazón?
A pesar de todo, lograron llevarse bien. La otra mujer, en cambio, no quiso ser más que una conocida para Doug. No había halagos para él por sus buenas calificaciones, ni fiestas de cumpleaños, ni regalos de Navidad. El poco afecto que pudiera recibir lo obtenía de sus tíos, porque su padre solo le daba un sobre con dinero al terminar los años escolares. Al parecer él sí veía que era un buen chico, aunque nunca se lo dijera. Su padre no era diferente con el otro hijo, la diferencia, es que su medio hermano sí tenía unos brazos cálidos a los cuales acudir en los días malos.
Un día, Douglas enfermó terriblemente. Su gripe escaló demasiado, a pesar de eso, a nadie parecía importarle. Él tosía, temblaba, sudaba ante la fiebre que se lo devoraba. Las criadas avisaron a la nueva señora, que no hizo nada, solo decirle a su esposo.
Doug escuchó que abrieron la puerta de su cuarto y pudo ver a su padre entrar. Tembló esta vez de terror, de seguro estaba molesto por su enfermedad.
—Los Akerman somos fuertes, Douglas. Aun así, también de vez en cuando necesitamos ayuda.
La mano enorme se abrió, el niño cerró los ojos, no quería ver si lo iba a reprender. No obstante, la sensación fue muy diferente, su padre acariciaba sus cabellos y su frente. No recordaba que lo hubiese hecho antes.
El niño recibió la medicina y estuvo bien en unos días. El ambiente siguió igual, solo que Doug entendió que no debía ser un hombre débil, eso solo traía problemas y hacía que otros se preocuparan inútilmente.
La nueva mujer también sufría. La indiferencia de Akerman padre, era un cuchillo que se le hundía en su corazón. A veces la escuchaba llorar en su cuarto, llamándolo a él, rogando su cariño. ¿Qué tan frío se debía ser con una mujer? ¿Era correcto hacer que lloraran de esa manera?
—¡Douglas! —dijo muy sorprendida su madrastra, cuando abrió el regalo que él le tenía para el día de las madres.
—¿No te gustó? —preguntó el jovencito, algo curioso.
—Es hermoso, pero, Dios…
La mujer sacó de la caja aterciopelada aquel colgante de mariposa, hecho de oro puro. Entonces, todo el cuarto se iluminó con su sonrisa. Jamás la había visto así de feliz, por algo que él hacía. Su propio hijo quedó fulminado con su ramo de rosas y su tarjeta.
El dinero no era problema. Empezó a entender lo que hacía feliz a una mujer y también a creer que el darles cosas y complacerlas, era la manera en que siempre se les debía tratar. Su joven madre no alcanzó a enseñarle nada de la vida. Ella solo reía mucho, lo abrazaba y lo besaba, sin esperar nada a cambio, solo que estuviese bien, sano, feliz. Supuso que su padre era el encargado de darle las joyas, por eso su madre siempre tenía esa sonrisa en su precioso rostro.
De pronto, Doug dejó de ser invisible para su madrastra. El trato cambió tanto, que se empezó a sentir muy cómo con ella y así entonces, los regalos aumentaron. Su medio hermano era muy gentil y no se ponía celoso del trato que le daba, él solo deseaba llevarse bien con el otro hijo de su padre. Porque del Akerman mayor, no recibían nada.
Fue entonces que una tarde de primavera, ella entró con su cabello en rizos de otoño, su abrigo blanco y sus enormes ojos azules. Doug tuvo algo así como una taquicardia, más cuando la pequeña dama le sonrió.
—¿Quién eres? —preguntó ella, quitándose sus guantes de seda.
—Soy Douglas Akerman. Mucho gusto.
—¡Ah! Eres el otro hijo de mi tía. Es un placer conocerte, mi nombre es Serena, soy prima de Gilbert.
Doug no pudo dejar de mirarla, de querer estar con ella. Apenas tenía 12 años, y ya sabía para quién trabajaría tan duro y compraría todo el oro del mundo. Así lo hizo, antes de que ella partiera de esa visita de vacaciones que hizo junto a sus padres, le regaló una manilla con una pequeña cruz. Ella quedó deslumbrada con aquello y siempre que visitaba la casa, que ahora resultaba muy seguido, llegaba con esa joya y salía de ahí con otras más.
—Douglas, he visto que gastas dinero de tu cuenta de estudios muy seguido. ¿Puedes decirme la razón?
—Papá, hay una niña que me gusta… y le doy regalos. Así ella estará feliz y me elegirá a mí.
El padre lo miró casi con compasión. Sonrió un poco, cosa inusual en él.
—Quién te elija a ti, jamás va a estar al pendiente de lo que le des. Solo velará porque tú estés bien. Respirará tu aire y con eso, solo con eso vivirá. Complacerla con cosas está bien, pero nunca será lo que debes hacer.
Douglas estaba muy confundido, además de abrumado, jamás su padre le había hablado tanto en toda su vida. Darle algo a su madrastra la hacía feliz, darle a Serena, igual. ¿Por qué no verlas felices? ¿Por qué no hacer que lo quisieran de esa forma?
Vio irse a su papá del salón comedor, con una mirada lánguida. Observó el calendario, se cumplía un año más en que su madre había dejado de abrazarlos.
***
Fin capítulo 13