XIX
Días atrás de esa primera aparición de Rena como una princesa, la mañana se perfilaba muy tranquila. Ella se vestía, viendo a su marido dormir plácido. Ella tenía que hacer el almuerzo para los dos, ahora que sabía que a Doug le gustó aquello.
Al abrir la puerta, escuchó ruidos en el primer piso. Se aterró, solo qué imprudente como era, bajó corriendo, tomó un jarrón y gritó tan fuerte que, dentro de la cocina, se escuchó cómo se rompieron unos platos.
—¡Ay, Madre Santa! —gritó una mujer mayor desde la cocina, al ver a Rena con el jarrón en alto.
—¡¿Quién eres?! ¡¿Qué haces acá?!
Doug, bajó casi dando tumbos, exaltado con el grito de su mujer. Cuando vio desde la escalera hasta la cocina, suspiró aliviado.
—¡Gigi! Gracias por venir… —dijo tomando el jarrón de las manos de Rena—. Lo siento, ninguna se conoce, Gigi, ella es mi esposa.
La dama mayor abrió exagerada sus ojos, y luego la saludó con un pequeño abrazo. Doug se disculpó con ambas, todo había sido muy apresurado y no recordó hablar antes de que Gigi llegara. Ella había sido su nana desde muy pequeño, y ahora se encargaba de mantener el orden en su departamento. Como él se fue de un momento a otro con Meredith, solo le dijo que regresara hasta la semana siguiente y así, Rena encontró el desastre en la habitación principal.
—Pequeño Doug —dijo la nana sonriendo—, ¿tu novia no era aquella muy alta de cabellos oscuros?, ¿La que fingía que yo no existía?
Rena se conmovió mucho al escuchar eso y la tomó por una mano. Luego, se dio cuenta de que la mujer ya tenía bastante adelantado el almuerzo.
—Las cosas cambiaron, Gigi. Ella es ahora la señora Akerman.
—Es un gusto, Gigi —intervino Rena.
Las chicas se quedaron abajo, empacando todo. La nana no pudo más que casi desmayarse al saber que su «pequeño» llevaba un recipiente con algo de comida. Ella había tratado de hacer lo mismo en muchas ocasiones, no obstante, él rechazaba la idea cada vez.
—Supongo entonces que ahora, mi presencia no será necesaria… —replicó Gigi preocupada.
—No… tal vez por un tiempo puedas descansar. No será mucho tiempo.
Gigi quedó confundida. Rena terminó de empacar a su esposo y dejarlo en la mesa. Él, ya listo para irse, otra vez como si fuera a ver a la mafia, le dio un beso y le explicó algo a su nana. Salieron los dos, tenían el tiempo justo para llegar a sus trabajos.
Rena estaba ya lista para tomar el autobús; por supuesto, Doug no dejaría que hiciera tal cosa. Después de un pequeño pleito, ella se subió al exageradamente llamativo auto junto a su esposo. La dejó a ella y luego siguió a su oficina.
Claro, todos notaron cómo fue que Rena llegó. Imposible pasar desapercibida. Doug desde el auto, habló con uno de sus guardias, el que ahora vigilaría a su esposa. La rutina aburrida de la vida empezaba para ellos.
—Señor Akerman, ahora lo esperan para una junta…
—Pero, se supone que la tendría hasta la tarde. ¿Quién tiene prisa?
—Los Tailandeses, señor.
Doug torció el gesto. Así era entonces que terminaba por completo su escapada para casarse y sus mini vacaciones. Añoraba el momento en que alguien más tomara su lugar y pudiera tener tiempo, al menos para almorzar.
—Akerman, llegas tarde —dijo uno de los accionistas, con el único fin de que pensaran que el CEO era un irresponsable.
—Son las 7:59, Robert. Entro a trabajar a las 8:30 a. m. Solo que para juntas improvisadas con el único fin de intentar dañar un buen negocio, no estoy preparado.
Los tailandeses no entendían mucho y el traductor oficial, no deseaba hacer quedar mal a nadie. Los demás miembros de la junta directiva se miraron entre sí, todos sabían lo mucho que deseaban que Douglas dejara la cabeza de la mesa, solo que, de hacerlo como en verdad lo deseaba, en ese momento quedaría en manos de idiotas. No, aún no había nadie que pudiera ocupar su lugar.
Rena estaba supervisando las bodegas, como siempre, como si nada hubiese sucedido. Los amables trabajadores la felicitaban por su matrimonio, ignorando por completo que su esposo, no era el que conocían.
—Muchachos, en el momento del receso, tengo algo que decirles. Sé que conocen Justin y lo aprecian; sin embargo, las cosas son… diferentes.
Rena sonrió y dejó con curiosidad a los muchachos. Justin era igual gerente, pero de otra sucursal. Dina, que se encargaba de los inventarios y las cuentas, la llevó hasta su oficina para que le siguiera contando de su millonario.
—Rena, te busca una señorita…
La joven esposa salió tranquila, para atender a quien la buscaba. Al llegar a una pequeña recepción, sin que se lo esperara y sin poder reaccionar, recibió una bofetada que casi la hace caer.
—¡¡Mujerzuela!! ¡¡Cómo es posible que me robaras a mi novio!!
Rena se tomó la mejilla y vio a su atacante. Se trataba, nada más y nada menos, que de Meredith. Por un segundo no reaccionó, y uno de los guardias llegaba a sacarla de ahí.
—¡¡MALDITA ZORRA!! —respondió Rena, enfurecida—. ¡ÉL TE ENCONTRÓ EN LA CAMA CON TU EXNOVIO! ¡BRUJA!
El guardia apostado para cuidar de Rena, llamó de inmediato a Doug para contarle lo sucedido. No sabía si intervenir, ya que se suponía que estaba de incógnito.
—¡Señor! Algo muy malo pasa en el trabajo de la señora; su exnovia, llegó al almacén y le dio una bofetada…
—¡¡¿Pero qué diablos?!! ¡¡Cómo se atreve esa estúpida!!
Douglas se levantó de su escritorio y tomó su abrigo, claro que iría con Rena de inmediato. Antes de abrir la puerta, otra llamada entraba a su móvil. La respondió de inmediato, sin mirar quién era, pero de seguro se trataba de su esposa.
—Douglas…
Él frenó en seco. Los pies se le clavaron en la alfombra y su cuerpo entero se estremeció al escuchar aquella voz, que esperaba cada año, no solo por teléfono, sino en jadeos.
—Serena…
—Necesito verte ahora. Ahora.
Douglas Akerman, ahora solo un hombre normal con un dilema, se mordió los labios. Sabía lo que tenía que hacer, adónde debía ir. Pero los años de sometimiento de su corazón, parecían más fuertes.
***
Fin capítulo 19