XVII
La escuchaba cantar, lo sobrecogió la forma tan hermosa en que lo hacía, no lo esperaba para nada. Tenía la llave magnética en las manos, era su casa y por primera vez no sabía qué hacer. Suspiró un poco y justo cuando iba a entrar, su puerta principal se abrió de golpe.
—¿Qué pasa? ¿Por qué no entrabas? —preguntó ella algo preocupada.
—¿Sabías que estaba afuera?
—Tienes una cámara, querido esposo. Te vi ahí, pensé que ya ibas a abrir, sin embargo, pasó el tiempo y no lo hacías.
Douglas se quitó el abrigo y lo colgó en el armario dispuesto a eso, casi en la entrada. Rena notó su angustia, de seguro algo salió mal en esa junta de negocios. Lo tomó de la mano y lo llevó hasta el comedor para que se sentara. La cocina abierta le permitió verla mientras le preparaba algo, que resultó ser un delicioso trozo de pastel.
—Esto va a alegrar tu paladar. Tuviste un mal día, no te preocupes. Ya pasará.
El entusiasmo de la joven opacó por completo la incertidumbre que él cargaba. La miró juntando sus labios como en un puchero, solía hacerlo mucho, cosa que golpeó directo el corazón de la joven esposa.
—Por accidente, rompí el recipiente en el que me empacaste el almuerzo hoy… lo siento…
—¿Y eso es lo que te tiene preocupado? Douglas, eres un osito de miel… —respondió ella a carcajadas—. Mañana traeré otro de mi trabajo. Y cuando desees te empacaré de nuevo comida.
—¿Ya no lo harás todos los días?
Rena, que se levantaba del comedor, lo miró con sorpresa. Ella no se esperaba que le pidiera aquello, además le pareció, después de pensarlo, que fue de mal gusto hacer algo con un hombre tan importante como él.
—Pensé que había sido algo mal visto por ti…
—¡No! —Respondió Doug, sonriendo—. A mi hermano le pareció bien que al fin llevara de comer.
—No tendré problema en hacerlo a diario, junto con el mío. Será un placer.
Douglas se levantó y le dio cálido beso en la frente. Quería ducharse, quitarse de encima el mal momento en la oficina, uno que se suponía no se iba a repetir. Rena preparaba de comer, nadie le había pedido que lo hiciera, no habían acordado nada así en el documento, a ella solo le gustaba hacerlo. Lo hizo para sí misma, luego para el ingrato de Justin, ¿por qué no cocinar algo para Douglas también? Solo eran tres meses, quería disfrutar, jugar a la esposa todo lo posible.
Doug bajó de nuevo, solo vistiendo su pantalón de dormir. Ella lo regañó un poco, así podía coger un resfriado. No le quedó más que subir a ponerse el suéter de la pijama y sentarse a comer.
Estaba maravillado, sus cenas casi siempre eran las que Gigi le dejaba preparadas, que muchas veces, por pereza de no meter al horno, comía frías. O cosas que pedía por domicilio.
Estaba enredado poniendo el puré en su plato, cuando preguntó a Rena por su día. Ella le dijo que fue a ver a las chicas de su trabajo, solo que omitió algunos detalles, desastrosos.
Cuando llegó a la tienda que administraba, sus amigas la recibieron con mucho entusiasmo. Al entregar sus recuerdos, notaron que tenía un anillo y una argolla en su dedo, donde se suponía no debía haber nada. Entonces la bomba estalló: contó lo sucedido y su matrimonio estilo «Las Vegas».
Todas se quedaron atónitas. Ellas habían ido hasta la isla a celebrar su amor, pero con el dolor de su alma no pudieron quedarse a consolarla luego de ese desastre, todo debido a sus vuelos. No contaban con el capital suficiente para cambiarlos, y con la promesa de verla unos días después, se tuvieron que marchar. Le escribieron mensajes todos los días, que Rena respondía con entusiasmo, ahora entendían el porqué.
Lo más increíble fue cuando ella les dijo su nombre, el de su esposo. Douglas Akerman. Al buscarlo, la quijada no les volvió al sitio en mucho tiempo, el hombre era rico, y endemoniadamente atractivo. Sexy, poderoso, ahora esposo de su amiga. El trato de perder a Justin no había sido para nada malo.
Rieron un rato y se tomaron fotos con la ahora señora Akerman, que posó con su precioso diamante rojo, y su historia del soldado. Una de sus chicas subió una de aquellas fotografías a su IG, era digno de celebrarse ese momento.
Todo eran risas, hasta que su teléfono se vio alterado con la llamada nada más y nada menos que de Justin. Dudo mucho en responder, pero tenía que hacerlo. Reventar ese grano de una vez.
—Justin…
—¡¿De qué diablos habla Dina en su publicación?! ¡¿Cómo mierda es que estás casada con otro hombre?!
Rena tragó un poco de saliva, claro que no lo iba a tomar bien. Al menos eso de fastidiarlo estaba funcionando.
—Justin, ahora no…
—¡Entonces es cierto! —interrumpió el ex, totalmente desquiciado—. ¡¿Qué eres?! ¡¿Una cualquiera que se acuesta con un hombre que acaba de conocer?! ¡¡AHORA ME ALEGRO DE NO HABERME CASADO CONTIGO!!
Lo último que dijo fue con tanto odio y rabia, que hizo llorar a Rena. Ella soltó el móvil y otra chica lo tomó, sabían por los gritos de quién se trataba e intentó calmarlo. Como no lo logró, le colgó. No había mucho que hacer en ese momento.
Las chicas intentaron calmar a Rena, que por alguna razón, sentía una culpa horrenda. Como si hubiese hecho algo horrible, malo, casi perverso. Además de que sí, ella había dormido, y de qué manera, con Douglas. ¿Eso la hacía una cualquiera?
Ya antes de irse, se sentó un poco en una mesita en la calle, junto a Dina. Ella estaba molesta con la actitud de Justin, además que sabían todo lo ocurrido en la cancelación de la boda.
—Él es solo un hijo de perra. Ya no te mortifiques por eso. La verdad todos nos alegramos de que esa boda no se hiciera, no te merecía. Él debe quedarse con su estúpida madre.
—Gracias… será mejor que no le diga nada a Doug…
—Rena, a pesar de que esto suene ahora muy gracioso, lo de tu boda con ese hombre… solo ten cuidado.
—¿Por qué? ¿Crees que estuvo mal?
—Mira, la gente rica solo piensa en sacar provecho de los otros. Ten precauciones, que no te use como una marioneta. Que no quiera que le des un hijo…
Rena la vio sorprendida. No parecían ser las intenciones de Doug el ser padre, así que no pensó ni un segundo en eso. No obstante, sí se asustó un tanto con las advertencias de su amiga, que en verdad solo quería su bienestar.
***
—¿Rena?
La voz de su marido la sacó de inmediato de sus pensamientos. Lo miró y le sonrió, él le parecía un hombre con demasiado honor, incapaz de hacerle algo malo. Le sonrió, todo era temporal.
Él era el maravilloso príncipe de cuentos, que se esfumaría, una vez la última página, dijese la palabra «Fin».
***
Fin capítulo 17