Capítulo 16: Complot

1346 Palabras
XVI Había mucho espacio, demasiado eco, todo el lugar no era más que otro brazo de su soledad. Ponía música, Enya su preferida, para encontrar tranquilidad y calma, para sentir algo en ese espacio en el que parecía solo un mueble más. ¿De cuándo a acá, su oficina era ese lugar tan aburrido y gris?, siempre lo había sido, solo que ahora lo parecía más, porque algo faltaba. ¿Quizás una vocecita algo gritona y festiva que veía potencial en todos los espacios? Su sonrisa, su presencia. Sentado en una pequeña mesa de cristal, destinada a cerrar grandes tratos con licores caros y pretenciosos, miraba la comida algo apiñada en aquel «bento» como le llamó ella. Esbozó una sonrisa al recordar la conversación de la mañana. Rena había despertado temprano, muy a pesar de poder estar exhausta luego de aquella jornada de amor. Fueron a la habitación y pusieron sábanas nuevas y después solo se acostaron. Douglas le dijo que debía regresar al trabajo, lo de su almuerzo, y en general de los almuerzos de todos los días. Él nunca comía nada. —No puede ser… ¿Entonces a qué van a restaurantes tan costosos? —Para halagar los traseros snobs de los poderosos, Rena. Ellos comen mientras yo solo puedo tomar agua, ya que esperan que les cuente y les resuma cómo es que se gana el dinero. Tampoco puedo quedarme después de que se van, hay mucho que hacer en la empresa. Es hartante que se esté convirtiendo en un «día a día». Rena no dijo más, sin embargo, sí pareció preocuparse. Acordaron dormir uno a los pies y otro a la cabeza de cama, solo para evitar suspicacias a media noche, en lo que Doug le adaptaba la otra habitación que le dijo que tenía. La joven en verdad no había visto nada, así que debían ser precavidos, el sexo podría salirse de control. Doug se despertó y se vistió como de costumbre, como si apenas días atrás no gozara de algo de libertad. Mientras se ponía los zapatos brillantes y costosos, vio las pantuflas de conejitos de Rena y se carcajeó un poco. ¿Dónde estaba esa mujer? —¡Ah! Ya está tu desayuno —dijo ella al verlo despuntar en la escalera. —Rena… no tienes que hacer algo así… —Yo quiero hacerlo. No creas que lo preparo porque quiero tus favores, solo me gusta cocinar. Doug bajó por completo y se entusiasmó con la comida en la mesa. Ella había notado sus gustos en el bufete del hotel, así que haría algo parecido. Comió con gusto y se puso la chaqueta y el abrigo. Estaba vestido por completo de n***o, se veía muy diferente, demasiado imponente, incluso intimidante. —Oh, ¿Vas a una oficina o a negociar con la Bratva*? —preguntó ella con los ojos muy abiertos. —Te lo dije, hoy tengo un almuerzo importante—. Como si su atuendo ya no fuera demasiado para ella, se puso unos lentes oscuros—. ¿Qué harás hoy? —Alistaré mi ropa para mañana y acomodaré mis cosas… Quizás vea a las chicas para entregarles los recuerdos que les traje… ¿Dónde me dijiste que está la otra habitación? —No te dije. Espérame por favor, trataré de llegar temprano. Rena sonrió y le extendió una pequeña maleta negra a Doug. Él no entendió y la recibió con algo de recelo. —Ya, no es una bomba. Hice algo de “lunch” para ti, puedes comerlo en tu oficina. No es bueno que pases hambre, menos cuando se ve que te ejercitas mucho. Douglas, que vestía con millones sobre sí, se quedó con aquella bolsa en la mano, con cara de estupor. ¿Qué se suponía que debía hacer con aquello? Tanta fue la sorpresa, que Rena solo se burló. —A ver, niño rico, no te estoy diciendo que lo lleves al restaurante, o que lo comas en la cafetería con tus empleados. Puedes llegar y en un sitio especial, la terraza, tal vez, lo abres y te lo comes. El recipiente se pone tibio por sí mismo. Nadie tiene que verte… Douglas intentaba procesar lo que ella le decía. Más que la rareza de que un presidente de semejantes proporciones llevara comida, era el hecho de que nadie, jamás, había hecho algo así por él. Ni siquiera le preguntaban si había comido o no. Su vida no importaba más allá de su firma en los cheques, o en los documentos de los grandes contratos. Rena lo despidió con un beso en la mejilla, divertida de su actitud. Él se subió al auto y le pidió a su guardia que, por favor, después de que estacionara, dejara esto en la mesa de su oficina. Tuvo razón, como siempre. No pudo comer más que un poco de ensalada, no pedía otra cosa, nunca alcanzaba a disfrutar de un buen bocado de carne. Ahora, frente a esa cajita que olía exquisito, con las justas proporciones saludables, dudaba si comerlo, o solo preservarlo para siempre. —¡Doug! No hemos tenido tiempo de hablar —se escuchó que dijeron entrando a la oficina—. ¿Qué es eso? Ah, ¿ahora Gigi te empaca comida? Me parece muy bien, nunca almuerzas para nada… —Hola, Gilbert. No fue Gigi… esto lo hizo mi esposa para mí. Gilbert pareció contrariado. Por encima sabía que fue un matrimonio apresurado, para fastidiar a todos. No se esperaba que esa desconocida fuera tan gentil. —Douglas, ha sido un shock lo de tu matrimonio. Nadie entiende por qué hiciste esa locura y más con una completa desconocida. Te fuiste con Meredith; sí, es cierto, no nos caía muy bien, pero era tu novia. ¿Qué pasó? —No lo sé. Si me preguntas, me sentí extraño cuando se despidió de mí… No pude soportar ese adiós. Douglas comió un poco, a la vez que su hermano tomaba asiento en un sillón, muy cerca. Lucía en verdad preocupado. —¿Dormiste con ella? Doug no dijo nada, no necesitó hacerlo. Comió a gusto, todo sabía tan fresco, que lo disfrutó como nadie. —Douglas, tú has tenido muchas noches, con mujeres desconocidas. No puedo entender qué había de especial en esta, pero ten cuidado. ¿Qué tal todo se trate de una trampa? —¿Trampa? —Mira, lo que hizo Meredith fue vulgar y asqueroso. Pero, ¿no es mucha casualidad que a esa mujer, le sucediera algo similar? ¿Y que solo se encontrara contigo porque sí? —Rena. No quiero que la llames más, «esa mujer» —Muy bien, Rena. ¿Y si solo quiere chantajearte o extorsionarte? La metiste en tu pent-house, te hace comida… pudo haber tramado todo desde hace mucho, ¿qué tal si queda embarazada?, ya no podrías negarlo y la pensión a ese pequeño sería muy generosa, sabiendo quién eres tú. —No… no creo que sea lo que dices… —Mira, ella solo puede ser una mujerzuela, que ahora te agarra por el pene y luego te lo corta… Gilbert alcanzó a esquivar la pequeña caja de cristal que le rozó la oreja y terminó hecha añicos contra una pared. Se levantó despacio, observando a su hermanastro, que cerraba sus puños y temblaba entero. —No la llames mujerzuela… La voz era baja, siniestra. Gilbert se acercó despacio y le palmeó el hombro un poco, así solía calmarse. Doug entonces relajó su postura y de nuevo tomó asiento. —Douglas… tomas tus… —Sí lo hago. Disculpa por alterarme. Rena no es eso que dices. Y si resulta cierto, seré el primero en notarlo y sacarla de mi vida. Al fin y al cabo son solo 3 meses. No se dijo más. Gilbert le pidió conocerla, así que iría a cenar en dos noches más con ellos. Llamó a la joven del servicio para que limpiara el desastre. Doug suspiró, tenía que controlarse, debía hacerlo. Debía cuidar a su esposa, de él mismo. *** *Bratva: Mafia Rusa. Fin capítulo 16
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