Capitulo 32

1729 Palabras

La puerta del despacho se cerró lentamente con un clic seco, como el punto final de una confesión demasiado dolorosa para sostener. Elijah permaneció unos segundos allí, de espaldas a la estancia vacía, con la cabeza gacha, los hombros encorvados y los puños apretados. El perfume de Ailani todavía flotaba en el aire: jazmín, almizcle y un dejo de vainilla. Ese aroma lo asfixiaba, como si la esencia de ella se negara a desaparecer a pesar de su partida. Sus pasos resonaron lentos por el pasillo de mármol mientras caminaba hacia el ascensor. Cada zancada era un eco de derrota. Su respiración estaba contenida, los ojos enrojecidos, no por lágrimas visibles, sino por ese ardor intenso que aparece cuando el orgullo y el corazón se hacen trizas al mismo tiempo. Al girar por el pasillo principa

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