El sol de la mañana apenas lograba atravesar las altas ventanas del edificio de cristal. La ciudad, siempre despierta, bullía con la energía de un nuevo día, pero ella caminaba con pasos lentos, arrastrando el cuerpo como si llevara encima el peso de la noche anterior. Había dormido poco, muy poco. Y no por falta de oportunidad, sino porque su mente seguía dando vueltas. Su gigoló, el Club Azul, sus palabras, el calor de sus labios… todo había sido demasiado intenso. Demasiado real. Aún sentía el perfume maderado de él en su piel, como si se hubiera impregnado entre sus poros. El aire acondicionado de la recepción le dio de lleno al cruzar la puerta, haciéndola estremecer. Se apretó el abrigo contra el cuerpo y caminó con paso decidido hasta los ascensores. Aun con el maquillaje ligero,

