NARRADOR. Uno, dos, tres días pasaron. Pero no había novedades de Aiden, más que un par de llamadas telefónicas al día. Alexia no quería preocuparse pero al final del día lo terminaba haciendo. - No deberías pensar tanto en el tema -le reclamó Camil desde la otra punta del sillón. -Construir una aldea de cero no es tarea sencilla. Alexia bufó. Lo sabía, sólo que anhelaba la compañía de Aiden. - Lo sé, pero no puedo evitar sentirme ansiosa -y era cierto. Aunque dicha ansiedad no sabía si provenía de su estado de embarazo, la repentina falta de ataques, la ausencia de Aiden, o la suma de todos estos factores. Camil la miró con lastima. A su medida, entendía cómo podía estar sintiéndose su cuñada. - Oye, ¿y si vamos de compras? -sugirió sutilmente en un tono de voz bajo. - Hem

