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4595 Palabras
Aun así, el productor del campo nunca obtuvo respuestas favorables. Todo lo contrario,cada vez quedabamás lejana la posibilidad de recuperar íntegramente su propiedad. La huelga de hambre se hizo más radical. Un hombre fornido de más de un metro noventa centímetros de estatura y sobre los cien kilogramos de peso, llegó a convertirse en un esqueleto forrado con un pellejo apergaminado.Medio mundo debió haberse preguntado por mucho tiempo, si valió la pena el sacrificio extremo de aquel pobre hombre; ya que de todas formas quienes habían invadido aquel predio, se largaron del mismo, en vista de que ya no quedaba sino un pedazo de terreno árido que no valía la pena poseer. Habían acabado con todo. Esos buitres no dejaron más que miseria de lo que había sido una prosperaposesión. Lafinca había quedadocompletamente destruida. Hasta el último momento,el productor había abrigado una esperanza. En eso se le fue la vida. Murióun hombre íntegro y trabajador, tirado como un animal en un almacén deun hospital de la capital de la República. Lo habían arrastrado a la fuerza desde el sitio donde permanecía llevando a cabo su huelga de hambre, hasta dicho centro hospitalario. Lo tiraron allí, como si fuese un costal de papas, y nunca más se supo de él. Ni la familia se enteró en donde habían arrojado aquel ser, quien se marchitó en espera de una respuesta.Permaneció varios días junto a una gran cantidad de basura hedionda. Las ratas lo mordisqueaban, se lo estaban comiendo vivo. Era la muestra del totalitarismo salvaje, el cual ya devoraba al pueblo y amenazaba con extenderse por toda la región. El hijo de diablo no descansaría hasta dejarlo todo en la más completa de las destrucciones. Esa fue siempre su intención. Tenía que ser muy meticuloso aquel ser repugnante. Necesitaba adeptos, aduladores; quienes se vendieran por un bozal de pan, y contribuyesen con sus propias destrucciones sufragando cada vez que se llamara a completar un fraude; talcomo siempre lo hacían. A los pocos años de su gobierno, mandó a la mierda al pueblo de una manera muy diplomática. Siguió asignando míseras dádivas a la vez que inició una inmensa desinversión en todo lo ateniente a la infraestructura. Fue tan atroz aquella decisión, que en pocos años el país se sumió en un verdadero colapso. Significó el tipo de desmedro que siempre ha de temerse.Un desbarajuste que dio origen a las penuriasque se vivirían más adelante, en procesos tan trascendentales como la producción de alimentos, el buen funcionamiento del sistema eléctrico, la distribución de agua potable, la recolección de desechos sólidos, el transporte, las telecomunicaciones y sobre todo; los servicios de salud y educación.Fue esa la meta malévola de aquel ser que había pactado con el diablo, con la finalidad de poseer un poder ilimitado.Como respuesta al demonio, él se encargaría de producir al país, el peor de los daños. Luego de ocasionar el mayor perjuicio posible,juró entregar finalmente su podrida alma. Mi país estaba sufriendo grandemente, aunque muchos de mis coterráneos no querían mirar más allá de sus mezquindades; aún a sabiendas de que estaban contribuyendo con ello, a su propia destrucción. El pueblo había comenzado a sentir los rigores de una tiranía. Resultaba excesivamente difícil mantener un estilo de vida digno. Los sueldos eran devorados por una inflación galopante. Pocos eran felices en mi patria. Y esos pocos no eran más que los integrantes del gobierno y todos sus lacayos hambreadores y asesinos. El sufrimiento nos atormentaba. Se ensañaba contra la ciudadanía de una manera muy cruel. Además de ese sufrimiento desmedido que nos afectaba a todos, a mí en lo particular me estaba matando. Hacía poco que mi madre santa había volado muy alto a la gloria de Dios. No podía dejar de pensar en ella.Definitivamente la amaré por toda la eternidad. Recuerdo cuando, tras sufrir aquel aparatoso accidente y convalecer de una manera excesivamente tórpida, ella y yo habíamos llegado a una especie de acuerdo o trato. Dejaría que los médicos me practicaran todos los estudios necesarios además de las terapias requeridas, entre las cuales destacaban varias intervenciones quirúrgicas. Ella por su parte, había acordado con su médico tratante en cuanto a una rigurosa quimioterapia para tratar de frenar el avance de aquella funesta enfermedad que la sumía cada vez más, en el fondo de un lodazal infernal. Lo haríamos el uno por el otro. En la oportunidad en que presenté un terrible absceso en una de mis heridas postoperatorias, mi buen amigo Douglas Coromoto, el mejor traumatólogo del mundo; tuvo que acudir a un método excesivamente traumático para eliminar esagrave complicación. Fue un dolor indescriptible el que sufrí, cuando fue drenada aquella acumulación de pus. Me sentí morir ya que dos días después de aquella tortura, tendría que ser realizada una curación para extraer el resto pues que pudiese formarse. Yo me negué rotundamente a semejante tortura. Francelina y mi madre no tenían palabras para hacerme recapacitar. Fue en ese momento cuando ella, me recordó el pacto. Accedí finalmente y en el tiempo estipulado fui sometido nuevamente a tan doloroso procedimiento. Cuando todo hubo terminado, ella se me acercó tímidamente y, sentándose a mi lado en la cama, me acarició con suma ternura. Su rostro estaba ya empapado con sus lágrimas. Me confesó que ya ella no soportaba aquellos rigurosos tratamientos que semanalmente recibía para tratar de paliar su mal. Ella quería dejarlo todo de ese tamaño, puesto que los efectos adversos la estaban torturando en demasía. Le rogué que continuara, ya que dicha terapia anticancerígenasignificaba una posibilidad y habría que aferrase a ella. Esa era la intención de nuestro acuerdo. Manifiesto que fui muy egoísta al tratar de convencerla de seguir el tratamiento, a pesar de lo dicho por ella, cosa que ya había observado cada vez que le eran administrados aquella rigurosa medicación. Tanto ella como yo sabíamos que las esperanzas eran nulas. Aun así, consideré oportuno que continuara ese camino hasta el final. Por su parte ella me decía lo mismo. Me rogaba que me dejara hacer todo aquello que, aunque me doliese, era por mi bien.Mi madre sabía que yo superaría aquella situación, puesto que como ella misma me lo decía; yo era un hombre joven y fuerte, además de que lo mío era completamente reversible. Fue en ese instante cuando ratificamos aquel convenio. Luego de unos meses, en una de mis visitas, ella me dirigió aquellas palabras que constantemente hacen eco en mi memoria. Es por ello que aquella escenase apoderó de mí por completo. Recuerdo en cada uno de mis días con sus noches, la mañana en que sentados en el patio de nuestra casa, justo frente a la puerta del cuarto matrimonial; entablamos una conversación que para ella no fue más que la confesión de una decisión que no tenía vuelta atrás. Sus palabras cada vez retumban en mi mente y me hacen sufrir como nada en este mundo. Al verla tan triste le pregunté:“¿Mamá, cómo se ha sentido?, ¿Por qué está tan apagadita?”. Ella apartó su mirada de la mía, y contemplando la inmensidad, me contestó con crecido llanto:“¡Ay hijo!, siento es que estoy toda reventada por dentro.”             Mientras me hacía aquella escabrosa confesión, sus manos jugaban entre ellas, tratando de apartar de uno de sus dedos, un pedacito de piel que se asomaba tímido; pero era ese jugueteo, la manera más triste de no enfrentar nuestras miradas. Su sufrir cada día crecería a medida que se apoderaba de ella el maldito cáncer que consumía todas y cada una de sus células. De nada sirvieron tantas operaciones, tantas quimioterapias, tanto padecer, para que de igual manera mi vieja linda sufriera como lo hizo; con estoicismo, con valentía, pero con sobre todo; con un indescriptible dolor.Pocos meses después mi santa madre se elevaría a la gloria de Dios.Esa triste mañana en que me expresó mi madre aquellas tristes palabras, también me conminó a seguir mi camino. Apenas tenía 62 años y yo a mis 36 sentía que tenía una vida que recorrer. Mi madre me animó a seguir mi camino y el complemento de mi existencia que me indujo a hacerlo de esta manera que considero acertada, definitivamente fue el resto de mi familia, especialmente mi padre, mis hermanos, mi familia y por sobre todas las cosas; mi adorado hijo. Continué en la prosecución de mis estudiosque había lastimosamente interrumpido por mi accidente y me recibí como Licenciado en Enfermería un mes de noviembre; poco antes del primer aniversario de la muerte de mi querida madre. Aquella tarde que siempre rememoro con sobrado orgullo sentí a mi lado la bella compañía de mi viejo querido, se mi suegra, de mi bella esposa y de Alberto. Sin ellos aquel momento no hubiese significado más que un hecho banal, sin embargo al sentir aquel inmensurable apoyo, el mismo se convirtió en uno de mis grandes logros.           Mientras tanto el Presidente de la República besando constantemente su eterno compañero; aquel crucifijo antañón, invocaba el nombre de nuestro señor Jesucristo de manera constante. Quería hacernos creer que Dios lo secundaba de forma milagrosa en todos y cada uno de sus actos. Todas aquellas patrañas decía que las llevaba a cabo inspirado por Dios. Sus palabras colmadas de herejías por doquier querían denotar una intervención divina que justificara finalmente sus fatalidades. Tenía la desfachatez de expresar en sus largos discursos, oraciones sagradas. Manifestar de Jesucristo fue uno de los más grandes revolucionarios de la historia universal. A ese hombre perverso ya no le bastaba con tratar de emular hasta con sus reflexiones mal invocadas y aprendidas de memoria, al padre de la patria. Quería ir más allá en su esquizofrénico actuar; ambicionandoseradorado como todo un dios. Y lamentablemente eso era precisamente lo que él sentía de una gran parte del pueblo, mismo que se empeñaba en perpetuarlo en el poder. Ciertamente lo adoraban. Era ese inmenso grupo de coterráneos quien mantenía con sus votos a ese ser, sentado en el trono; ellos y las grandes estafas que se cometían en connivencia con los Poderes Públicos que se postraban a los pies de quien se creía precisamente una omnipotencia. Tal como aquel ente encargado de los innumerables procesos comiciales que siempre fallaban a su favor de una manera poco creíble, a pesar de la gran cantidad de simpatizantes que continuaban al acecho de una limosna. Sus blasfemantes acciones se escudaban tras una falsa ideología cristiana. Esa falsedad le otorgaba un viso de pureza de tanta aceptación en el pueblo. Su cara de arrepentido irreversible lo hacían ver más que puritano. Cada domingo antes de encadenarse por más de ocho horas ante las cámaras de televisión, desde cualquier sitio del país para la transmisión de su acostumbrado programa de contacto con el proletariado; acudía a sagrado culto católico a elevar sus oraciones al creador.Siempre estaba en procura de un milagro, el mismo prodigio que le suplicaba repetidamente a todo gañote a Jesucristo semana pasada tras semana desde que fue supuestamente depuesto. Era tajante al anunciar que su vida estaba desde eso entonces en las manos del señor; más que de ordinario. Hacía entender a la gran cantidad de fieles que aprovechaban el momento para escuchar la palabra de Dios en compañía del Presidente de la República, que su rescate se debió a un portentoso milagro de Cristo, ya que estuvo cerca demorir en manos delcapitalismo.En las misasde cada semana siempre se exponíaclaramenteturbado puesto que constantemente le pedía al todopoderoso que le concediera más vida en virtud de que todavía le quedaban realidades que cumplir, cosas por hacer. Lo cierto fue que después de jurar por el Dios de los cielos que construiría un sinfín de obras, entre las cuales destacaban la limpieza de toneladas de mierda que corrían por lo que en el pasado había sido un río precioso, convertido en el presente en el receptáculo de torrentes de aguas servidas de toda una gran ciudad. Que se edificaríansendos puentes uno en un gran lago y otro en el río de más caudaloso del país, que ni en sueños la ciudadanía pensó que existirían.Que el país conseguiría autoabastecerse de alimentos.Que se construiría la principal fortaleza petroquímica del país y hasta del continente.Que se lograríaimplantar el récord de extracción de petróleo de más de 6 millones de barriles diarios.De que más o menos para el año 2.019 floreceríamoscomo una de las más prósperas economías del mundo.De que en nuestra patria contaría con una modernísima red ferroviaria que uniría todos los rincones. Que se contaría dentro de pocos años con una flota de barcos que viajarían al destino turístico por una isla paradisíaca ubicada al oriente del país.El abominable espécimen entre oraciones halagadoras a Dios había ofrecido para su pueblo que jamás habría contratiempo alguno con los servicios básicos tales como electricidad, agua, disposición de basura, gas doméstico y también con aquellos de cierta suntuosidad como la red de acceso a internet, televisión satelital lo cual sería completamente gratuito gracias a los satélites que, adquiridos en la República Popular China; cumplirían la sagrada misión de mantener entrelazada comunicacionalmente a toda la región. Servicios gratis para el pueblo. Promesas que se quedaron durmiendo en los vericuetos del tiempo. Demagogia muy común en el país viejo,el mismo que su proyecto socialista había dejado relegado en la zaga de un camino. Mientras aquellos proyectos de envergadura se quedaban en medio de un camino, descansando el sueño eterno de la intensa corrupción, la cada vez más apretada relación con el gobierno de la isla liderada por el barbudo y el enorme acercamiento con un grupo terrorista de un país vecino, mismo que mantenía en jaque la paz de la región; mantenían muypreocupada a la clase media. En virtud de que los representantes de los medios de comunicación privados del país se inmiscuían cada día más en las cuestiones oficiales con la sana finalidad de averiguar el porqué de aquella insana y repetible particularidad de no culminar las obras ya planificadas y presupuestadas con el consiguiente desvío de los dineros públicos, dicha injerencia conminó al gobierno a ensañarse duramente contra esos periodistas y dueños de medios, imponiendo penas corporales y sanciones pecuniarias para ellos; haciendo ver que dichas penalidades eran consecuencia directa y lógica de los casos de difamación cometidos por ellos de manera alevosa, contra diversos personeros del alto gobierno. “No pretenderán enlodar bajo ningún concepto, ésta gran gestión que tan dignamente hemos estado llevando a cabo para lograr dignificar a los más desposeídos”, decía el Presidente de la República para justificar aquellas aprehensiones arbitrarias. La estrategia demoledora estaba servida. Mientras se consolidaba la entrega de dádivas al pueblo con aquellos planes creados a mansalva con dicha finalidad, se le daba la espalda a las verdaderas inversiones. Lo importante era mantenerse protegido de cualquier intento exterior de saboteo. Y tal como lo haría el “Honorable” durante el largo gobierno que encabezó, dirigió gran parte del presupuesto de la nación a fortalecer lo que consideraba su defensa particular; a las Fuerzas Armadas Nacionales. Por ese motivo malsano pactó con un país enormemente imperialista, un acuerdo para la adquisición de un gran número de armas y equipos bélicos. Comenzó a llegar al territorio nacional un enorme lote de aviones de guerra, tanquetas, helicópteros y todo aquellos pertrechos de guerra que otrora adquiría en los Estados Unidos de Norteamérica. De esa manera toda vez que blindaba a su propio ejercito protector, le indicaba claramente al gigante del norte, su decisión de mantenerse alejado comercialmente, por lo menos desde una óptima armamentística.Ya con aquel lote de implementos belicosos en manos del ejército y de muchos delincuentes hasta donde habían ido a parar una buena parte de esa artillería; se mostraba amenazante un poderío que trataba de mantener a raya a posibles alzados. Era esa la manera en la que aquellos grupos de civiles eran armados para que vigilaran que todo anduviese bien y apagaran cualquier candelita que se encendiera encendiendo por allí.           Fue en ese tiempo en que sentí que aquellos entes que de manera reiterada se habían presentado, primero en mis sueños y luego en cualquier momento de mi vida para advertirme de lo que se cernía sobre toda mi patria; no habían regresado. Me detuve a analizar las posibles causas de aquella decisión de quienes ya consideraba mis amigos; posiblemente mis aliados.Deduje en un principio que nuestros intentos frustrados de salir de un régimen que se prometía absolutista, había decepcionado de tal magnitud que logró el descontento de esas almas. También me incliné a pensar que ya la misión de esos espíritus estaba completada al mostrarnos aquellas visiones para nuestra reacción que ellos posiblemente ambicionaban oportuna. Me confundía profundamente y mis cavilaciones me llevaron a enfrentarme nuevamente con un estado letárgico mientras dormía, del cual se asomaba una especie de acertijo para tratar, con esa nueva estrategia; que se corrigieran tal vez los errores cometidos. Era una especie de “¡Vuelvan carajo!”,como lo expresara en una ocasión memorable, uno de nuestros héroes de la independencia, todo un gran centauro de las zonas llaneras; Presidente de la República de épocas remotas.           Tuve un sueño muy extraño, nacido de una tarde que estaba a punto de languidecer en la que observé detenidamente a una paloma herida que yacía en el patio de mi casa. Yo salí casualmente y contemplé con infinita admiración, como otra ave trataba de auxiliarla dándole ánimo;realizando prácticamente una danza a su alrededor. Permanecieron allí por mucho rato hasta que la noche lo cubrió todo con su obscuro manto. No quise encender el reflector, para dejar que la naturaleza hiciera lo suyo por lo que nunca me enteré de que forma le prestó la ayuda; pero de que lo hizo lo hizo, ya que bien temprano con la llegada de la albura comprobé que ya no estaba la paloma herida. Tampoco restos de plumas que indicara que alguno de los tantos mininos que merodeaban por allí, la hubiese devorado. Definitivamente que la naturaleza sabia nos da lecciones oportunas; lo que sucede es que muchas veces nos negamos a seguir sus pasos. Esa noche Francelina estaba de guardia, ya estaba estudiando su maestría en pediatría y puericultura y durante los días hábiles pernoctaba lejos de casa. Estando solo en mi alcoba me entregué a mis eternas cavilaciones. Pensé en aquellas palomas que me habían dado un ejemplo de nobleza y cooperación. Por supuesto que sin darme cuenta, el sueño me secuestro de la realidad. Sentí nuevamente, aunque en menor grado, la extraña sensación que años antes me había conminado a palpar en primera fila; los sucesos que conformaron el pasado político de mi patria, toda vez que contemplaba la historia de mi propia familia. Y soñé nuevamente. Tan pronto cerré los ojos abrazado a mi nuevo estado se sueño y vigilia al mismo tiempo; contemplé la figura de un niño de gran estatura y obesidad mórbida.Toda vez que contemplaba a aquel mozalbete, una voz bien modulada y de tono excesivamente grave, narraba lo que al parecer, era un relato histórico ensamblado en una ficción aleccionadora.           “Desde niño, él se sumergió en un mundo solitario y desconcertante, además de misterioso, dadas las peculiares formas de jugar, de divertirse. Era solitario, egoísta; resultaba ser misterioso. Se tratabadel muchacho,a quien nadie quiere tener al lado en el asiento del colegio. Aquel con quien nadie quería jugar, ni siquiera hablar. Era capaz de engañar hasta a su propia madre, de hacerle trampas; de burlarse de su amor, por tan sólo dar un ejemplo de lo lejos que podía llegar en su maldad. Ya era un joven demasiado crecido para la edad que portaba. Un hirsutismo prematuro había anidado en su fisionomía, y a un animal asemejaba, lo cual lo alejaba aún más de una mediana normalidad. Era en extremo alto, medía más del promedio que cualquier chico de su edad. Eran casi dos metros, y aún le faltaba crecer. Pero lo que más denotaba de ese muchacho, resultaba ser el extremo cantinfleo congénito que utilizaba, ya que al referirse a algún tema por más banal e insignificante que fuese; expresaba un parafraseo sin sentido, contradiciéndose constantemente. Decía una cosa, y al instante decía otra ajena a lo que ya había expresado; cosa que dificultaba a cualquiera, entenderle en lo más mínimo. Por ello su aislamiento, por ello su permanente soledad. Aprendió a jugar en solitario. A solas se entretenía, realmente era feliz a su modo. Ya había celebrado sus diecisiete primaveras, y lo fofo se le acentuaba cada vez más. Ayudaba a esa peculiaridad, lo enorme de su panza y un mayúsculo mostacho que ya lucia; y que cubría casi la totalidad de su rostro desfigurado por una magna fealdad. Desviaba la boca cada vez que hablaba, y a cada instante lanzaba un endemoniado silbido que confundía a cualquier oyente que por desgracia estuviera cerca de ese ser despreciable. Vagaba permanentemente a diario sin saber qué hacer, con la maldad en su mente queriéndola verter en una distracción, y hacerle mal a quien fuese. Sus brazos y piernas era lo que más sobresalía de su humanidad, y lo hacía ver ese gigante espantoso y maléfico, quien iba y venía maquinando quién sabe qué maldad.Había nacido lejos del territorio patrio, y la mujer quien lo parió lo abandonó sin dar explicación a nadie. El padre lo llevó consigo a suelos nacionales, lo introdujo en su enorme residencia y no hizo mucho más por él. El chico estudió las primeras letras, y definitivamente comprendió, al igual que lo hizo el mundo entero; que no había nacido para aprender nada. Era cerrado su cerebro a las luces del saber. La insistencia del padre en que aprendiera algo, fue estéril y al cabo de muchísimos intentos, los guantes fueron arrojados lejos, muy lejos; con la única finalidad de no recogerlos jamás. Pasaba los días y las noches en su enorme casa. En ocasiones, se le veía salir y adentrarse muchos días en la casa de un vecino también huraño y de aspecto desagradable; quien le enseñaba locuras, le inducia maldades y le lavaba eso que en su cabeza reposaba casi sin uso, y que en el resto de los mortales se le denomina cerebro.            Regresaba a su casa creyendo que había aprendido lecciones fabulosas de manos de su barbudo y locuaz vecino, a quien medio mundo odiaba. Esas enseñanzas las reflejaba en su día a día, y eso acrecentaba más la ridícula imagen. Ese perfilque los que tenían la desgracia de conocerle, miraban cada vez que movía sus músculos para realizar algún acto medianamente humano. Y eran precisamente esos actos, los que denotaban una idiotez, la cual le había valido con sobradas razones, un apodo; constantemente le apodaban “Burro”, aunque él no sabíala causa, o se hacía el pendejo. Evidentemente ese individuo no había nacido así. Era enorme sí. Pesó más de cuatro kilogramos y sus medidas eran máximas. Fue su padre quien desde niño, le indujo a la vagancia y a la ignorancia, al regalarle un enorme autobús de juguete. Resultó ser precisamente ese instrumento, el cual usaba permanentemente, lo que lo aisló del mundo; y lo condujo irremediablemente, a los brazos de la ignorancia y de la brutalidad. Cuando el padre se apersonó a aquella honorable vecindad con su enorme hijo casi de arrastre, se hizo ver puritano y noble. Fue ese padre demoníaco, el artífice de una tragedia. Usaba un lenguaje convincente y firme, como si de un General copado de estrellas se tratase.Ofrecía su mano amiga a cada momento. Cayó muy bien a simple vista, y sus vecinos lo querían con crecido afecto, dada la nobleza que creían que poseía.        El padre visitaba a sus vecinos constantemente, sobretodo al barbudo, quien estaba más cercano. A todos ellos les ofrecía muchos obsequios. Tenía en su hogar muchas joyas y muchos bienes, los cuales encontró de manera casual, en el sótano de su enorme y lujosa residencia; guardados como un tesoro. Eran varios baúles extremadamente antiguos, sabrá Dios de que época; los cuales en una excavación fortuita, encontró en el corazón de su casa. Repentinamente se convirtió en un hombre sumamente rico.Esas riquezasél las repartía a manos llenas a los vecinos cercanos; y también a algunos lejanos, quienes alimentaban su egolatría. Aquellos gobernantes oportunistas, a sabiendas de que ese ser miserable necesitaba sentirse adorado como un dios; le proferían idolatrías y adulaciones, a cambio de esos regalos magníficos que usaban para embellecer sus casas y darse los gustos propios de magnates y reyes.        En su casa había absolutamente de todo. De manera casual, en una ocasión que miraba el cielo desde su terraza;advirtió como volaban las palomas silvestres a su alrededor. Bellas palomas, con sus plumajes brillantes y sus gorjeos fabulosos. Parecían de alguna r**a exquisita. Las quiso para él. Colocó sus ojos en esas bellas aves. Eran únicas, magnánimas.Se prometió tenerlas para sí a todas.  Con esa meta en su cabeza, colocó en su enorme patio muchas casitas colmadas de maravillas y comodidades para ellas. El ardid no tardó en surtir efecto, y casi de inmediato, las aves embrujadas por esos lujos ofrecidos a manos llenas; se hicieron presentes. Comenzaron tímidamente a llegar de una en una, y al cabo de varios días; ya pululaban en todos los rincones de ese inmenso patio colmado de maravillas para las ingenuas aves. Él se les acercaba tratando de intimidar con ellas. Como respuesta, ellas volaban temerosas. La reacción de ese hombre, era vociferar insultos y maldiciones con intensidad.Se prometía con vehemencia, que las tendría a cualquier precio en su poder. Las quería a todas, era esa su tajante decisión. Lanzaba a diario las más variadas semillas en todo el patio y ellas, golosas, se alimentaban abundantemente. Sus plumajes resultaban ser cada vez más brillantes, y se les notaban nutridas y felices. Les colocaba frutas, agua en abundancia y nidos fabulosos para que procrearan libremente. Eran felices las palomas de manos de su benefactor. No fue rápido el proceso, pero al cabo de tantos regalos costosos; las inocentes aves se entregaron a las facilidades con las cuales sus alimentos se presentaban y además, recibían lujosas caricias. Llegaban seres especializados, y las acicalaban con majestuosidad. Eran felices todas ellas. Nada les costaba esfuerzo alguno.        El “padre” fue construyendo una enorme jaula, la cual abarcaba todo su jardín. Las palomas ensimismadas, comiendo a cada instante casi hasta reventar. Por estar siempre jugueteando con sus lujos; no se percataban que a su alrededor, era construida una enorme prisión que les robaría sus libertades. Nunca se imaginaron, lo inútiles que en un mañana demasiado cercano, iban a resultar sus bellas alas. En efecto, al poco tiempo la enorme jaula se cerró de manera definitiva a su alrededor y así, sin más ni más; se atascaron sus libertades. La jaula les cercenaba sus vidas y sus esperanzas; pero ellas no apreciaban el significado de la libertad que acababan de perder, y por la cual sus antepasados combatieron enormemente en la larga carrera por la evolución;lidiando ferozmente contra sus depredadores naturales que eran muchos.        El tirano se sentaba en su trono en medio del patio, el cual ya permanecía cubierto por la inmensa jaula, y las palomas se extasiaban con su presencia. Les daba alimentos que colocaba en sus manos, y ellas le coqueteaban mientras comían abundantemente. Les regalaban sus gorjeos y bailaban para él. Lo adoraban. Lo idolatraban en extremo. Lo amaban, y en cada movimiento de las aves, se notaba un crecido orgullo por ese ser; quien definitivamente les había rescatado de los brazos del infortunio, el cual
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