acostumbrada visita de todos los días, y Alberto siempre la acompañaba. En verdad ese día preciso no quise estar solo en casa. Por ello había decidido comprar alguna comida de esa que llaman “rápidas” para sorprender, aunque más que ello, buscabano sentirme tan solo. Escuché un alboroto repentinamente. Eran gritos que se escuchaban lastimeros. Inmediatamente me llegó a la mente algo que en una ocasión se había presentado en aquel sueño. Percibí que algo del futuro llegaba a mí, y en ese momento lo comprendí del todo. Lo consideré una pesadilla muy tétrica. En ese instante, cuando ese futuro se transformaba en un presente sombrío, supe que mi vida me había gritado en los confusos laberintos del tiempo, una especie de advertencia; un anuncio con el cual quería que estuviera preparado para un

