presentara, denotaba una perfecta y delicada formación humana. Al lado de mis hermanos, estaban sus parejas, las cuales para mí, eran también mis hermanos. Mi negra Mireya como cariñosamente le decíamos todos, Maribel que, aunque ya no hacía vida marital con Jaime, siempre estaba presente, puesto que nuestros tratos seguirían intactos. Yeslán y su dulzura, y Emil con aquel gesto de nobleza. Francelina y Alberto congeniaban con todos ellos. Mi padre se sentía el ser más feliz de todos, cada vez que nos reuníamos; por ello tratábamos de hacerlo con una frecuencia encantadora. Por otra parte estaba siempre presente la otra familia que la vida me había regalado. Mi suegra querida, doña Elina; a quien todos le decíamos “maíta” siempre con sus bellas palabras para todos a quienes amaba. Mis he

