a la caída de su antecesor, empezaron a ser alejados, hostigados y hasta privados de libertad. Algunos se guarecieron fuera del país. El dictador tomó explícitamente el dominio general, y emprendió un proceso de afianzamiento de su mando. Con su reciedumbre y socarronería, con su vivacidad natural y su asombroso conocimiento de los hombres, aquel malvado gobernante instituyó el más cabal ejemplo de gobierno totalitario que el país haya conocido; un régimen en el cual todo el poderío estaría en sus manos. Cuando a finales de aquella centuria y principios de la siguiente, el falso profeta (El Maligno) insistiría en instaurar un nuevo texto constitucional para elevar el número de años que duraría en el poder y luego, a todas luces pretender y lograr, que se aprobara una reelección permanente; sería esa la primera señal de que quería gobernar de manera indefinida, tal como lo hizo el viejo dictador llegado desde tierra andinas.
No fue diferente al tirano de inicios del siglo veinte. Sería aquel dictadorcillo, un miserable gobernante que no perdería ninguna oportunidad para lograr sobreponer los esfuerzos por militarizar a la sociedad, al ofrecer legalmente la presencia de una “Reserva”, que visualiza en cada residente mayor de edad, un potencial dable protector de la revolución. Estos nuevos cuerpos armados tenían que obedecer directamente al Presidente, lo que fortificaría su dominio al convertirlos en una especie de guardia personal, pues la misma estaría supervisada directamente por el jefe de Estado, por nadie más que él. Resultó ser otro déspota que atacaba de la manera más atroz a quienes le adversaran y luego, el heredero maldito afianzaría aún mucho más las torturas y persecuciones de adversarios despojando de legitimidad a uno de los poderes más legítimo que haya existido”. Aquello que llegó de mis recuerdos, me hizo temblar de rabia, lo confieso. Ya estaban tomando terreno lo militares. Ya se había dado inicio a una malvada invasión, pues ya la Administración Pública Nacional estaba siendo abarrotada de militares. Militares Ministros, militares presidentes de Instituciones ymilitares directores de Hospitales. Ya la vida civil había quedado relegada a menos que nada. No servirían en lo absoluto los conocimientos. Bastaba con ser militar y no sólo eso, ser leal hasta la muerte a “El Maligno”; para optar por un cargo de gran envergadura, sin importar que no tuvieran ni remota idea de lo que exigido en dicho puesto.
Estaba suficientemente claro, que habíamos resultados pendejas víctimas de las sucias ardides de un hombre sobradamente inteligente. Por esa razón, realicé varias llamadas. Mis compañeros del movimiento acordaron reunirse conmigo al término de dos semanas. Mientras yo me recuperaba de mis lesiones, permanecía solo durante mucho tiempo, puesto que mientras Francelina estaba trabajando, Albertico asistía al colegio. Ya tenía 10 años mi muchacho, y estaba bien grande y precioso. Nuestras vidas transcurrían apacibles en medio de aquella bonanza fantasiosa que nadie aceptaba como tal. Para todos, no era más que la labor sobrada de un estratega sin igual. A diario ingresaban chorros de petrodólares, y los mismos se revertían en lo que “El Maligno” comenzó a denominar: “Los Planes”. Así cómo en tiempos modernos existe un día para esto y un día para lo otro, en mi país existía un plan para esto y un plan para lo otro. Plan “El buen Barrio”, plan “Aprendiendo a leer y a escribir”, plan “Recibe tu casa propia”, plan “Los Tres Colores de la Bandera”; planes por cantidades industriales, hasta un plan para vender comida pareja y a costos irrisorios.
En esos “Planes” se invertían cantidades astronómicas de dinero, en detrimento de la inversión privada, y de la producción agrícola y pecuaria inclusive. Por ejemplo, el Plan del barrio bueno se refería a la atención médica primaria, llevada a cabo en los sectores populares, donde se construyeron miles de casitas a lo largo y ancho de todo el país, para ser utilizados como consultorios médicos. Fue allí donde se destacaron los “facultativos” de la isla gobernada por el barbudo dictador. Los médicos criollos pasaron a un segundo plano, y aún hasta más lejos. En relación al Plan para vender comida barata,terminó por causarle un daño irreversible a la producción nacional;puesto que casi todo lo que se expendía en aquellos mercados insalubres, resultaba importado. La fabricación de viviendas, las cuales entregaban hasta equipadas, desfavoreció grandemente a la empresa constructora privada. Las soluciones habitacionales eran regaladas a cambio de votos. Compraban conciencias con el dinero que era para el pueblo. La dignidad de la gente, era arrastrada a cambio de dádivas. La población realmente necesitaba esa “ayuda”, por eso se aprovechaban de sus carencias.
Una mañana tediosa, en la cual ya no encontraba que mirar en la televisión ni me provocaba hacer otra cosa, más que mirar el techo de mi recámara; recibí una grata visita. Frente a mí se presentó la inolvidable y adorada figura del novelista. El granescritor estaba a mi lado, sentado en un sillón muy cómodo que Francelina y yo habíamos recibido como regalo de boda.Casualmente, a mi lado en la mesa de noche estaba una de sus obras, la cual había estado leyendo la noche anterior. Interrumpí la lectura ya que el sueño me había dominado. “Marcos Vargas se quedó caviloso. Una vez más había oído cosas muy significativas que le eran particularmente aplicables. ¿Qué necesidad había de justificarse ante nadie por lo ocurrido en Tumeremo?... ¡Ante nadie! Y una vez más reprimió el movimiento de su alma, ahora hacia la imagen de su madre, de quien no había recibido noticias después de lo de Tumeremo”. Cuando me di cuenta de aquella presencia, como siempre me quedé absorto; puesto que no dejaba de aterrarme ser visitado por un fantasma, aunque fuese alguien tan grandioso como él. Muerto es muerto, por más famoso que haya sido ese personaje en vida. En fin de cuentas, estaba allí y yo sabía que no era por simple cortesía que había llegado. Supuse, como en efecto ocurrió; que tenía que expresarme algo muy importante. También como casi siempre, me limitaba a escuchar detenidamente los alegatos expresados por aquellos espectros.
“Muy buenos días caballero. Ofrezco disculpas si es inoportuna mi presencia. Hemos notado que por desgracia, ya ese hombre comenzó a quitarse la absurda máscara con la cual se hizo pasar como mojigato, por hombre de bien; por el mesías que todos esperaban. Ya nos extrañaba que no lo hubiese hecho antes. Sabíamos que ese paso era inevitable. Lo que sí deseamos es que ustedes abran los ojos,y se den cuenta que lo que están recibiendo son limosnas, soluciones momentáneas a sus problemas. Por favor, despierten a la realidad.Si no lo hacen, si persisten en caer en esa trampa del populismo, si se empeñan en vender sus conciencias y sus dignidades, vivirán los peores momentos en la historia de éste gran y hermoso país. En aquel sueño perturbador que te mantuvo atrapado, nosotros te presentamos lo que ocurrirá en ese futuro, de persistir ese hombre en el poder.Eso es precisamente lo que queremos que te encargues de evitar a toda costa.Por lo menos, luchen de manera incansable por tratar de evitarlo.
No me quedó lugar para ninguna duda al escuchar esas palabras. Recordé perfectamente aquellas visiones llegadas a mí, en el sueño que me mantuvo atrapado de manera inmisericorde. El escritor hizo especial énfasis al modular perfectamente sus palabras, cuando repitió todo aquello que se había presentado en ese sueño. Su presencia ante mí no tenía otra misión, más que advertirme acerca de lo que se avecinaba.Todo había sido una advertencia. Realmente ya las acciones de “El Maligno” hablaban por sí solas. Su apego a un movimiento diabólico,al cual se empeñaba en denominar socialismo, rayaba ya en lo absurdo. Manifestaba que lo primordial era la igualdad entre todos. Expresaba en todos sus discursos, que lo más importante de su gobierno resultaba ser la justa repartición de las riquezas.
¿Cuáles riquezas? Se trataba de una maldita burla. El pueblo vivía de las limosnas que él ofrecía creyendo que eran bendiciones. Mientras tanto, aquel odio desmedido hacia el capitalismo, resultaba ser de la boca para afuera como quien dice; puesto que a los pocos meses de su llegada al poder, ya toda su familia era millonaria, y hasta él mismo lo era. Vaya manera de odiar a la riqueza. El pueblo tenía sus ojos vendados ante esa realidad. Luego comprendí que no era eso, se trataba de un conformismo sin par. Mi pueblo se enfermó de una irrefrenable resignación. Él mismo se negaba a crecer, a vivir dignamente. La gente estaba callada, y lo estaría por siempre mientras recibiera aquellas dádivas. Bozal de arepa, le dicen a eso en mi pueblo. Por esa razón, el gobernante se empecinaba en invertir esas pequeñeces, en los mal llamados planes. Había dado resultado todo lo planificado por años.
Ante su país, e inclusive ante el mundo entero quiso mostrarse doblegado. Lo que se percibió de él fue una tergiversación de la realidad. Una gran estela de desdén lograba que se acentuara aún más, el terrible sentimiento de ineptitud que ya lo ahogaba en el mar de un fracaso que sentía que lo cobijaba “por ahora”. Se le apreció exhausto. Definitivamente, ese desaliento resultaba no ser tan reciente. Se supuso esa extenuación, consecuencia directa y lógica, de un fatigoso trabajo de meses; tal vez de años. Todo devino de las labores estratégicas ideadas pacientemente, con las que se quiso alcanzar una ansiada meta; pero que infortunadamente para él y para un gran número de sediciosos cómplices, resultaron ser un estrepitoso fracaso. Definitivamente le resultó todo lo fraguado con paciente estrategia. Su cara amodorrada denotó su miedo, su temor a lo que vendría después de esa intentona que no había podido alcanzar sus propósitos, tal como se los hizo saber a sus compañeros de armas quienes se mantuvieron distribuidos en las principales ciudades de ese país; tan pronto se hubo rendido.
Durante su confinamiento trazó estrategias, las cuales llevaba a cabo con ayuda de secuaces parásitos y aduladores. La gente lo percibió de inmediato, cómo aquel ser esperado desde siempre.Aquelcorajudo que quiso enfrentar a un sistema podrido, cómo él mismo lo expresó desde entonces. Disfrutaba cada fracaso del presidente que si caminaba, que una vez fue de frente y dio la cara. Curiosamente se llenó de orines el palacio de gobierno, previo a su advenimiento al poder. Su antecesor hizo el peor de los gobiernos. De esa manera se preparó el terreno para su llegada. De esa forma, la gente creía ciegamente en él. Era esa la más grande de las desventajas que se me presentaba en aquella guerra sin cuartel, que tanto mis amigos como yo estábamos preparando. Teníamos que hacer algo, para que ese ser despreciable no hiciera todo lo que desde ya se visualizaba en sus actuaciones; y de las que tenía en mente, ya que apenas aquella pesadilla estaba comenzando. Obviamente que no iba a ser nada fácil; pero por supuesto que lo intentaríamos. Moriríamos en dicho intento de ser necesario. En la capital de mi Estado, se fraguaba la formación de un grupo de personas que como yo, no se habían comido ese cuento de la benignidad de aquel hombre. Lo mismo sucedía en cada Estado de la patria grande. Mención aparte significaba el movimiento que crecía cada vez más en la capital del Territorio Nacional. Había un líder en cada región. Cada uno de ellos se encargaba de captar adeptos,para formar lo que desde ese momento se denominaría; el bloque del país.
El espectro del presidente modernista, el general como siempre le habían dicho, se presentó ante mí una noche en que estando Francelina de guardia y Albertico durmiendo; yo me deleitaba como siempre con uno de mis libros. Ensimismado me encontraba en aquella insigne obra de Emily Brontë, Cumbres Borrascosas:“El día del entierro fue el único que hizo bueno aquel mes, hasta el anochecer. El viento cambió de dirección y empezó a llover y luego a nevar. Al otro día resultaba increíble que hubiéramos disfrutado ya tres semanas de buena temperatura. Las flores quedaron ocultas bajo la nieve, lasalondras enmudecieron y las hojas tempranas de los árboles se ennegrecieron, como si hubieran sido heridas de muerte. ¡Aquella mañana transcurrió más lúgubre y triste! El señor no salió de su habitación. Yo me instalé en la solitaria sala, con la niña en brazos, y mientras le mecía miraba caer la nieve a través de la ventana. De pronto, la puerta se abrió y entró una mujer jadeando y riéndose”, cuando sentí aquello que ya era consuetudinario ya. Era una sensación en extremo extraña la que siempre sentí, cuando llegaban a mí aquellos espíritus, quienes se empecinaban en enderezar aquel enorme entuerto que ya estaba agobiando a mi país.No era la primera vez que lo sentía aparecer, y obviamente no iba a ser la última.
“Hola Jesús. Ya veo que no te extrañas que esté en tu presencia. Sólo vengo a quitarte un poco de tu tiempo. Comparezco en nombre de la divinidad con el finde darte una pequeña orientación, en torno a lo que ya se te ha hecho referencia en repetidas oportunidades. Escúchame muy bien: ese ser que ha llegado a esta tierra noble a sembrar la desesperanza, déjame decirte que no actuará solo. Ya debe estar dando muestra de lo acorazado que su régimen ha resultado. El militarismo perverso que tanto costó combatir y vencer, ha regresado y ésta vez con mucho más poderío. Ya debes haber notado, cómo se han inundado todos los rincones de militares, quienes erróneamente y en contra de nuestros principios, han abandonado los cuarteles para cumplir labores que no son inherentes al cuerpo castrense. Los mirarás cuidándoles las espaldas a esos parásitos politiqueros de mala muerte. Los verás cuidando comercios, y hasta robando al pueblo; cooperando en los miles de chanchullos, que serán el pan nuestro de cada día. Las Fuerzas Armadas llegarán, si ustedes no lo evitan, a masacrar al mismo pueblo. Será un caos total. Busquen al componente militar, y traten de hacerlos entrar en razón. Aún hay tiempo. Háganlo antes de que esa gente le agarre amor al dinero fácil”.Tan pronto me dijo aquello que me dejó más desconcertado de lo que ya estaba, el general se desvaneció como el viento, como lo que realmente era; una brizna de esperanza en el viento. Eso fue lo que me motivódías después, cuando nos reunimos en el patio de mi casa,algunos de quienes integrábamos aquel movimiento podría decirse, salvador de la patria; a iniciar mi intervención haciendo más o menos, un pequeño resumen de lo dicho tanto en mi sueño, como luego de mi despertar; por los mismísimos actores de las situaciones del pasado que por supuesto, habían generado ese presente que ya se presagiaba todo un desastre, en las manos del mismísimo diablo.
Por supuesto que nunca les dije la fuente de esa información, las cuales les expresaba a manera de deducción lógica.Evidentemente que nunca hubiese podido justificar eso tan fantasioso. De haberles contado mi realidad, de seguro no hubiese quedado ninguno en dicho cenáculo, ya que o me tomabanpor loco, o por lo menos me llamaban payaso o algo peor; por lo que creo que pudieran haber pensado de mí. Algo tan serio tenía que ser tratado con total probidad. Les expresé que de continuar el rumbo “El Maligno”, tal como lo estaba llevando, no tardaríamos en contemplar el inicio de la total ruina de nuestro país. Ya nuestra nación estaba sumergida en un lodazal de corrupción desde tiempos remotos. Ya en las últimas administraciones,se habían hecho grandes desafueros con las medidas erróneas que se habían tomado. Pero nada se comparaba con lo que sucedería, de continuar aquel ser ese camino que a todas luces, lucía aterrador.
Un camino encuadrado en un populismo desmedido, que no ofrecía más que desesperanzas a un mediano plazo. El pueblo no se percataba de ese grave error ya que, las dádivas no les permitían abrir los ojos. A pesar de estar entrando una enorme cantidad de recursos a través de la renta petrolera, la misma era usada para sostener unos regímenes venidos a menos; tales como la dictadura de una isla vecina, y unos gobiernos nacientes que copiaban su maldito socialismo. El flamante gobernante invertía nuestro dinero. Claro que lo invertía, y a manos llenas. Construía obras de infraestructuras, tal como lo hicieron aquellos gobernantes del siglo que acababa de concluir. Muchas arterias viales, escuelas, hospitales; de todo. Construyó con ese enorme chorro de dólares, un mar de edificaciones muy necesarias para el progreso y el bienestar de los pobladores. Pero lo paradójico resultaba que esas megaobras fueron construidas lejos de nuestras fronteras, en aquellos países cuyos gobernantes aduladores y oportunistas, succionaban unas riquezas que eran nuestras.
Cada integrante del grupo convino en apoyar los lineamientos que yo propuse, dada la realidad que estábamos viviendo y que era palpable con tan sólo mirar a nuestro alrededor. El pueblo estaba adormecido gracias a las dádivas que inteligentemente el dictadorcillo les proporcionaba, como si de menesterosos se trataran. No era una posición mezquina, una vista ideológica; era que se estaba viviendo ya el inicio de un despotismo adornado como democracia. El hecho de querer por sobre todos los medios, cambiar un orden constitucional, con el afán de alargar el período presidencial y acceder a una reelección; y de seguro que a otra y a otra más, no dejaba lugar a dudas que estábamos frente a una dictadura. Contrario a lo que procuró el dictador traidor de inicios de siglo, que quiso disfrazar la dictadura de democracia.Nuestros pasos tendrían en un principio que ser muy cuidadosos, puesto que desde el inicio de esa hecatombe, semalignizaba a quienes estuviesen en desacuerdo con los insanos ideales socialistas. La inmensa brecha entre un grupo y otro, comenzó a abrirse desmedidamente; en detrimento de los que se atrevían a pensar distinto a sus designios, los cuales eran prácticamente órdenes sagradas que había que cumplir al pie de la letra, si se deseaba continuar recibiendo “beneficios”.
La gente ignoraba, y eso aún lo pongo en duda, de que las dádivas que llamaban mercedes, no era tal. El malévolo gobernante vociferaba a todo pulmón, que a cada uno de los habitantes de la patria grande por ley divina, le correspondía una cuota de las riquezas que Dios dispuso para nosotros en el subsuelo. Recibían pues aquellas migajas, como la gotita de petróleo que cada habitante merecía sólo por el hecho de haber nacido en este bendito territorio. Por otro lado, de manera maliciosa, tal como todo lo que ese ser llevaba a cabo;la segmentación de la colectividad se disponía en dos grandes sectores, a saber: el de los fielesa él,y el de los antipatriotas o enemigos a muerte. Podría decirse que el de los ricos y el de los pobres, el de los buenos y el de los malos. Con esa finalidad, el hijo del demonio usaba ese desmedido populismo para con él, aniquilara quienes se oponían. Estaba allí esa realidad tan tajante, tan nefasta; tan cruel.El sendero mostrabalos rasgos de lo que cada vez con más poderío, parecíaapartarse de las reglas de lo que dictamina la democracia verdadera, las mismas quese habían visto empequeñecidas en aras de un dominio que desde un principio y hasta siempre, pretendíaaglutinarse cada vez más en el presidente.Por ello la grave amenaza a la dignidad, a paz y al futuro de todo un pueblo. Por eso su grito de guerra: “Quienes quieran un país poderoso, sólo síganme”.
No tenía precedente alguno en la patria grande, el hecho de que un hombre que nunca había tenido participación alguna en la política de un país, un militar desconocido por completo, líder de un grupúsculo que muy posiblemente ni a eso llegaba; hubiese llegado tan lejos. Un ser despreciable, quien se había encargado a lo sumo, de llevar a cabo reuniones ocasionales para hablar del padre de la patria, y criticar duramente a la riqueza como culpable de su desgracia; pudoincluso llegar a ser Presidente de la República. Me preguntaba casi que a diario, el por qué aquella manía compulsiva de hacer creer a medio mundo y hasta al mundo entero, que los Estados Unidos tenían cómo única meta, invadir nuestro territorio y sustraer nuestras riquezas. Efectivamente ese ser dio inicio, a una animadversión desmedida contra quien ejerciera el gobierno en esa nación. Acusaba constantemente al régimen de gigante del norte, de tener espías, de querer asesinarlo, de que estaría llevando a cabo un complot en su contra; entre muchas otras patrañas, con las cuales justificaba un desmedido temor. Un miedo terrible, el cual albergaba producto de noches tras noches de insomnio, pensando que pudieran hacerle lo que cobardemente intentó hacer él; con el propósito de llegar a la palestra pública.
A la larga lista de padecimientos de ese hombre, se le agregaba una nueva entidad que ciertamente nosotros denominamos “conspiracionismo”, puesto que miraba en todo cuanto no estuviese de acuerdo con sus marramuncias de traidor.De esa manera, tras ese enorme etiquetamiento, ese alguien era execrado, odiado y hasta agredido físicamente. Quien resultara víctima de su terrible manía, no podía acceder a nada de lo que por derecho divino podría pretender, como un trabajo digno por ejemplo.Esa etiqueta, ese estigma, lo señalaba desde la distancia inclusive. Tales fueron los casos de quienes ejercían sus labores en la estatal petrolera, la empresa más importante del país; profesionales a carta cabal en su mayoría, que ocuparon cargos de envergadura. Ese grupo de trabajadores, se opuso a una gran cantidad de decisiones,talcomo el envío diario de grandes cantidades de crudo a la isla del barbudo dictador y a otras naciones aliadas, de manera gratuita.Esa contrariedad sirvió para que ese hombre, quien ya se creía dueño y señor del país, ejerciera un odio desmedido contra ellos; sometiéndolos al escarnio público, despidiéndolos de sus cargos en pleno programa televisivo.Recuerdo tristemente cuando, con una trompeta en la jeta, en medio de uno de esos maratónicos discursos que acostumbraba a hacer, como la más grande payasada que gobernante alguno pudiese haber ideado, y que le confería un maquiavélico título de alocado Guasón; despidió a cada uno de esos trabajadores.
No existirá nunca una ignorancia tan nefasta, como aquella que la propia persona se atribuye, arropada por una adulación desmedida a un gobernante que le asigna los recursos que por justicia divina le corresponde.No existirá peor ciego, que alguienque aun viendo; lo contemplado lo perciba no cómo lo que realmente es, sino como lo que otra persona quiere que sea.Ni habrá peor sordo que quien aun oyendo, no escuche la voz de su propia conciencia. De ningún modo se imaginó el pueblo, lo que aquella ridícula sentencia televisada ocasionaría al país, ya que la empresa petrolera quedaría desde ese momento en manos inexpertas. Saldrían favorecidas varias naciones, hasta donde fueron a parar aquellos cerebros excesivamente talentosos; aquellos genios expertos en materia petrolera. Pronto lo haría el resto de la masa laboral, especializada o no. Quedaría desde ese instantenuestra principal empresa en manos inexpertas, y los resultados nefastos no se harían esperar por desgracia. Daba muestra el demonio, con actitudes como esas, de un miedo sin parangón. Permanecía cernido sobre él, aquel temor según el cual, siempre se sentía amenazado por factores de poder externos e internos, los cuales miraba en quien no comulgara con sus ideales, y rechazara sus funestas decisiones.Temiendo un aplastante complot en su contra, como el que siempre tuvo hasta el final de sus días, vio en las fuerzas armadas un aliado incondicional; pero al que tendría mantener contento a fuerza de ascensos inmerecidos, regalos onerosos y puestos estratégicos.
Desafortunadamente teníamos que esperar que las cosas fuesen fluyendo. Hasta ese momento,aunque ya se palpaba aquellas muestras de totalitarismo; actuar así por así, consideramos que no era lo más prudente. Pero por otro lado, si esperábamos que el pueblo engañado abriera los ojos, envejeceríamos nosotros, nuestros hijos y demás descendientes mientras eso ocurría. Tenía que suceder ese algo que yo sabía que sucedería; pero que decirlo a mis aliados sería una enorme imprudencia. Mientras tanto, mi hueso sanaba muy lentamente. Mi recuperación fue muy tórpida, y se retrasó mucho más dela cuenta. Tuve que ser sometido a varias intervenciones quirúrgicas, hasta que por fin resolvieron retirar de interior de mi fémur, el clavo bloqueado intramedular que ya estaba siendo rechazado por mi organismo, y estaba produciendo todas aquellas desagradables molestias. Desde que los especialistas decidieron esa mágica estrategia, mi mejoría fue totalmente notoria. A los pocos días dejé de usar el bastóny meses después, casi a dos años después de aquel trágico accidente; ya me estaba reincorporando a mi vida habitual, incluyendo con ello a mi trabajo. A mediados del año 2.002, ya estaba vistiendo mi adorado uniforme blanco nuevamente; cosa que me hizo inmensamente feliz.
Mi vida familiar al lado de mi amada esposa, y de mí adorado hijo no podía estar mejor. Ella triunfaba cada vez más en su profesión, y Alberto ya estaba cursando el bachillerato, además de eso, nuestra unión familiar crecía con cada día que pasaba. La armonía, la salud, la paz y toda la tranquilidad del mundo;estaban presentes para nosotros. A pesar de ello, habían sucedido algunos hechos sumamente tristes en mi familia paterna. Mi tía Mercedes, mi tío Toto al igual que mi tío Tista; habían fallecido con pocos meses de diferencia. Lamentablemente, no pude asistir a ninguna de aquellas exequias dada mi condición; pero mi tristeza y mis condolencias,permanecieron con todos nuestros familiares más allegados. Un año antes había muerto mi tía Luisa. Nunca la conocí, pero mi padre siempre me había dicho que físicamente, era muy parecida a la tía Mercedes. También me produjo hondo pesar su partida a otra dimensión. Mi padre sí asistió conjuntamente con Jaime y Zenoncito. Para ese entonces, la familia había crecido mucho puesto que la nueva generación se había expandido tanto que ya varios nietos habían llegado para felicidad de todos. Dimas y Mireya procrearon 3 bellezas: Eduardo, Dijeimi y Dimelvis. Jaime y Maribel por su parte tuvieron a Jimmary e Isaimar. Zenoncito y Yeslán vieron nacer a Yozeth, Yozcelin y Jessferson; luego llegaría Jhoangel. Yo por mi parte tuve la dicha de procrear a mi Alberto, y a pesar de ella haberse ido, agradezco a Dios que me dejó esa gran bendición. Juanita aun no tenía el enorme placer de procrear a la niña de sus ojos.
Desgraciadamente en esa fecha mi madre ya presentaba un quebrantamiento tal en su salud. Por ello había decidido dejar de cumplir sus terapias. Sabía mi pobre madre, que el maldito cáncer ya se había adentrado tanto en su camino. Estaba consciente que ya ningún tratamiento podría salvarla de su trágico sino. Ver a mi madre así, me partía el alma. No existirán nunca palabras para describir el terrible dolor que sentí al verla sufrir, y que aún siento; y estoy más que seguro, que sentiré por toda la eternidad. Ya era un hecho inevitable la partida de mi santa madre. Recordé entonces, aquellas palabras dichas por mí en aquel sueño detestable, el cual me mostró tantos caminos andados y por andar, en los cuales se presentaron tantas desventuras. “Mírame madre santa, mira mamá a este rostro que ya alberga una tristeza tan grande, un mundo de dolor y también de pena. Mira a este rostro que algún día sonrió de satisfacción, de emoción y de gloria, cuando se movía mi corazón; cuando era el vivir, la exquisitez de una razón. La razón de estar a tu lado, de ser hijo de tu vientre; de ser hijo de un amor, de ser tu hijo madre. Mira mamá, mira cómo de destrozado, tengo a este triste corazón.