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4564 Palabras
Quiero mirar hoy al cielo, y realmente no puedo. No puedo mirar lo lindo y maravilloso, lo tierno que son hoy las nubes. No puedo mirar lo grandioso, no puedo porque es hermoso y mis miradas son tristes. Ellas ya no miran a ese cielo que de bellezas es lleno, que de preciosos encantos hacen mirar con el alma, hacen soñar con lo grande que es la naturaleza, que emociona; que es la realeza, que es la magia. No puedo mirar porque mis ojos no miran. Porque de ellos es este interminable llanto. No puedo madre, no quiero ver una vida donde no ya no estás. Hoy gime mi vida toda. Hoy es la tristeza la que reina, es el llanto el que persiste y hace que un mundo que existió  en ésta mi vida, hoy ya no existe, es mi mundo ya marchito; donde el dolor y la pena es sólo lo que florece, como lo hace el recuerdo de una vida. Como florece el dolor en mi alma, y en mis tortuosos caminos. Madre, morí en la tarde de la triste alborada, cuándo la vida te alejó de mi vida hoy desgraciada. Morí el día en que te fuiste mi amada”.           Mientras que con todo el dolor del mundo posado sobre mí, contemplaba a mi madre consumirse cada día más; mi país resultaba también día a día,atormentado por la peor estafa política, económica y social que había sucedido en su historia. La cantidad de dinero producto del rentismo petrolero, era inimaginable. Una cifra nunca antes percibida y de la cual, muy poco se ingresaba a las arcas públicas; de esa mísera cantidad, sólo una pequeña fracción se invertía en obras públicas. Otro poquito,se regalaba a los pobres para que se mantuviesen contentos, y no demandaran nada más. Nunca, pienso en éste momento, así como le he pensado siempre; nadie debe conformarse con tan poco. Hacerlo, significa mermar alguna posibilidad de poseer algo más.Lamento que mi pueblo haya sido tan ingenuo. Desgraciadamente lo fue, y de manera desmedida, inimaginable. A tal extremo, que ya dependían emocionalmente de las palabras de aquel despreciable ser para todo. El país estaba colmado de su cara dibujada en cuanto muro les diera la gana. Era ese el signo más característico de un fascismo,que a todas costas trataban de ocultar.Si los ciudadanos no lo miraban, era sencillamente porque no les daba la real gana. Nosotros si notábamos aquella macabra manera de gobernar, la cual ya se posicionaba en cada rincón de mí amado terruño. Ya para ese tipejo, así como para su séquito de secuaces, el término “fascismo” se habíatransformado en lo que podría denominarse “camaleón”: favorable para todo, y empleado para lo que fuere, sin dureza ni exactitud; puesto que los muy imbéciles no sabían a ciencia cierta, que significaba dicha palabra. También ignoraban que era él, quien estaba abrazado de esa corriente hasta en los tuétanos. Ya era notorio para quien quisiera tomarse la molestia de observar más allá de sus propias narices, que el hijo del demonio no podía ocultar el hecho de que el Estado era todopoderoso; y que a través del mismo, él lo controlabaabsolutamente todo. Ya cada individuo tenía queestar sumiso y subordinado a las líneas de su personal poderío.Él tenía la potestad deproceder libremente, con el propósito de arrinconar a quien se opusiera a lo que fuere.Ese adefesio también fomentaba el belicismo, de tal manera que en poco tiempo, los militares lo ocuparían todo. Su deseo se veía cumplido,cada vez que sentía quele rendía un cultomístico.Una enorme campaña de adulación se extendía por doquier. Por ello, los jalabolas se encargaban de que su retrato estuviese por todos los escondrijos. Presidíaactos ceremoniales, apadrinaba graduaciones y en cuanta reuniónimportante hubiere, tanto pública como privada; no faltaba su prolija labia. En todos los rincones de la patria, y hasta fuera de nuestras fronteras, se le personificaba como el benefactor de unanaciónoprimidadesde siempre;y otras ocasiones, como el padre de la misma. El culto a su personalidad deadalid,era ya obsesivo y compulsivo;inclusive a la hora de saludar, se hacía utilizando su nombre antes de emitir cualquier palabrerío.           No hay peor miseria humana que aquella que nace del engaño. Y engañar a todo un pueblo, a un conglomerado que confió plenamente en el poderío de unas palabras venidas de un hombre que en su momento, fue considerado el benefactor de todos los sufridos; significa la peor de esas miserias. Eso tristemente fue lo que ocurrió en mi país. Precisamente se produjeron unas promesas satíricas, antes de ser hecho realidad un miserable movimiento, que destronaría para siempre la esperanza y la dignidad de dicho pueblo. Bien lo dijo en una ocasión alguien muy sabio, que puede el pueblo burlarse de su gobernante; pero jamás un gobernante debería burlarse de su pueblo. Y esencialmente fue eso lo que sucedió.Eseser satirizó a todo un pueblo haciéndolo creer en unos milagros prometidos, que él sabía que nunca se harían realidad. Propuso su nueva vertiente: “El Socialismo”;un movimiento, según sus propias palabras, venido del cielo; cuyo propósito bendito significaba ayudar a los más necesitadosa salir adelante. Su pensamiento doctrinario, sugería que nunca se deberíaexcluir la propiedad privada. Jamás estaría de acuerdo con las expropiaciones.Infería que la intervención del Estado en la economía erasignificativa.Pero al tiempo,expresaba que debería ser el sector privado quien tendría quedominar dicha economía. Sus palabras envolvían a cualquiera. Enredaban sus alegatos. A pesar de ello, todos le daban la razón. Consideraba también, que se debería respetar a quien tuviesedinero, evidentemente que respetando sus logros, lo hecho con su trabajo y su esfuerzo personal. El sátrapa en su momento, había prometido que las clases sociales más desposeídas, tendrían proyectos para salir de la miseria. El pueblo en su gran totalidad, percibió aquellas promesascomo algo muy positivo. El tiempo se encargó de hacerles ver, que todo fue una vulgar mentira. Lamentablemente lo entendieron demasiado tarde.           “El Maligno” comenzó a utilizar un discurso colmado de odio, el cual sucumbió todo asomo de decencia en mi país. El respeto hacia el prójimo comenzó a resquebrajarse, ya que se escuchaban a cada momento, palabrotas venidas desde quien ostentaba una investidura que tendría que ser llevada con hidalguía; pero por sobre todas las cosas, con probidad, con educación y mucho respeto. Pero ese ser despreciable, hizo todo lo contrario a lo que ante el mundo entero había prometido. El constante desprestigio al adversario, las sempiternas palabras obscenas a cualquier hora y a través de los medios tradicionales de comunicación, y luego por los medios que fueron naciendo con el modernismo, colmaban el léxico del pueblo de nuevos recursos; despreciables por demás. Nadie se escapaba de aquella lengua sanguinaria. Profería un discurso que se etiquetabafundamentalmente por su odio,frente a los partidos políticos, contra la Iglesia, sobre todo, la católica (llamaba demonio a un reconocido cardenal y a muchos de los representantes de nuestra iglesia), contra los medios de comunicación, contra los empresarios; contra quien le adversara, fuese quien fuese. A los gremios profesionales les denominaba«Cúpulas podridas». Ese constante insulto le hizo un desmedido daño a mi país, al país de todos, mismo que recibió tanta gente sufrida que huía de todo cuanto acontecía en el mundo; en especial luego de sucedidas las dos conflagraciones mundiales, y que escogieron estas tierras para crecer en ella, para progresar, para echar hacia adelante y criar a sus hijos. Como ya me había incorporado a mi vida habitual, tan pronto me sentí preparado, viajé a la capital, donde habíamos quedado en reunirnos todas las personas que nos sentíamos comprometidos con la liberación de nuestra patria.A esas alturas, ya se había agregado un grueso número de personas que sentían, al igual que yo, los embates que el Presidente de la República estaba ocasionando con su totalitarismo. El descontento había comenzado a surgir, y amenazaba con extenderse en buena parte del país. A pesar de que en un principio se trató de un grupo minoritario, ya se contaba con los profesionales y técnicos despedidos de la industria petrolera, con los demás gremios profesionales que sintieron la bocanada de desprecio proferida por ese depravado hombre, y con un buen número de militares que estaban en total desacuerdo con el viraje que había tomado el gobierno; cosa que lo alejaba a grandes pasos, de lo que en un principio se había ideado. Todos fueron enterados de la reunión; pero sólo asistimos una representación para evitar sospechas. Habíamos decidido que hasta ese día, estaríamos en aquella especie declandestinidad que nos había cobijado desde que decidí contactar a aquel grupo de personas; del que surgió cual volcán, ese estallido de dignidad que hasta hoy en día continuamos sintiendo. Teníamos derechos, y aunque se nos negara la libertad de oponernos a lo que a todas luces significaba un movimiento atroz que ya estaba causando mucho daño, seguíamos adelante. La propuesta dirigida a la gente que no estaba enceguecida por aquellas limosnas degradantes que impedían ver realidades, era por nuestro futuro, y también por el de nuestros hijos y demás descendientes que llegarían con el paso del tiempo; a un país prometedor como todos nos lo merecemos.           Fue así como nació lo que hasta ahora se ha denominado Oposición Nacional, fuerza leal a nuestra patria, y que comenzó a luchar contra lo que sin tapujo; se adentraba cada vez más en la mente del colectivo. Un mísero gobierno que se aprovechó desde un principio, del hambre y demás necesidades de un pueblo sufrido, con el fin de cometer los peores desmanes que se hayan conocido en nuestra historia. Un execrable gobernante que valió de la fe ciega de la gente para, en su nombre, lograr sus mezquinos propósitos. Por esa razón, salimos a la calle una mañana radiante en franca caminata por el centro de la capital. Previo a ello, y a pesar de su desacuerdo, el Estado no tuvo otra alternativa que darnos una autorización para esa primera marcha. La Constitución Nacional es muy clara en cuanto al derecho a la protesta pacífica. De todas maneras, desde muy cerca, los cuerpos de seguridad del país vigilaban nuestros pasos, bloqueando uno que otro camino por si se nos ocurría desviarnos; pero nada de eso ocurrió. La paz fue nuestro lema y hasta ahora continúa siéndolo, aunque dicha paz fue vista de manera errada por los adeptos a la miseria de un gobierno, el cual nos consideró desde ese primer intento de salvaguardar la dignidad; cómo lo peor, cómo verdaderos apátridas. Se inició de esa manera un descontento nacional. A pequeña escala, pero eran pasos esperanzadores. Algo insólito sucedió dentro de los cuarteles. Oficiales de alto rango en su mayoría, se rebelaron contra lo que consideraron una traición a aquellos principios que aún en ese entonces enaltecían la dignidad de las Fuerzas Armadas Nacionales. Aún se podría decir que había dignidad y ética en el cuerpo castrense. Al sentir que se formaba un totalitarismo, alzaron su voz de protestas varios Generales, quienes de inmediato; fueron malignizados y execrados de las filas de una fuerza que los había albergado durante muchos años. Ya algunos se habían marchado por cuenta propia, solicitando una baja que aún no correspondía; pero que estaban en todo sus derechos de pedirlas por cualquier causa justificada o no, y vaya que sentían tenerla.Ese grupo de valerosos soldados,manifestaronlosinfortunios y las arbitrariedadesque cometían los funcionarios del gobierno,así como aquel detestableapego a las directrices manadas desde la isla del barbudo dictador. Se apoyaron en un designio constitucional, el cual establece el derecho a oponerse al régimen cuando el mismodeja de respetar las formas de la democracia. Pero la inteligencia de ese gobernante fue tal,que de nada sirvieron esos alegatos, ya que ante los ojos del mundoentero, el sistema imperante en nuestro país era el democrático; y así lo reafirmaban la mayoría de los países del orbe. Mal podría expresarse que un gobierno demócrata,estuviese desapegado a las reglas de la propia democracia, por lo tanto, aquellas acusaciones sentidas cómo malignas, fueron rechazadas en pleno por los países que defendían aquel nuevo modelo; el cual había sido vendido inteligentemente por muchos medios comprados con nuestros peculios. A la luz de la destitución burlesca del gerente general de la estatal petrolera, precisamente por sublevarse a todas aquellas arbitrariedades, y negarse a continuar sustrayendo los recursos de la patria para repartirla a manos llenas a varios países vecinos, con la ridícula pretensión de hacerse parecer ante los ojos del mundo como el gran benefactor; se decidió emprender una cruzada general de protesta, aunada a un gran paro cívico nacional. Los gremios profesionales, los sindicatos en su gran totalidad, los medios de comunicación, la alta jerarquía de la Iglesia Católica, los comerciantes agrupados en un órgano colegiado que asumió en nombre de los mismos las riendas de aquella expedición libertaria; se unieron al descontento del grupo de militares, de los despedidos injustamente de la principal empresa del Estado y de la sociedad civil la cual yo era uno de sus dirigentes.Salimos a la calle antes de la albura, con la firme intención de no retornar a nuestros hogares, hasta que no se recobrara el orden democrático de nuestro país; que desde hacía buen tiempo se sentía desviado. En todos los rincones del país surgió aquel gran descontento. Ya muchos habían abierto los ojos y salieron a protestar; aunque un grueso número de gente del pueblo, sintió que no eran más que gente rica reclamando por un estilo de vida que sentían perder. No miraban a una lucha por recobrar la dignidad, sino a una pelea egoísta de los ricos contra los pobres, ignorando que nosotros también éramos gente pobre, sufrida, del pueblo; pero que reclamaba por continuar viviendo en un país con igualdad de condiciones, con oportunidades para todos, con calidad de vida y por sobre todo; donde poder vivir dignamente, no recibiendo las dádivas que aquel hijo del diablo pensaba que merecíamos.           Todos se dirigieron hasta la capital de la República. La enorme movilización fue programada con una meticulosidad digna de admiración. A primeras horas de la mañana, comenzó a sentirse un gran río humano que se fue concentrando en pleno centro de la ciudad, y que ocupó varias avenidas colmando la ciudad de un gran caudal de personas que vociferaban al unísono, la salida de aquel ser que sentían que había torcido un rumbo y un propósito prometido en una campaña electoral saturada de mentiras. A pesar de haber sido una marcha pacífica, no se hizo esperar una reacción que pocos esperaban, ya que nunca se pensó que un gobernante que se hacía llamar demócrata, podría proceder de esa manera tan atroz en contra su propio pueblo.La sangrientaintransigencia del Gobierno, reprimió nuestra movilización por medio de las fuerzas públicas, supuestamente leales al orden constitucional.La gran represión se tradujo en varios cientos de fallecidos. Se produjeron cuantiosas pérdidas materiales. Se generó una monumentalzozobra e incertidumbre.           Fue en ese preciso instante de gran tensión para todos los habitantes de nuestra patria, cuando nos percatamos del real alcance de las fuerzas de ese gobierno diabólico. Tan pronto comenzó a llegar nuestra gente a colmar las principales avenidas capitalinas, un gran número de motorizados fuertemente armados, comenzó a ubicarse en sitios estratégicos. Estaban más armados que los mismos efectivos castrenses. Eran cientos de ellos. Aunado a ese denigrante hecho, en los grandes edificios cercanos al sitio de la marcha multitudinaria, se apostó un grueso número de francotiradores; quienes fueron los culpables de una gran cantidad de muertos productos de certeros disparos en sus cabezas. A ese grupo de civiles armados hasta los dientes, se les llamó “Círculos Libertarios”. Se trató de un grupo formado en su mayoría por ex presidiarios, quienes habían sido liberados de manera deliberada; con la firme misión de proteger los intereses del gobierno, el cual por primera vez se veía amenazado por una gran cantidad de personas descontentas. Debido a esa gran amenaza, el Presidente se dirigió al país a través de una cadena general de radio y televisión, con el propósito de manifestarse en contra de una desmedida amenaza al orden constitucional establecido, llamando cobardemente al pueblo a salir a la calle en defensa de su gobierno progresista. Aquellas falsas palabras fueron esgrimidas,mientras en sus manos portaba el crucifijo heredado de su bisabuelo. Nuevamente se le notó consternado y extenuado. En ese momento se supuso esa extenuación, consecuencia directa y lógica; de lo cagado que estaba de que el pueblo lo mandara a comer una gran cantidad de excrementos. Nuestras fuerzas estaban fortalecidas, a pesar de la gran cantidad de muertes que esos sanguinarios provocaron, y que achacaron a quienes habíamos planificado aquella descomunal protesta.Nunca desfallecimos, todo lo contrario, obtuvimos más empuje al saber que nuestros compañeros y también uno que otro adepto; ofrendaron sus vidas en aras de un futuro que desde hacía bastante tiempo se visualizaba desconcertante. Por mi parte, nunca hubo ni habrá ninguna ideología o fanatismo por determinado partido político o grupo de gobierno. Nada de eso. Confieso que en una ocasión, cuando el caminante regresaba al ruedo por su segundo período de gobierno, y aspiraba yo ingresar a la Administración Pública; tuve que declararme seguidor del partido político a que él pertenecía y hasta milité en dicha organización. Fui mucho más allá inclusive, hice campaña por su candidatura visitando varios pueblitos de la serranía cercanos al sitio en el que ejercí por seis años mi profesión; tierra donde nació mi hijo. En ese caso milité activamente en la política; porque necesitaba un beneficio personal como lo era ingresar a trabajar en aquel hospital rural, como en efecto ocurrió. De resto, nunca me vi involucrado con ningún grupo gubernamental, puesto que detesté desde siempre esa vida; más cuando ocurrió aquel extraño e inesperado levantamiento militar con las consecuencias que en ese momento estábamos viviendo, aunado a todo lo que visualicé en mi insólito sueño, aparte de la visita de aquellos espectros que me advirtieron de la desgracia que estaba por llegar, y que ya sentíamos como la espada de Damocles sobre todos los habitantes de esta patria que una vez fue grande y que gracias a esa vertiente despreciable que había ofrecido un mañana colmado de riquezas por doquier y no había hecho sino, hundirnos cada vez más en el cieno de la pobreza; me decidí a iniciar esa cruzada que consideré sumamente necesaria para salvarnos de la hecatombe hacia donde nos dirigíamos sin lugar a dudas. Teníamos que salir de ese gobierno por una vía que no produjera derramamiento de sangre y aquella marcha fue considerada idónea. Lamentablemente no fue así. Con un gobierno de ese talante no puede hablarse de salida pacífica definitivamente.           En el mundo entero se ignoraba, gracias a aquella enorme censura internacional que hacía ver al diablo cómo todo un angelito; el sufrimiento de un pueblo que extrañamente aupaba y continuaba apoyando, como embrujado, a un gobernante que a todas luces los llevaba a un abismo infernal. Definitivamente fue toda una farsa, una marejada de mentiras aquello que se prometió durante largo tiempo aprovechando lo inefectivo de los gobiernos que le antecedieron. Con la llegada del enviado de satanás a la presidencia de nuestra patria, se dio inicio a la instauración de las bases de un régimen despótico, perfilado para favorecer a una pequeña fracción de la sociedad, además de resultareconómicamente fracasado. El irreversibleerror de haber creído en ese tipejo se palpaba en esos momentos en el hambre del pueblo, en aquella enorme y brutal represión contra nosotros que protestábamos apegados al derecho garantizado por nuestra carta magna. Se palpaba en la enorme taza de desnutrición infantil y en un largo etcétera que fue creciendo con el tiempo. La desgracia definitivamente se había apoderado de nuestra patria al parecer, para siempre. De todas maneras nosotros continuábamos en pie de lucha. Ya lo había visualizado yo en mi sueño poco antes de emerger del mismo. Y lo visualicé en aquella horrorosa presencia que sobrevolaba sobre los destrozos de un país que había sido completamente devorado, por años y años de corrupción y mentiras de la casi totalidad de gobernantes que no hicieron más que engullir todo a su paso, dejando las migajas para quienes realmente lo merecían todo. Entonces en aquella visión funesta se presentaba un enorme buitre vestido de verde oliva, con la cara demoníaca y el resto del cuerpo del ave. Batallaba con otros buitres echándolos de aquellos predios que quería para él sólo. Ese detestable ser convertía en aquella visión que presencié, a una patria grande en el país de los buitres, puesto que al final de un agreste camino sólo sería nuestro querido terruñopropiedad privadade esos buitres ávidos de lo poco que ellos mismos dejarían para la posteridad.           De esa manera se produjo en mi país una cadena de situaciones conflictivas que generó la paralización de la gran mayoría de las actividades, a favor de una democratización que se sabía perdida en manos de un gobierno totalitario que amenazaba con perpetuarse en el poder e irradiar su funesta ideología, hacia más allá de las fronteras patrias amenazando la paz de esta parte del continente. El totalitarismo palpado comenzó a surgir a raíz de una detestable decisión la cual le confería poderes especiales a ese ser perspicaz en extremo. El órgano colegiado encargado de esa diabólica disposición se había colocado desde un principio, a los pies del gobernante en cuestión. Se trató de unos poderes exclusivos que le asentían gobernar por especial mandato, además de presentar y aprobar un paquete de leyes acorde con su real gana. Se comenzó a tejer de ese modo, la perdición total de mi país. Se había habilitado al Presidente de la República para ser todopoderoso. Con esa herramienta en sus malignas manos haría todo cuanto se le ocurriera y vaya que se le ocurrieron muchas cosas. Apenas había sido aprobado ese adefesio de ley, comenzó a surgir de inmediato una indescriptible locura como fue el aso de una decisiónque aprobaba confiscar propiedades y beneficiar con ello a los campesinos que querían cultivar pequeñas extensiones de tierra.Todo lo demás que sucedió fue una especie de efecto dominó que nos había llevado hasta ese momento trágico en nuestra historia reciente. Mucha gente abrió los ojos luego de que resultaron aprobadas aquellas leyes anárquicas por completo. Por esa razón ocurrió algo insólito, aunque esperado por todos. Varios aliados del “El Maligno” le retiraron su apoyo al mismo procediendo a “saltar la talanquera”, cómo se dice en criollo. La trascendental razón de esa retirada intempestiva, fue la negativa del testarudo gobernante a dar marcha atrás a dichas leyes.           Yo me sentí defraudado desde un primer momento al sentir que luchaba contra la nada, en contra la corriente que significaba un pueblo ciego ante su propia realidad. No se podía hacer entender a una sociedad que se negaba a ello, a comprender que no era eso lo que merecía, un gobierno que los estaba despojando de lo más preciado que una persona puede tener, además de la vida misma como lo es la esperanza, la dignidad y la posibilidad de un mañana pleno para las futuras generaciones.En virtud de la gran cantidad de decesos suscitados por aquellas manos asesinas que cumplían los dictámenes del diablo, una noche de merecido sosiego en la capital, previo a una jornada de intensidad impredecible; mi querido abuelo se presentó nuevamente ante mí. En esa nueva oportunidad lo percibí angustiado. No supe de buenas a primeras si en el sitio fantástico donde merodeaba desde hacía un tiempo memorable se podría sentir angustia, desespero o preocupación que era precisamente lo que notaba en sus facciones entristecidas. Fue esa una verdadera tragedia para mí, puesto que me vi forzado a tomar una decisión que se vislumbró pávida. Mi querido viejo me alertó de una gran tragedia venida contra el pueblo que apoyaba la dignidad de toda una gran nación. Sus palabras elocuentes y empapadas de una verdad insoslayable; me guiaron a tomar dicha decisión. Volvería a casa, mi misión la sentí de ese modo completada. En mis sueños se me había pedido una reacción, una batalla; el desesperado gesto de luchar contra un monstruo de mil cabezas tal como ocurrió en una epopeya legendaria muy conocida. Mis visiones me habían demostrado la nefasta realidad que se estaba viviendo.           Mis compañeros de lucha se extrañaron de mi decisión. Lucharía desde otra perspectiva, les dijecuando exigieron una respuesta. Mi silencio no podía ser más elocuente. Fue recibido como un gesto de cobardía, pude notarlo en sus miradas. Traté de hacerles saber que en una primera reunión les había hablado de una hecatombe que se esperaba dados los primeros pasos de un ser despiadado que se había hecho de un poder convincente y que ese poder lo llevaría sin ambages a gobernar nuestra patria. Yo había prevenido a aquel grupo que nunca había creído en esas promesas demagógicas y populistas que se disfrazaron de esperanzas. Procuré explicarles que de aquellos primeros pasos dados por mí había surgido esa avalancha de opositores que componían una dignidad. Por mi parte sabía que ya mi misión desde esa óptica, estaba completada; sin embargo era necesaria la participación de las fuerzas vivas de nuestra sociedad, de todo un pueblo para de esa forma, salir de esa pesadilla que ya comenzaba a destrozar nuestras vidas. El pueblo tenía definitivamente que despertar. Ya mis palabras se habían adelantado a unos hechos funestos. Lo que fue percibido cómo una especie de premonición se hacía realidad. Bastaba con mirar en derredor. Eran sospechosos aquellos constantes viajes del Presidente de la República para reunirse con el malévolo dictador barbudo. Aquellas largas tertulias en las que recibía las directrices con las que se transformaría nuestra patria, en eso que apabullaba a ese noble pueblo, habitantes de tan bella isla, la misma que fue admirada y muy querida por Ernest Hemingway. No era un secreto los comportamientos altaneros e insolentes del Presidente para con sus homólogos que no comulgaban con sus ideales y el embrujo que provocaban en él, aquellos déspotas y sanguinarios gobernantes de países lejanos. Todos sabíamos de su lenguaje insultante y sus amenazas cobardes, mismas que cumplía sin chistar, dando órdenes a quien fuese sin tomar en cuenta lo que resultara o no de su legal competencia. Pensé en ese momento álgido de mi vida, que muy posiblemente mi decisión pasaría a los anales de mi patria como una cobardía. Ello me entristecía en extremo, me quitaba el sueño; me hacía mucho daño. El hecho de pensar que mi decisión podría amainar unos sagrados propósitos me desconcertaba grandemente, aunque sabía que ya las cartas estaban echadas y en mis sueños además de mis conversaciones fabulosas con aquellos fantasmas, se me había hecho saber que la lucha continuaría su camino hasta el final. Así las cosas, me sentí en santa paz conmigo. Nunca me arrepentiré de haber tomado lo que siempre he considerado una sabia decisión. Me regresé a casa no por miedo ni por traidor, lo hice por amor. En ella me esperaba una madre que estaba gravemente enferma y de la que no quise seguir alejado por nada del mundo, un padre, unos hermanos. En mi casa me esperaba mi esposa, me esperaba mi hijo. Contemplé la sonrisa de orgullo de mi hijo también en mi sueño, en ese sueño que perdurará en mí por toda la eternidad. Por ello me vine a casa, donde me
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