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4588 Palabras
esperaba el abrazo de mi familia. En la casa de mi sueño donde crecía bello mi hijo. Esa fue mi decisión tajante. Supongo que así lo entendieron ya que nunca sentí más reproches que aquellos de los primeros momentos, bien infundados por cierto. Desde mi nueva trinchera que resultaba mi vida cotidiana, en aquella ciudad que nos había adoptado desde hacía cierto tiempo; continué aquella laboriosa lucha tratado de enrumbar un proceder que se presentía perpetuamente inútil. Pero se trataba de una verdadera epopeya llevar a cabo esa lucha contra nuestros propios hermanos que insistían en permanecer de espaldas a lo que estaba sucediendo y que amenazaba con extenderse en el tiempo y en el espacio.           Los adeptos del gobierno no entendían que la lucha férrea que se estaba librando era en extremo necesaria, puesto que con ella se intentaba forzar al presidente para que remplazase su política financiera de tendencia socialista, por una más dada al libre comercio o en el mejor de los casos, a sabiendas de que nunca daría su bazo a torcer;  presentase su renuncia a la Presidencia de la República, resignado ante las funestassecuelas económicas emanadas de una acción de tal dimensión.Era de esperarse aquella testarudez de un hombre protervo, mismo que vociferaba que desfallecía de ganas por colocar sobre las brazas las cabezas de sus enemigos políticos, asarlos; quemarlos vivos quizá. Ese tipejo despreciable y malicioso que ridiculizó cobardemente a la gerenciaerudita de nuestra principal empresa, a quienes con un silbato en la jeta; despedía entre chascarrillos imbéciles, frente a las cámaras de televisión y en presencia de un auditorio multitudinario que reía sin ganas de aquellos chistes de muy mal gusto. Sólo la mente perversa de un ser de esa calaña, disfrutaba plenamente con el fallecimiento de un prelado de nuestra iglesia católica, cómo lo hizo en la oportunidad con un cardenal por el simple hecho de que el difunto, se opusierade manera categórica a su forma de enrumbar al país o de cómo se burlaría años después de un hombre honesto y trabajador que fue despojado del esfuerzo de toda una vida dedicada al trabajo de campo en su finca y que como consecuencia de ello, llevó a cabo una huelga de hambre que lo transportó directo y sin escala hasta los predios de la muerte. En esa ocasión, cuando el hombre agonizaba, las risas del mandatario se escuchaban en la lejanía. Era ese el tipejo que nos gobernaba, un despreciable ente que el mismísimo diablo había enviado a nuestra tierra gloriosa para hacer el peor desastre de la historia, para dejar un heredero cuando ya fuese reclamada su perversa alma por el príncipe de las tinieblas; con la firme finalidad de que siguiera sus pasos malditos en detrimento de toda una gran nación.           Estando apesadumbrado por el rumbo que estaba dando nuestra lucha, cuando faltaba poco para concluir aquel fatídico año, ocurrió lo peor que me ha pasado en mi vida. Mi santa madre no pudo continuar batallando contra aquella terrible enfermedad. Fue un día de noviembre,Al lado de mi viejita linda siempre permaneció mi padre, eternamente acongojado y presto a ayudarla.Mi padre siempre fue un gran hombre. Será por siempre, el hombre que influyó decididamente en mí para considerar que es la familia; lo más importante de la vida. Fue y por siempre será el señor Zenón de Jesús, la figura paterna que siempre albergué en lo más íntimo de mí, y de esa forma he tratado dignamente de llevar mi vida. Padres como él colman éste gran mundo de dicha, de buenos augurios, de felicidad y de un verdadero amor. En ese trágico momento lo miraba allí, absorto en un silencio grandioso que le atormentaba;con miles de lágrimas a cuestas e inmóvil, como esperando algo de la vida.Como quien ha sido abandonado alrededor de la nada, y no encuentra de donde o de quién asirse; para lograr sobrevivir en un mundo que construyó a fuerza de sacrificios, y colmado de mil bendiciones para su familia.  E día anterior a la partida de mi madre al paraíso, había decidido, dada su gravedad; quedarme varios días en casa, luego de procurar un permiso en mi trabajo. Ese día me quedé a dormir en el tinglado, en una hamaca que colgué cerca de la recamara de mis viejos.En la madrugada escuché un quejido lastimero. Con horror pude comprobar que dicho quejido era exteriorizado por mi madre. Ella valientemente había soportado con estoicismo, los rigurosos abrazos de esa maldita enfermedad sin proferir queja alguna, ni maldecir su sino. Me asomé a la ventana.En medio de la cama, unos movimientos delataron a una verdad. Estaba allí mi madre bendita, envuelta en los eternos sinsabores de un sufrimiento que se había ensañado contra ella, quien era una santa. Recordé lo que el gastroenterólogo que la consultó, me dijo en aquella tarde inolvidable.Un cáncer había anidado en su intestino grueso. Por desgracia, cuando se le practicó la colonoscopia respectiva y la consiguiente biopsia, se detectó una enfermedad que ya había avanzado maliciosamente a través de su sistema linfático; procurando una terrible metástasis, que devoraba todo a su paso. Era ya un cáncer en su forma terminal. Suponía yo que ese terrible día no tardaba en llegar. Se hizo todo lo posible por detener ese avance, extirpando gran parte de su intestino. La mutilación que sufrió mi madre, fue un duro golpe para ella; pero como siempre, ella supo sortear ese gran obstáculo. Del mismo modo, los eternos ciclos de quimioterapia la hacían sufrir en demasía, ya que aquellos endemoniados efectos colaterales resultaban sumamente desagradables. Aun así, aquellos sufrimientos no bastaron, y la enfermedad pudo más que ella.             En medio de aquella cama, estaba postrado el cuerpo sufriente de mi pobre madre enferma. De seguida, miles de recuerdos se agolparon tratando de llegar nítidos a mí. Recordé a mi madre como ese ser tan dulce y especial que había conocido. Recordé toda mi vida a su lado. No habrá nunca una situación más dolorosa, que mirar así a una madre. Palpar tan de cerca de la muerte, a ese ser que tanto se ama. Mirarla sufrir en demasía. Contemplé sus eternos cabellos plateados, y en ese momento mi respiración se entrecortó, y me quedé entonces estático en algún lugar de mis recuerdos. Me interrumpió el llanto que del exterior llegaba a mis confundidos oídos. Supuse que era Zenoncito quien sin poder evitarlo,había salido de la recamara donde nuestra madre sucumbía ante los desmanes de un flagelo tan cruel. Lloraba mi hermano a grandes gritos, y eso me producía esa terrible sensación que me embargaba. Luego llegaron Jaime y Dimas, además de Juanita quien, aunque convivía con ellos, había tenido que hacer un viaje impostergable. Me torturaba ese hecho, esa demostración de dolor y esa manera de pedir a Dios, que la madre de nuestras vidas no se marchara de nuestros lados. Era triste el escenario.              Cuando aclaró bien el día, nuestro padre se apuró a preparar el café. En los tiempos de antaño, mi madre no podía observar despuntar el alba, ni ver al sol avanzar en la inmensidad, sino llevaba a sus labios una humeante taza de café; pero ya todo había cambiado.Ya el café se quedaba esperando a esa boca primorosa que le acariciara.Ya las cosas bellas que mi madre solía hacer, quedaron esperando por esas mágicas manos de ternura, las cuales hacían miles de obras magníficas. Las imágenes nítidas de mis recuerdos, llegaban a mi aturdida mente con más premura cada vez. Desde que en el delicado cuerpo de mi madre anidó aquella maldita enfermedad, sus fuerzas no desmayaron, no amainó su ánimo y se acrecentó su valor. Siempre supo de la existencia de su grave enfermedad; pero no mostró el mínimo asomo de miedo. Quiso mi bella madre, enfrentar a esa afrenta de la vida con su más poderosa arma, con la valentía, con un gran decoro y con todo su amor; pero con sobre todo, con la intensa unión familiar que era su mayor orgullo.              En ese instante en que recordaba cómo fue la vida al lado de aquella elegante y gran dama que amaré por siempre, ella me contempló tiernamente; con una mirada que denotaba un gran amor hacia quienes la amábamos. Fueprecisamente esa mirada de mi madre, la que más me entristeció, la que más recuerdos me trae en estos momentos; porque fue la que me produjo un intenso dolor.Porque fue una mirada de despedida. Me había colocado a su lado, justo en el espacio que había dejado mi padre,quien hubo salido a llorar lejos de ella. Sentado tan cerca de ella, ella podía escucharme claramente. Le dije lo tanto que la amaba, lo tanto que sentía que estuviese padeciendo de ese modo tan grandioso.La bendije como tantas veces lo hiciera ella conmigo. Mis lágrimas bajaban en torrentes, al divisar las de ellas que emergían de aquellos ojos tan tristes para recorrer un último camino. Nunca imaginé que un dolor pudiera ser tan intenso, cuando aquel día mi madre inició su intensa agonía, la cual más tarde la llevaría directo a los brazos de la muerte. Hoy en día contemplo aturdido aún, la bella fotografía en la cual aparece mi madre colmada de vida, mostrando con extraordinario orgullo una de sus más preciosas miradas.Siento que mis miradas fueron muy afortunadas al encontrarse con las de ellas. Me acerqué aún más a ella, en el preciso instante en que extendió su mano como queriendo tocarme. Fue una apariencia muy triste la que presentaba aquella bella dama, quien siempre tendrá mis mejores pensamientos. Nunca podré olvidar aquel magno sufrir,el que se apoderó de mi madre hasta llevarla a los predios de una horrible muerte, por demás injusta. Fue ese sufrir de mi madre, la causa infame que me ha provocado éste sinfín de lágrimas, con las cuales nunca podré llorar a mi bendita adoración. Este llanto es inmortal.Es este llanto el que derramo, y siempre derramaré por ti mamá. Entonces llevé aquellas manos débiles a mi cara, y con ellas envolví mi rostro.En ellas dejé un interminable manantial de besos,con los cuales pude disfrutar de una suavidad que no ocultaba aquella honda pena que mi madre sentía en ese, y en todos los momentos de su tragedia. Me recosté a su lado, y pude escuchar su cansado pecho materializar una respiración que prometía despedirse. Ella parecía estar en ese momento mucho más triste; porque me miraba perdido en la más profunda de mis desdichas. Sus cabellos plateados eran libres en ese momento.El eterno lazo con los cuales siempre los resguardó, se había quedado en el recodo del olvido, así como sus pasos; esos pasos que habían dejado de ser lo supremo, lo grandioso. Son los pasos divinos de mi bendita madre, lo que mis oídos hoy extrañan como a nada.   Noté entonces que por la ventana, mis hermanos miraban aquella tierna y dolorosa escena; mientras también derramaban sus llantos. Decidieron entrar a darle el último adiós a la madre de nuestras vidas. La muerte de mi madre era inminente, y lo decía aquella intensa agonía que demostró su cuerpo, cuando le manifesté que velaría por papá hasta el fin de sus días. Mientras sucedía su último paso a nuestro lado, toqué muy suavemente sus cabellos de plata con una mano, y con la otra acaricie su suave mano. Nunca imaginé que un hombre pudiese llegar a sufrir tanto, como lo sentí en ese momento. Y mientras sujetaba aquellas blancas manos, recordé todo lo que ellas habían hecho por nosotros sus hijos, por mi padre; por todos aquellos seres que en su vida fuimos tan importantes. Aún me siento morir en este momento, en el cual siento que la muerte también se llevó gran parte de mi vida. En éste instante, aún siento que aquellas noches interminables a su lado en los últimos momentos de su vida, parecieran retornar día a día, y con ellas llegan el dolor; y un manantial de lágrimas de mis ojos que nunca dejarán de llorar por ella. Tendría que dejar de mirarla. Ya no miraría su bello rostro.No palparía sus suaves manos de seda.Aquellas manos que tanto me bendijeron, y que se transformaron para siempre en las manos de mi ángel. Ella se fue a la gloria de Dios esa tarde a las 5. Nunca te olvidaré mamá.           Definitivamente que es sabio el enunciado que “la vida continúa”. A pesar del enorme dolor que me embargaba, y que nunca dejaría de sentir, aunque el señor tiempo se encargare de hacer más llevadera la vida sin su presencia; continué adelante en mi vida con mi familia, mi trabajo, y en toda esa larga lucha que continuaba en pos de la libertad. Nuestro movimiento continuó adelante en una guerra sin armas y sin cuartel. Sólo contábamos con nuestros ideales, y una clara visión de lo que queríamos; libertad, paz y desarrollo. Tres elementos que estaban siendo seriamente amenazados, y que se visionaban cercenados, de seguir aquel despreciable ser en el poder; abrazado a un totalitarismo sanguinario y execrable. No había vuelta atrás. Se inició una total paralización del país, salvo aquellas actividades que por su naturaleza, quedaban exentas de nuestro paro general. Ese día nadie salió a trabajar, absolutamente nadie. Consideramos que había sido una decisión que, aunque verdaderamente trágica y excesivamente perjudicial; resultaba en extremo necesaria. Era un sacrificio que conllevaría a una solución a ese gran mal que ya había comenzado a hacer demasiado daño, y que se había adueñado de nuestra patria a través de una traición. Fue una suspensión de actividades laborales y financieras de carácter general e indefinido, contra el gobierno denuestra patria; la que se inició aquella mañana soleada. Los medios de comunicación fueron un factor determinante para el desarrollo de nuestras actividades, puesto que el mundo entero tenía que estar enterado de la gran tragedia que estábamos viviendo. Para ello, los medios privados resolvieron suspender sus programas rutinarios, además de la emisión de las actividades propagandísticas;reemplazándolas por programación de contenido informativo todo el día, sin interrupción alguna. Todo iba viento en popa hasta que sucedió lo inevitable. Y ese suceso que doblegó los cimientos de nuestra lucha, no fue más que el propio pueblo. En un principio, todos se abocaron a aquella convocatoria libertadora; pero los despreciables componentes de aquellas élites malvadas amenazaron. Eran aquellos amagues contundentes, más que suficientes para que muchos ciudadanos desistieran del apoyo que en un principio habíamos obtenido. Se quedarían sin trabajo. Le quitarían los hijos para ser llevados a los Estados Unidos con el fin, según ellos, de ser criados en ese país a la usanza capitalista. Se quedarían sin casas. No habría más comida barata. Nunca más volverían a tener salud; puesto que cerrarían la red pública sanitaria. Eso sería una hecatombe, ya que acudir a una clínica privada significaría un desmedido gasto, el cual nunca ellos serían capaces de cubrir.No habría educación gratuita, ya que al igual que con la salud, únicamente quedarían en función los institutos privados; los cuales cobrarían cantidades imposibles de pagar para la gente pobre. Y seguía una enorme cadena de manipulaciones, con las cuales lograronque nuestro movimiento lastimosamente fracasara. Aún quedaba un poderío que por sí sólo resultaba fortísimo. La industria petrolera estaba totalmente paralizada, y a pesar de que el resto de los sectores dejaron de manifestar su apoyo, la lucha continuó; puesto que la batalla campal estuvo centrada en el sucederde los acaecimientos en torno a la interrupción de las actividades petroleras.Por ser dicha actividad lo único que sostenía a nuestra economía, el gobierno sintió con suma preocupación cómose desmoronaba una diabólica intención de perpetuarse en el poder para de esa manera; apoderarse de todo. Pero lamentablemente todo aquel esfuerzo no fue suficiente para el logro de nuestros propósitos. Y eso se debió a algo que nos resultó totalmente inexplicable. El pueblo se hacía daño a sí mismo. Tras las amenazas diabólicas del gobierno, de dejar de dar aquellas dádivas devenidas de un populismo salvaje, el pueblo comenzó a luchar contra el pueblo. Fue así comoen ocasiones sucede con nuestro organismo. Nuestras defensas orgánicas, que por voluntad divina nos protegen contra agentes externos, los cuales pueden enfermarnos de muchas infecciones, en lugar de luchar contra esos invasores lo hacen contra nuestros propios órganos; ocasionando severas enfermedades, incurables en su mayoría.Estaba frente a nosotros nuestro peor enemigo, la ignorancia de un pueblo que se empecinaba en creer en ese demonio disfrazado de benefactor venido desde el cielo. Nuestro principal enemigo era una sociedad que se estaba acostumbrando desgraciadamente a recibir lo que consideraban suficiente, sin realizar esfuerzo alguno. Un pueblo ciego y sordo, ante lo que sucedía a su alrededor embobado por la falsapercepción de una realidad. Nunca se imaginó ese pueblo, lo costoso que resultaría aquel craso error.           A nivel internacional,la imagen del demócrata por excelencia,que él mismo se había encargado de hacer sentir con ayuda de un grupo de gobernantes de diversas zonas del orbe, a quienes regalaba petróleo a diario con esa finalidad; se estaba desmoronando, gracias a los acontecimientos colmados de protestas que llevaban cierto tiempo sucediendo en el país. Imaginé desde un principio, que ese ser despreciable tendría una carta bajo la manga, con el cual lavaría esa imagen de por sí ya bastante enlodada. Nunca pensé que llegaría tan lejos ese ser, en su afán de permanecer en el poder. De alguna manera se haría nuevamente la víctima. Fue una treta muy bien preparada la que orquestó para tal fin, una verdadera patraña; una nueva mentira embarrada de cinismo por doquier. Era bien sabido que una parte de la oposición esgrimíala demanda de la renuncia del presidente, por lo cual él dirigió su ardid en ese sentido. Para hacer más creíble aquel artificio ruin,utilizó a un sector que hasta ese momento se creía valiente, tal como lo había sido desde tiempos remotos. Corrieron insistentes rumores sobre el descontento en las Fuerzas ArmadasNacionales. Oficiales de alto rango se prestaron para semejante bajeza. En todo el país esa noticia se regó como pólvora. En cada rincón de la patria, se decía que el final del gobierno del benefactor estaba llegando a su final. Se habló de inmediato de un golpe de Estado. Sentía el pueblo que una oposición desquiciada le quitaba a su presidente. Y tal cómo constantemente lo hacía, gritaba a todo gañote que tendría ese mismo pueblo que salir en defensa de su bienhechor. La gente de los sectores más desposeídos, tenían que armarse con lo que fuere y salir a las calles en defensa de su líder, quien desde su llegada al trono,demostró su poderío y su arrogancia; exteriorizando una serie dediscursos desafiantes, y dando órdenes a diestra y siniestra. Llamaba al pueblo a tomar las armas, y salir a esas calles de Dios a defender la integridad de una revolución progresista, la cual les garantizaba una vida plena de desarrollo; sin importarle para nada la vida de esas personas. Sus órdenes se cumplían porque se cumplían, así el paso amenazador de aviones de combate sobre el cielo de la capital de la República, y de algunas otras ciudades de gran población, no se hizo esperar. Era la manera más cobarde de decirle a sus detractores que él estaba presto a lo que fuere.           El macabro plan de aquel ser diabólico no pudo ser más funesto. A sabiendas de que se había convocado a la más grande de las concentraciones opositoras para ese día, él hizo lo propio; agudizando su llamado a sus seguidores a salir a la calle,el mismo día y en el mismo sitio. El choque de aquellos dos ríos humanos fue devastador. Las muertes innecesarias de lado y lado no se hicieron esperar. Caían las víctimas a cada instante, con tiros en sus cabezas venidos desde las azoteas de manos de enmascarados enviados desde el infierno. Una verdadera masacre fue lo que ocurrió ese trágico día. Murió mucha gente. Y mientras más y más ciudadanos entregaban sus vidas, “El Maligno” se aferraba a su verbo, tomando posesión forzada de los medios de comunicación que transmitían sus mensajes salidos del contexto de lo ocurrido; puesto que sólo hacía referencia a un golpe de Estado fraguado por los Estados Unidos; contra una mansa paloma, cuyo único pecado había significado aquella desmedida inclinación hacia el progreso de su patria, es decir; él. Hablaba y hablaba sin parar contando chistes, anécdotas, refiriendo hechos históricos, en fin; hablando paja, mientras se despedazaba el país en mil pedazos. Repentinamente reflejando un acucioso proceder, los canales privados de televisiónfragmentaron la pantalla, y divulgaronla peroratade aquel genio del mal; al mismo tiempo que transmitían aquella balacera descomunal en vivo.La consecuencia de ello resultó monstruosa, ya quese podía observar a un presidente portador de una desmedida serenidad,mientras hablaba como sólo él sabía hacerlo; con una cara de burro a medio morir para inspirar lástima, mientras que cerca de ese sitio laspersonas caían muertas en medio de aquella balacera infernal. Por la noche y de manera repentina, el también arrogante Ministro de la Defensa, después de pasar varias horas en la sala de maquillaje del canal de televisión del Estado; salió diciendo frente a las cámaras, que un grupo de sediciosos habían forzado al Presidente de la República a renunciar a su dignísimo cargo, cosa que él mismo había aceptado de manera obligada por demás. Al escuchar aquella nueva entrega,muchos de los principales secuaces del régimen se esfumaron laxados hasta más no poder. Tenían miedode ser apresados o asesinados. Sabían que era eso lo que merecían. Nuevamente uno de ellos se cagó frente a las cámaras, cuando se sintió desprotegido. Tiempo después, cuando se sintió colmado de poder nuevamente;se mostraría como un macho de barrio, arrogante y envalentonado, insultando a quienes pensaran distinto; en un show televisado con un garrote en la mano, rodeado de guardaespaldas hasta más no poder.           El hecho de haber ofrecido cuantiosos obsequios a aquellos militares, para que simularan un descontento que hiciera creer que se le venía el mundo encima; denotaba una estrategia sin par. Se hizo creer que el grado de resistenciainterna en la Fuerzas Armadas,revelaba un evidentesíntoma del nivel de polarización que afectaba a la sociedad; y de que el régimen estaba perdiendo el control de todo aquel panorama.De la nada, surgió un esperpento y en medio de una multitudinaria concentración de personas encopetadas;comenzó a vociferar que él llegaba para cambiarlo todo. Desde la lejanía se podía observar un gran vacío en la zona ubicada más debajo de su ombligo, puesto que un ser que se preste para semejante bufonada; no habría de tener aquellas dos cosas semiesféricas que todos los caballeros tenemos. Entre las tantas cosas que decía con su cara acartonada, y el reflejo de una vida placentera, destacaba una promesa escuchada hasta ese momento un centenar de veces: “Vengo a salvar la gobernabilidad de nuestra sufrida patria, conquistar la reactivación económica y aniquilar la pobreza”.Fue terrible todo lo que pasó. Dentro del palacio de gobierno se fraguó aquella nueva burla contra un pueblo amodorrado, mientras que fuera del mismo, un grueso número de simpatizantes que creían lo que les decían a través de la televisión, comenzó a rodear el sitio. Muchos de esos seguidores portaban armas de fuegofacilitadas por unas “manos peludas”, las cuales habían usado para disparar en dirección a la marcha. No les importó a aquellos asesinos, aniquilar tanta gente, opositora u oficialista; lo único que tuvieron en mente, fue manchar de sangre una protesta pacífica. Así se hizo creer a nivel internacional. Mientras continuaba el curso de aquella magna tragicomedia, continuaban cayendo personas sin vida de ambos bandos; puesto que inescrupulosos francotiradores muy bien entrenados, también asesinaban a mansalva a quien fuere, para hacer creer que una vez más, el gobierno resultaba víctima de una oposición malévola y golpista. Al amanecer, luego de aquel nuevo rendimiento que se había planificado muy sabiamente, aquel señor entrado en años, caradura y petulante; se juramentó como presidente frente a un nutrido grupo de personas pudientes, y otras dignas personalidades nunca antes vistas en la vida pública de nuestra patria. El viejito en su alocución a la nación, en medio de vítores y aplausos hasta lo inimaginable, expresó notablemente emocionado; que la crema innata de la sociedad, buena parte de los militares, los empresarios, muchos políticos de oposición, la gente de a pié y hasta el clero; le habían pedido encarecidamente que aceptara encargarse de la presidencia, en virtud de que “El Maligno” había renunciado en medio del llanto de una gran cantidad de seguidores. Por esa razón, decía, no se había podido negar a tan prestante solicitud. Su patria reclamaba ese sacrificio, mismo que estaba dispuesto a llevar a cabo por el bien de la patria grande, concluía su mensaje al pueblo, con una sádica sonrisa decorándole su arrugado rostro.           Quienes habíamos organizado todo aquel despliegue, cada cual desde su trinchera; quedamos estupefactos por el inesperado giro que habían tomado los acontecimientos. Nos preguntábamos porqué ese hombre tan ruin, había decidido renunciar así por así, luego de haber resistido la embestida de una buena parte de un pueblo arrecho; quien reclamaba el regreso de la libertad, y de la cordura gubernamental. Confieso que nunca me creí ese cuentecito; pero realmente estaba sucediendo aquella pantomima que engañó a medio mundo. Para mí todo resultaba tan inverosímil, ya que un cambio de parecer así tan repentino y drástico era poco creíble, por lo menos para quien no se hiciera el pendejo. Ese día estaba en mi casa, después de haber trabajado 48 horas continuas tratando de ganarme un dinerito extra. Miré por la televisión aquella juramentación que parecía salida de un libro de cuentos fantasiosos, o de ciencia ficción, como quiera que se le llame. Me comuniqué de inmediato con Henrique, mi amigo, y me confirmó que realmente aquel señor entrado ya en muchísimos años, estaba llevando a cabo una gran cantidad de hechos anticonstitucionales que se suponían peores, a los que el supuestamente depuesto maligno había llevado a cabo. De hecho, una estampida de personas que habían jurado lealtad a ese nuevo gobierno de transición, no se hizo esperar y abandonó aquel recinto donde ya habían sido despojadaslas paredes, de los retratos de personeros que representaban al recién sustituido gobierno; y ardían en sendas hogueras dispuestas en los jardines del palacio presidencial. Y tan pronto aquel anciano se sentó en el “coroto”, la reacción de la comunidad internacional fue la que “El Maligno” esperaba. Era precisamente eso lo que él quería.  Se condenóde inmediato la interrupción del orden constitucional en nuestro país. Deploraban en todo el orbe, aquel golpe de Estado contra un gobierno legítimo que estaba sacando a un país de las ruinas. Contra un Presidente probo que salvaba a su patria del peor desastre hasta donde había sido llevada, por las inescrupulosas manos de un antiguo régimen bipartidista que durante cuatro décadas; había gobernado al país luego de un pacto traidor y sectario. El mismo que había dejado por fuera, como una de las peores traiciones contempladas en nuestra historia; a una agrupación política de gran protagonismo. Durante dos días, aquel viejecito hizo los desmanes más increíbles de ésta parte del mundo. De un solo plumazo acabó con todo. Hizo desaparecer los poderes públicos. Dejó sin efecto los cargos de elección popular. Destituyó a medio mundo. Mandó a apresar a la otra mitad. Hizo de todo cuanto se le antojó, mientras en un helicóptero sacaban al depuesto, para llevarlo hasta un sitio cercano simulando que lo
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