recibir de mí una explicación. Mis pensamientos se presentaron presurosos, y en ellos medité al respecto. Profundicé de manera categórica y sin tratar de justificarme, que no había podido, junto con aquel grupo de valientes opositores del régimen; luchar contra un enemigo tan grande como lo era el mismo pueblo. Mi asombro creció mucho más,cuando comprobé que mis pensamientos se escuchaban en aquel aposento; como si en lugar de ellos, fuese mi propia voz la que estuviese exteriorizando una respuesta.
Repentinamente escuché una voz fantástica. Era como si varias voces se unieran para hacerse sentir como una sola. “Busquen la salida en la misma Constitución Nacional. En ella está contemplada la manera de hacer valer el orden constitucional, el cual el propio Presidente de la República, se ha empeñado en romper desde el mismo día de su ascenso al poder. Ese hombre no debe continuar gobernando a éste país grande. No ha hecho más que ejercer sus antojos, y pactar con el diablo por cuestiones ególatras. A él no le importa ejercer el poder para beneficiar al pueblo. A él siempre lo ha movido el deseo de poseer el poder, de sentirse en la cima de un todo. Su vanidad crecida desde que siendo niño se sintió apabullar por la pobreza, necesitaba continuar ese desarrollo hasta lo inimaginable. Retó a la naturaleza, retó a la historia cambiando detalles significativos de la Bandera y del Escudo Nacional. Cambió el significado de las fiestas patrias. Cambió el andar del tiempo a su real antojo, pues quería que la naturaleza le obedeciera y amaneciera cuando a él le daba la gana. Retó hasta al mismísimo Dios, insultando a los dignatarios de la Iglesia, incluso hasta a su santidad el Papa. Ese hombre quiso y logró cambiar, la idiosincrasia de un pueblo cuando hizo que viesen a ciertos héroes de la independencia como enemigos, y a aquellos que no resultaron agraciados por sus actos ante el porvenir, fueron exaltados para que fuesen adorados. Tienen que salir de ese hombre que tras pactar con el diablo, los va a llevar a la total e irreversible perdición”.
Tan pronto dejaron de escucharse aquellas asombrosas expresiones venidas sin duda alguna del más allá, mis visitantes se marcharon uno a uno. No imaginé que nunca más los volvería a ver. Quien se marchó de último fue mi abuelo. Éste, antes de atravesar la puerta, me miró con sobrada ternura y guiñándome un ojo, me sonrió complacido. Él sabía que yo había hecho lo humanamente posible, para tratar de que ese demonio se separara de su cargo. Mi viejo sabía perfectamente que yo iba a continuar luchando para lograr ese fin. Por último, me dijo nuevamente que en la Constitución Nacional estaba la solución. En voz baja me comunicó un número. De inmediato supuse que se trataba de un artículo. Cuando todo quedó envuelto en un silencio de ultratumba, caminé presuroso al privado, que no era más que una tercera recámara de la casa que habíamos transformado en una especie de estudio, y donde me sentía a mis anchas, puesto que en ese sitio estaban ubicados mis tantos libros, mi computador, un sillón extremadamente cómodo y lo más importante; una quietud que embriagaba. Todo ello, rodeado de una decoración estupenda ideada por mi gran amor. Sobre mi escritorio, un retrato de mi madre completaba el ajuar perfecto.
No recordaba que tuviese algún texto legal entre mis libros. Además de una enciclopedia que había adquirido para Alberto, y los libros de medicina de Francelina; solamente existían obras literarias, mi gran pasión. De todos modos busqué sin cesar, ya que en ocasiones, mi esposa adquiría textos que creía necesarios. Pensé que podía haber adquirido un ejemplar de nuestro texto fundamental. No fue así. Decidido como estaba en conocer el contenido de lo que supuse era un artículo de la carta magna, navegué por internet y como siempre me ocurría;me confundí con aquellos vericuetos que en ese entonces sentía que eran aquellas búsquedas por la web. Tuve que acudir a mi hijo, ya que los jóvenes siempre serán expertos en esas lides. Más rápido que un parpadeo, mi muchacho dio con el contenido exacto de nuestra Constitución, y en el artículo señalado por mi abuelo, leí estupefacto que realmente existía un mecanismo en dicho estamento legal, el cual establecía el modo de remover al mandatario nacional; si se considera que su trabajo no resulta el esperado por una mayoría abrumadora de la sociedad. Ese mecanismo era el Referendo Revocatorio.
Claro que para ello habría que llenar ciertos requisitos. El más complejo de ellos, era el hecho de recoger un inmenso número de rúbricas de votantes para revalidar con ellas, la solicitud de la revocatoria de un mandato por ineptitud gubernamental. La solución estaba en manos del pueblo, a pesar de que también estaba establecido en dicha ley, que se necesita una mayoría simple para obtener una victoria. Pensé en un primer momento, que sería una piedra de tranca aquel otro requisito. Entonces había que trabajar duro para hacerle entender al pueblo, lo necesario que era la salida de aquel hombre que estaba llevándonos a un abismo; del cual nunca podríamos salir, si dejábamos que continuara en el poder. Mucha gente lo apoyaba. Muchos no querían dejar de percibir las dádivas, pocos querrían escucharnos;aún asílo intentaríamos por el futuro de todos.
En mi país continuaban crecidas, las muestras de un despotismo increíble nunca antes sentido, puesto que el mismo había anidado en el corazón del pueblo; haciéndose pasar por una de las democracias más sólidas de todo el orbe. En esa época, el Presidente de la República le propinó un fuerte revés a la nación,cuando anunciócon bombos y platillos, que no le renovaría el permiso de transmisión a un canal de televisión icónico, al cual llevaban tiempo poniéndole el ojo; ya que era muy frecuente que en dicho canal televisivo, se confabularaen su contra. Esto creó protestas intensivas, a favor del mandatario por parte de los partidarios al gobierno; y en contra, por parte de la oposición. Se comenzó a fomentar en el país, una gran cantidad de restricciones con las cuales cada vez más se iba reduciendo la posibilidad de compartir a través de los medios, puntos de vistas distintos a los del gobierno. Se cercenaba de una manera más quetotalitaria, la libertad de expresión. Tenía que hacer algo, y muy pronto; ya que se avecinaban tiempos austeros, me lo habían presagiado mis amigoslos aparecidos. Pedí que me adelantaran mis vacaciones anuales. Alberto estaba disfrutando en ese entonces, de su receso escolar y aproveché para salir con él. Era ya lo suficientemente grande como para comenzar a entender ciertas cosas de la vida. Realmente necesitábamos un tiempo a solas para reflexionar de tantas cosas; por lo que no creí que se presentara mejor oportunidad que esa. Ya había contactado a algunos de mis amigos, tres de ellos ocupaban curules en el Parlamento Nacional. Creí que de ese modo se haría más factible mi idea.
Primero pernoctamos en un sitio turístico toda una semana. No imaginé que fuese tan “sangre dulce”mi muchacho con las chicas. Se trató de una posada perfecta, me la había recomendado un buen amigo hacía ya cierto tiempo. Hice mis reservaciones cuando aún no tenía la certeza de que en mi trabajo me apoyaran en la solicitud que hice. Valió la pena correr el riesgo de haber cancelado tanto dinero que pude haber perdido. No obstante allí estábamos nosotros, a nuestras anchas en medio de un espectacular paisaje tropical. El sonido de la naturaleza invitaba al deleite. El primer día de nuestro periplo, nos quedamos en la hostería la cual contaba con una piscina fenomenal. Estaba el sitio atestado de visitantes cuando hicimos acto de presencia. Alberto no salía de aquella maravilla donde las aguas cristalinas ofrecían sus encantos. Al poco rato conversaba con otros jóvenes más o menos de su edad. Las risas inundaban con sus contagiosas picardías, toda la estancia. Yo los miraba entretenido como estaba, con mi vaso en la mano del que escapaba tímido, el tintineo de varios cubos de hielo contenidos en un excelente trago mayor de edad. El resto del itinerario lo pasamos en una región cercana, en una playa paradisiaca que era lo más parecido a la perfección que creí en ese momento. Únicamente nos adentrábamos a la posada a dormir. Fue una semana perfectala que habíamos pasado mi muchacho y yo.
Quise olvidarme del resto del mundo por cierto tiempo. Sentí la necesidad de compartir un tiempo con mi hijo, tal como lo habíamos hecho. Conversamos de todo. Me enteré que estaba enamorado de una de sus compañeras de clases. Me preguntaba de todo, tal como lo hacía cuando tenía apenas cuatro años. Recuerdo que de cada pregunta que hacía embarrado hasta los tuétanos de esa curiosidad congénita que poseen casi todos los niños, surgían muchas más, al darle yo las respuestas que solicitaba. Mientras nosotros estábamos apartados del universo, el país se desmoronaba de manera colosal. Un declive en las finanzas,se tradujo en una hecatombe nacional, y no era para menos. El precio del petróleo, fue la razón del desastre. En la medida de que el petróleo empezó a bajar su precio, tras un acuerdo entre todos los países exportadores de dicho elemento, devino lacatástrofe. Era la primera vez que aquel pernicioso ser, empleaba el vocablo de “ofensiva económica”, para intentar ocultar lo que ya era inocultable. Con esa mezquina e incoherente expresión, él culpaba a terceros de su fracaso. Quedaba en el tapete,una realidad que aunque trágica, era nuestra realidad; y como tal había que enfrentarla. Comprobó en ese entonces el Presidente de la República, que le estaba quedando grande la gobernabilidad del país; sin embargo no le prestó mucha diligencia, y continuó llevándonos inevitablemente hacia el despeñadero.
Luego de pasar aquella semana entregados al relax, y profesándonos el eterno amor de padre e hijo como nunca; continuamos el viaje hacia la capital de la República. Ya Alberto había visitado en varias oportunidades la gran urbe; más en esa ocasión, su acuciosidad innata le reclamaba más atención, sobre todo a los sitios de reuniones juveniles. Le aconsejé que evitara cualquier tipo de actividad que supusiera riesgos. Muchas veces, una pequeña muestra de ingenuidad es percibida por muchos malhechores, como una ventana abierta hacia el delito. Las personas que vivimos lejos de aquella populosa metrópoli,creemos mucho más en las personas y resultamos ser más amigables; confianzudos diría en éste instante. Por esa razón, declinó una invitación que le hicieran un grupo de mozalbetes, a quienes había conocido en las cercanías del hotel donde nos hospedamos; a una discoteca en la cual presentarían el fin de semana que ya estaba próximo, una especie de espectáculo en el que se presentarían chicas en ropas menores y hasta sin ellas.
Él aún era menor de edad, y aunque ya ostentara la edad determinada por la ley para ser considerado adulto, no creí conveniente que asistiera a ese antro. Las cosas no estaban tan bien, como para andar buscando lo que no se había perdido; y menos en una ciudad tan grande como aquella, con gente desconocida.Me rogó durante dos horas el permiso respectivo.Se lo negué y no me arrepiento de ello, ya que al día siguiente nos enteramos de un hecho de sangre que se había suscitado en dicho sitio. La policía hizo caída y mesa limpia, encontraron todo tipo de sustancias prohibidas. Mi hijo comprendió entonces el porqué de mi negativa. Aunque en el momento no lo entendió de esa manera, sabía perfectamente que si le dije que no era por algo. Pocas veces le he dicho que no a mi hijo. Y las veces que lo he hecho, es porque verdaderamente no hay más alternativa.
Mis amigos y yo nos reuníamos en un restaurante de ambiente agradable, y comida no tan costosa. Nos decidimos en ese sitio, ya que lo más importante, era el tema a tratar. No estábamos haciendo turismo ni nada por el estilo. Alberto se había quedado en el hotel mirando la televisión. No creí conveniente que asistiera a esa reunión. Nada tenía que hacer allí realmente. Sin ambages les hablé de la nueva estrategia en la cual había estado pensando desde hacía cierto tiempo. Les hice referencia, al mecanismo intrínseco contenido en la Constitución, el cual hace referencia a una revocatoria presidencial. Ese tema era nuevo, el estamento anterior no lo estipulaba. Casualmente quienes eran abogados y pertenecían al grupo, no estaban presentes, por lo tanto, ninguno de nosotros manejaba bien ese tema. Yo había leído lo suficiente acerca esa cuestión. Les expliqué, que si nos lo proponíamos, podría hacerse realidad nuestro anhelo. No era fácil, pero tampoco imposible.
Nuevamente me miraron extrañados, ya que les pareció medio raro que un enfermero estuviera cavilando acerca de leyes y cosas por el estilo. Pero al pensarlo bien no les pareció tan descabellada aquella posibilidad, que aunque lejana, bien podría dar resultados óptimos si actuábamos prontamente, cuidando todos los detalles. Era una empresa peligrosa, ya que el gobierno tenía “radares” donde menos se esperaba,y a la menor amenaza sentida; trataría de neutralizarla a como diese lugar. Realmente era muy peligrosa aquella nueva maniobra; pero tendríamos que correr ese gran riesgo. Los amigos Enrique, Goyo y Eliecer quienes eran parlamentarios, se encargarían de hacer la propuesta desde sus respectivos curules. De esa forma no tendrían otra alternativa más que aprobarla. Ese sería el primer gran paso. Lo demás estaba establecido en la misma Constitución Nacional. Tan pronto consultamos telefónicamente con los parlamentarios amigos nuestros, ellos aceptaron gustosos. Dos días después Alberto y yo regresamos a casa. Aún estaba de vacaciones, por lo tanto, me asesoré de manera acuciosa en relación al temade referendo. Fue en ese momento cuando le agarré el gustico a las leyes. Me prometí que algún día estudiaría para ser abogado.
Fuimos cuidando los detalles de manera meticulosa en extremo. Dentro del tiempo reglamentario, cumplimos todas aquellas exigencias, engorrosas por demás. La propuesta fue acogida de muy buena manera por una gran cantidad de personas, pero no tardó a contraofensiva oficialista tratando de opacar nuestro trabajo. Primero rechazaron las firmas aludiendo que si eran falsas, que resultaban incongruentes las firmas con los números de la identidad, que si se actuó a destiempo. Nosotros teníamos una respuesta legal ante todo aquel avasallador ataque. Siempre salíamos victoriosos de cuanto ataque ocurría. Hasta que no les quedó más que llegar hasta cada mente humana despotricando nuestro propósito. Para ello convencían a la población de lo contraproducente que resultaría si el Presidente de la República era apartado de su cargo. Se perdería todo lo que con tanto sacrificio se había logrado a favor de los más necesitados. Todos aquellos “Planes” se irían al traste. Las ayudas económicas se esfumarían. Les quitarían los hijos, los negocios, los vehículos. Inventaban que de salir el gobernante del poder el país sería ocupado por los gringos y un sinfín de estupideces que desgraciadamente lograban el propósito esperado por ellos.
En virtud de que nuestra exigencia se haría realidad contra viento y marea, sabíamos que los entes que permanecían arrodillados a los pies del mandatario, no se quedarían de brazos cruzados. Hasta el ejército, otrora grupo de hombres valerosos enfocados en la defensa de la patria, se arrodillaban en defensa sí; pero del déspota gobernante, había logrado arrebatarnos a aquellos hombres y mujeres admirados por siempre para ponerlos a sus espaldas. Ellos también serían la piedra de tranca ante nuestra lucha. Continuaríamos ese camino hasta donde nos llevara, incluso si ese sitio fuese el mismísimo más allá. El cobarde alegato de lo que considerábamos una dictadura quienes queríamos revocar del mandato al Presidente de la República, fue que una vez revisados todos lo solicitado como requisito indispensable, y el organismo encargado de los asuntos comiciales haberlos aprobados, del mismo surgió la total legitimidad del acto, para el cual fue asignada una fecha. La cobardía no fue precisamente del organismo competente, sino del máximo Tribunal de la República. El mismo ordenó que las disposiciones que tomarael organismo electoral en pleno, tenían que ser tomadas con el escrupulosocumplimiento de una disposición contemplada en un estatuto absurdo por demás, mismo que debió ser derogado desde hacía mucho tiempo. El estamento en cuestión contemplaba que para la organización de los sufragios,necesario era el voto de una mayoría calificada de por lo menos cuatro de sus integrantes y no de una mayoría simple tal como sucedía en nuestra petición. Desgraciadamente y tal cómo lo esperábamos, se consideró improcedente la decisión del Órgano Rector en materia electoral.
Poco después intentamos otra estrategia, luego otra y otra más hasta que por fin, al no tener otra alternativa;los entes gubernamentales decidieron convocar a dichos comicios. En el mismo se decidiría si se revocaba o no el mandato a aquel ser perverso. Fue en ese momento cuando me convencí definitivamente queel peor enemigo del pueblo era el mismo pueblo. Decididos y embargados de una ferviente devoción hacia el mandatario, las masas salieron de madrugada inclusive; a formar enormes filas para obedecer aquel mandato que consideraban sagrado. Las tácticas habían logrado un propósito funesto.Contrario a nuestra propuesta, la de ellos prevaleció, pues las amenazas a los empleados de los organismos oficialistas no se hicieron esperar y hasta lo habían controlado todo de modo que podían saber quién votaba a favor y quien en contra. Ya pasarían factura a quien desobedeciera una orden que definitivamente quisieran o no; había que obedecer. Aquel fue un revés sin precedentes, pues lo que creíamos que sería la fórmula mágica para echar a aquel gobernante, resultó todo lo contrario;permitió la relegitimación en el poder del déspota y elafianzamiento de una revolución basada en los ideales del padre de la patria.Un día antes de que pueblo saliera a ejercer el sagrado deber del sufragio, colmado de una inmensa estela de ironía, el mandatario había dicho en una repentina alocución extrañamente corta:"Si me vencen en el referendo, me largo. Así de sencillo."
El resultado de aquella solicitud que hiciéramos apegados a la Constitución Nacional reflejó lo que tanto temíamos, el Presidente de la República había sido ratificado en el poder, al obtener un altísimo porcentaje de los votos; aunque sólo se necesitaba la mitad más uno, es decir; una mayoría simple.Él estaba seguro del resultado. Ya había llamado oportunamente a los representantes del órgano rector quienes eran sus adeptos. Con esa abrumadora derrota que el mismo pueblo se asestaba, “El Maligno comenzaba un nuevo mandato de seis años. Después de esa avasallante victoria que le regaló en bandeja de plata un pueblo engañado hasta los tuétanos, el dictadorcillo no pudo sino, ejecutar obras en todos los rincones. La gallina de los huevos de oro había regresado y no estaba de más entregar un poco más de dádivas a quienes votaban. La legitimación era su mejor arma y él sabía usarla definitivamente. Los “Planes” emergieron desde el sótano hasta donde fueron confinados. El pueblo contento comía hasta hartarse y eso no era nada malo. Nunca imaginaron que aquellas vacas gordas enflaquecerían cuando menos se lo esperaban. Pronto el ideal propiciado por aquel déspota y su manera populista de ganar adeptos se adentró en un sinfín de pueblos hermanos en los que se logró de idéntica manera, el descalabro de las economías con la consecuente estela de pobreza, hambre y destrucción de dignidades y principios.
Nuevamente perdíamos una gran oportunidad. Esos fracasos inmerecidos nos enervaban a tal extremo, que nos provocaba dejarlo todo de ese tamaño; pero al pensar en el futuro sombrío que nos esperaba, sobre todo a nuestros hijos y los que habrían de venir con el transcurrir del tiempo, continuábamos ese camino pedregoso que significaba salir de ese endemoniado régimen que ya lucía perpetuo. Mi decepción fue tal que me encerré en un mutismo totalmente sombrío durante largo tiempo. Necesité de una incapacidad médica durante todo un mes en el cual me sentímustio y sin más que hacer, que querer dejar en blanco mi mente y ya no pensar en nada más. Francelina y Alberto trataron por todos los medios de levantarme el ánimo; pero realmente no sentía ganas de nada en lo absoluto. En ese entonces ya mi esposa ostentaba muy orgullosa el título de especialista en Pediatría y Puericultura y ejercía tanto en el sector público, en una dependencia de la Seguridad Social; como en su consultorio privado en una de las clínicas de la ciudad. Alberto había ingresado a estudiar la carrera de Derecho. Fue esa decisión, la cualevidentemente nosotros habíamos apoyadocon especial orgullo; la que me logró sacar de aquel letargo en el cual ya me sentía sofocado. Decidí hacer otra carrera universitaria, por lo que aproveché la ocasión y me inscribí para dar inicio junto a mi hijo, a una nueva faceta de mi vida; misma que tantos logros nos ha otorgado.
A pesar del descalabro que sufría mi pueblo, y la ineficacia de nuestros intentos por salir de ese cataclismo, nuestras vidas transcurrían deliciosamente armoniosas. Mi trabajo me dejaba suficiente tiempo para dedicarme a mis estudios, y discutir con Alberto aquellos temas que considerábamos poco claros. Nos compenetramos tanto mi muchacho y yo en aquella empresa, que pronto alcanzamos a dominar las confusas expresiones propias de esa carrera, como lo son los latinismos; muy utilizados en todas las asignaturas. Al mismo tiempo, no desfallecía en mi pretensión de salir de ese ser malicioso, el cual ocupaba la silla presidencial. “El Maligno” por su parte, continuaba su gran sucesión de atrocidades, echando nuestras esperanzas al vacío. Hacía creer que el progreso había anidado en nuestra patria, cuando en realidad eran sólo una secuencia de mentiras, las cuales sabía maquillar perfectamente para hacer creer que en realidad, erantal como lo expresaba domingo a domingo en sus largas alocuciones y hasta en ocasiones; en cualquier día de la semana que se le antojara.
Ya últimamente usaba las televisoras del país para hablar cualquier tipo de pendejadas. Y en sus parlanchinas intervenciones no dejaba de nombrar a Dios. Todo lo hacía en nombre de él. Él lo iluminaba para todo. El señor le indicaba un camino.Pero a estar a solas con su verdadera personalidad, perversa; tiraba aquel crucifijo que odiaba endemoniadamente sobre un viejo mueble, el cualtenía en la entrada de la residencia oficial y se reunía con aquel séquito de personajes que ofrendaban para él, sacrificios perversos en los cuales daban muerte a numerosos animales, para aplacar la sed de sangre del demonio. Realizaba de esa manera sus oscurantismos cultos, en medio de cirios gigantes y extrañas fragancias repulsivas que lo inundaban todo. Como siempre, se ataviaba de una ropa ridícula, la cual estaba conformada por un taparrabo y una caperuza. Con ella ocultaba su horripilante rostro. Ya en esas fachas, hablaba en aquel extraño dialecto que ninguno de quienes le acompañaban conocía. Era su culto a satanás de todas las noches. En esas adoraciones, pedía más poder de destrucción y allí mismo les eran concedidos.
Era esa la fuerza, lo que diariamente le impregnaba maldad y poder, para seguir ejerciendo su obra. Maldad para ofrendar a quien realmente le guiaba por un camino de destrucción, pobreza y desesperanza, por el cual estaba conduciendo al país;y poder para mantenerse en ese camino, doblegando a un pueblo noble que sólo reclamaba lo que por derecho divino le correspondía, y que sentía que durante muchísimo tiempo le había sido arrebatado. Sentía ese pueblo, que su líder era un verdadero enviado de la divina providencia para enaltecerlo, para glorificarlo y para otorgarle su justo puesto; colmado de abundancia y de esperanzas, en el cual poder llevar una vida digna. Continuaba inmutable un período gubernamental, para luego enrumbarse en otro y luego otro más; tal como estaba establecido en un texto legal, el cual él mismo había diseñado a su antojo, y que había sido redactado por una serie de secuaces imbéciles que habían negociadosus dignidades. Esa mismaley, la cualhabía sido modificada para que pudiese gobernar durante toda la eternidad. Pero no siempre se logran los cometidos. Aquel hombre que se había inspirado en un ser inmortal del que plagió decires, de quien copió palabras hermosas dichas en una ocasión grandiosa de nuestro pasado libertario; nunca tomó en cuenta que esa inmortalidad no era física, sino de un alma noble que se había enrumbado por un gran camino; tras sacrificar su propia vida por la libertad de varios países. Tal vez había olvidado que aquel hombre glorioso, había muerto penosamente enfermo antes de cumplir cincuenta años.
Continuamente ese ser despreciable, trataba de tirar la piedra y esconder la mano, como se dice en criollo. Achacaba aquellos movimientos que se producían en su contra, a mandatos del imperio norteamericano. Echaba siempre la culpa de todo cuanto sucedía de manera desbaratada, a quien fuere. Denunciaba conspiraciones, golpes de Estado, intentos de magnicidios y el arrecio de la violencia callejera. Miraba fantasmas donde no los había. Todo aquel mar de complots los atribuía asus enemigos políticos, quienes de manera desmedida y sin razones, lo culpaban de estardevastando al país y de querer instituir un sistema marxista; como el que prevalecía en la isla gobernada por el tristemente célebre dictador barbudo.Cosa alejada de la realidad. Lo suyo era democracia. Dentro de la Constitución todo, fuera de ella nada, decía constantemente. Sus mentiras lo habían llevado demasiado lejos; incluso pensó que llegaría hasta la inmortalidad.
Su gran error al pensar en la perpetuidad de un mandato, le daría una tremenda sorpresa al cabo de unos pocos años. La justicia de Dios nunca tarda en hacerse presente, más, cuando se reta a su omnipotencia y a su gran amor. Mientras tanto, después de mencionar tantas y tantas veces el digno nombre del creador, pedía perdón por aquella herejía en contra de su particular señor, y se adentraba en una recámara oscura y hedionda donde, a solas, se flagelaba de manera inmisericorde tratando de lavar con su propio dolor y con su propia sangre; las ofensas hechas al rey de las tinieblas. Nunca apareció tomando baños de sol en alguna de las tantas playas paradisiacas de la patria grande. De haberlo hecho, se hubiese podido constatar las enormes huellas de sus autoflagelaciones.
En el palacio de gobierno, había ordenado sin que nadie se diera cuenta, salvo quienes le secundaban en sus ritos satánicos; la construcción de una especie de tabernáculo compuesto por varias divisiones, cada una de las mismas dedicada a una ceremonia en particular.Una noche sin luna, en la cual el calor desgarrador se apoderaba de todo sin clemencia, el presidente se adentró en un camino.Ese mismo camino que había prometido recorrer como penitencia impuesta por el mismísimo diablo.Andaba sobre sus propios pasos. Resultaba verdaderamente necesario ese caminar constante sobre un mismo camino. Como si lloviese sobre mojado a diario. Ese recorrer cotidianamente un camino, se había trasformado para aquel fascista, en una loca rutina que le exigía endemoniada día a día; esos pasos. Aunque no quisiera, allí estaba a una hora precisa.Ni un minuto más ni uno menos, recorriendo ese trayecto que estrictamente le exigía el demonio.
Cuando el diablo reclamaba lo suyo, nadie podía interponerse. Él exigía más y más destrucción. No había tiempos para nimiedades, ni para bondades injustificadas. Por