algo su alma había sido negociada por poder, por ese poder que siempre había soñado, y que de ninguna forma pensó que llegaría a obtener a no ser que negociando con ese ser, dueño absoluto del mal. Fue desaprobada aquella estela de bondades y de amorosas entregas que el Presidente de la República comenzó a ofrecer a un pueblo, el cual era eso precisamente lo que añoraba. Fue sentido un reclamo aquella noche, en la cual ya los flagelos no surtían un efecto. Nada podía con la fuerza extrema de lo que llega a pedir lo que le pertenece y, aunque se pueda tener casi todo con oro y poder; ese algo pide lo suyo que no es precisamente el poder ni el valor. Ese algo, esa presencia maldita no sabía de dinero, de poder ni de nada. El diablo exigía algo que el gobernante nunca compraría con nada.

