El reloj marcaba las seis de la tarde, y el sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos cálidos. Camila caminaba lentamente por el parque, buscando algo de paz en medio de todo el caos emocional que había invadido su vida en las últimas semanas. La relación con Jackson estaba en un limbo que nadie parecía poder definir. A su lado, André se había convertido en una presencia constante, casi como un recordatorio de lo que podía ser diferente, de lo que aún podía sentir. Pero lo que más la confundía era el hecho de que, en su corazón, no había una respuesta clara, un camino a seguir. Se sentó en el banco donde tanto tiempo había pasado con Jackson, el lugar donde todo comenzó. El sol tocaba suavemente su rostro, y el viento jugaba con las puntas de su cabello. Su mente estaba llena d

