Algunas personas huían de los monstruos bajo su cama por temor a ser devorados, pero otras, en lugar de temerle a los dientes afilados y las garras largas, dormían con ellos en la misma cama, como un solo ser, fusionado, respirando el mismo aire. Veronika era una de esas que no les temía a los monstruos. Su vida no siempre fue el de una princesa, y aprendió por las malas a defenderse de la oscuridad que de una u otra forma la alcanzaba. La muerte de su hermano Oslo fue un detonante. Desde la aparición de ese cuerpo decapitado, su vida fue una montaña rusa que solo subía. No fue hasta que Roman se cansó de sus desplantes y quiso jugarle una mala pasada, cuando Veronika, o Ronnie como todos la llamaban por cariño, conoció al monstruo bajo su cama, y en lugar de temerle, le separó las piern

