Tormentas Silenciosas El amanecer llegó con una suavidad engañosa, bañando la cabaña en tonos cálidos que parecían chocar con la tensión latente en el aire. Viviana apenas había dormido, su mente atrapada entre los recuerdos de la noche anterior y la presencia ineludible de Leonid. Sabía que cada gesto suyo, cada palabra, estaba teñida de una posesividad peligrosa, pero también de algo más profundo que ella aún no lograba comprender. Se levantó lentamente y miró por la ventana. El bosque parecía tan tranquilo que resultaba difícil imaginar que fuera un refugio para alguien como él, un hombre cuya vida estaba marcada por la violencia y el control. Sus pensamientos se interrumpieron cuando escuchó el sonido de pasos acercándose a su puerta. Antes de que pudiera reaccionar, la puerta se ab

