capítulo 46

868 Palabras

La Fragilidad del Silencio El sol de la mañana apenas se filtraba entre las rendijas de las cortinas de la cabaña. La luz tenue iluminaba el rostro de Viviana, quien se encontraba dormida sobre el pecho de Leonid. Sus dedos, inconscientemente, se enredaban en las cicatrices de su torso, trazando líneas invisibles como si intentara descifrar el dolor detrás de ellas. Leonid, despierto desde hacía horas, la observaba en silencio, su mirada oscurecida por pensamientos que no se atrevía a pronunciar. Habían compartido la noche más intensa de sus vidas, un momento que había desbordado el límite entre el amor y la obsesión. Pero ahora, en la calma, el peso de lo que había sucedido comenzaba a caer sobre Leonid. Había mostrado más de lo que jamás había querido. Su posesividad, su amor desbordan

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