La Rendición El crepitar del fuego llenaba el silencio entre ellos, aunque ese silencio era cualquier cosa menos tranquilo. Había una batalla invisible en el aire, un enfrentamiento de voluntades que se sentía tan tangible como el calor de la chimenea. Viviana levantó la vista hacia Leonid. Su figura parecía más grande que nunca, su presencia tan imponente que la habitación misma parecía demasiado pequeña para contenerlo. Había algo en él que le provocaba una mezcla de miedo y deseo. Su posesividad, esa constante necesidad de controlarlo todo, la hacía sentir prisionera... pero al mismo tiempo, había una parte de ella que se sentía protegida, incluso adorada, bajo su mirada inquebrantable. —¿Qué vas a hacer conmigo? —preguntó, su voz apenas un susurro. Leonid se inclinó hacia ella, apo

