Huida en la Penumbra La oscuridad de la noche los envolvía mientras el auto avanzaba a toda velocidad por la carretera desierta. Leonid mantenía sus manos firmes en el volante, sus ojos escaneando constantemente los alrededores, mientras Viviana, sentada a su lado, trataba de recuperar el aliento después de la frenética huida. El bosque que los rodeaba parecía interminable, las sombras de los árboles proyectándose en la carretera como si intentaran atraparlos. Viviana miraba por el retrovisor con ansiedad, esperando ver las luces de otro vehículo persiguiéndolos, pero la noche permanecía tranquila, al menos por ahora. —No podemos seguir así —dijo ella finalmente, rompiendo el silencio, su voz temblorosa pero decidida—. Necesitamos un plan, Leonid. No podemos seguir huyendo para siempre.

