Golpes en la Oscuridad El golpe en la puerta resonó nuevamente, más fuerte esta vez, rompiendo la quietud de la cabaña. Viviana contuvo la respiración mientras veía a Leonid caminar con pasos lentos pero decididos hacia la entrada. Su figura corpulenta proyectaba una sombra imponente contra la tenue luz que entraba por las ventanas, y su aura, mezcla de peligro y control, parecía llenar cada rincón. Cuando Leonid alcanzó la puerta, sacó un cuchillo que llevaba oculto en la cintura, sus músculos tensos y listos para cualquier enfrentamiento. Sin embargo, no abrió de inmediato. En lugar de eso, pegó la oreja a la madera, escuchando con atención. Viviana, desde el otro extremo de la habitación, sintió que cada segundo se estiraba como un hilo a punto de romperse. Su corazón latía con fuerz

