Lazos Irrompibles La cabaña se había convertido en un refugio temporal, pero para Viviana se sentía más como una prisión envuelta en un velo de seducción. La intensidad de Leonid la mantenía en un constante vaivén emocional: un momento la hacía sentir protegida, y al siguiente, atrapada. A pesar de sus contradicciones internas, no podía negar la fuerza magnética que los unía. Sin embargo, una parte de ella se preguntaba cuánto tiempo más podría resistir en aquel juego de amor y control. Leonid, ahora completamente despierto, estaba sentado en una de las sillas de la pequeña cocina de madera, observándola con esa mirada penetrante que parecía leer sus pensamientos. Había algo peligroso en él, algo que hacía que el aire en la habitación se volviera más pesado cuando estaba presente. En ese

