Entre la Obsesión y el Destino Viviana se despertó lentamente, sus sentidos volviendo a la realidad mientras los primeros rayos de sol iluminaban la cabaña. A su lado, Leonid dormía, su rostro relajado pero aún marcado por esa dureza implacable que nunca desaparecía del todo. Verlo así, vulnerable y a la vez imponente, le provocaba una mezcla de sensaciones. Sabía que estaba jugando con fuego, que su vínculo con él era tan peligroso como la llama que no deja de quemar. Se movió con cuidado para no despertarlo y se levantó de la cama. Sintió el aire frío de la mañana mientras se envolvía en una manta y miraba por la ventana hacia el bosque, que parecía tan oscuro y misterioso como el hombre que estaba en esa cama. Leonid había sido una sombra en su vida, una figura enigmática que la había

