Atrapados en la Oscuridad La cabaña estaba inmersa en un silencio perturbador, roto únicamente por el crujir de la madera bajo sus pies. Viviana no podía apartar la mirada de Leonid. Su figura corpulenta y su presencia dominante llenaban cada rincón, como si la cabaña misma se moldeara a su alrededor. Él, aún enmascarado, sostenía el cuchillo entre sus dedos con la misma familiaridad con la que alguien sostendría una copa de vino. —No me mires así —gruñó, acercándose a ella con pasos pesados. Su voz resonó como un trueno contenido, profunda y amenazante. —¿Cómo quieres que te mire? —susurró ella, su voz temblorosa, pero sin perder el tono desafiante que siempre encontraba cuando estaba frente a él. Aunque su corazón latía desbocado, no iba a permitir que él supiera cuánto poder te

