La Tormenta Interior El amanecer llegó lentamente, filtrándose a través de las grietas de la cabaña. Viviana fue la primera en despertar, su cuerpo aún relajado por la intensidad de la noche anterior. Abrió los ojos y lo encontró allí, todavía dormido, con el brazo protectoramente rodeándola. Su rostro parecía más tranquilo, casi vulnerable, a diferencia de la constante tensión que siempre cargaba. Por un momento, se permitió observarlo. Las cicatrices en su rostro contaban historias que él aún no le había revelado, pero lejos de asustarla, le hacían admirarlo más. Leonid era un hombre que había cargado con un pasado que apenas comenzaba a mostrarle, y sin embargo, seguía siendo su refugio. Decidió no despertarlo y se levantó con cuidado, buscando algo de ropa para cubrirse. Sus pasos f

